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Andalucía

El 'narcozulo' de Marbella y el arsenal de armas de guerra desbordan los medios de la Policía

Una operación contra el narcotráfico revela el salto logístico y la creciente violencia de las redes en la costa andaluza

El ‘narcozulo’ de Marbella y el arsenal de armas de guerra desbordan los medios de la Policía

Zulo subterráneo hallado en Marbella. | Policía Nacional

La localización de un escondite subterráneo con más de una tonelada de cocaína en una playa de Marbella ha puesto de manifiesto una realidad que desde hace tiempo preocupa dentro de los cuerpos policiales: el narcotráfico en el sur de España no solo mantiene su actividad, sino que cada vez opera con mayor capacidad logística, más armamento y un nivel de violencia creciente.

La operación, bautizada como «Wolf» («lobo» en inglés), permitió a la Policía Nacional detener a cuatro personas en el entorno del bosque de Ricmar, en el distrito de Las Chapas, y descubrir un zulo excavado bajo tierra en el que se ocultaban 30 fardos de cocaína con un peso total de 1.056 kilos. Más allá del hallazgo, la investigación deja al descubierto la dimensión que están alcanzando algunas redes criminales asentadas en la costa andaluza.

Los agentes se toparon con un grupo armado que llegó a disparar contra los policías durante la intervención. Por otra parte, en otra operación relacionada, se intervinieron armas largas consideradas de guerra —entre ellas un fusil AK-47, un fusil de asalto AR-15 y un subfusil tipo UZI— además de tres pistolas, según la información proporcionada por la Policía Nacional.

Un escondite bajo tierra junto al mar

El narcozulo se encontraba en una zona arbolada próxima a la playa del Real de Zaragoza. Según ha podido conocer THE OBJECTIVE, el escondite estaba excavado bajo tierra y oculto entre la vegetación, de forma que pasaba prácticamente desapercibido desde el exterior.

Una grúa colabora en el acceso al túnel
Una grúa colabora en el acceso al túnel. | Policía Nacional

En su interior, los agentes encontraron 30 fardos de arpillera con cocaína. El lugar contaba además con una cámara de videovigilancia que controlaba el camino de acceso y con inhibidores de frecuencia, lo que revela el nivel de preparación con el que operaba el grupo.

La investigación se activó cuando los policías detectaron movimientos sospechosos en la zona costera. Durante el dispositivo de vigilancia, los agentes observaron un vehículo de alta gama que realizó maniobras durante cerca de una hora por el entorno, aparentemente para comprobar si había presencia policial en la zona.

Cuando los agentes se adentraron en el bosque de Ricmar, presenciaron una escena que terminó precipitando la intervención: varios individuos golpeaban a otro hombre mientras dos de ellos portaban subfusiles y chalecos policiales. Los investigadores interpretaron que se trataba de un «vuelco», el término que utilizan para describir los robos de droga entre organizaciones criminales rivales.

Armas incautadas por la Policía Nacional
Armas incautadas por la Policía Nacional.

A partir de ese momento se inició una persecución a pie. Durante la huida, los sospechosos llegaron a efectuar varias ráfagas de disparos contra los agentes antes de ser finalmente detenidos. Ningún policía resultó herido.

Un arsenal para custodiar la droga

El operativo en Marbella coincidió con otra intervención policial que tuvo lugar en Algeciras, donde los investigadores localizaron un vehículo con un depósito de armas destinado, presuntamente, a proteger guarderías de droga.

En el interior del coche, los agentes encontraron 25 armas de fuego: 19 fusiles AK-47 del calibre 7,62 y seis pistolas de nueve milímetros. Un hombre fue detenido por su presunta implicación en los hechos.

La incautación de este arsenal da una idea del nivel de armamento que manejan algunas organizaciones dedicadas al tráfico de estupefacientes en el sur peninsular, según los agentes. El comisario de la Brigada Central de Estupefacientes explicó a los medios que en los últimos seis meses se han intervenido más de 50 armas largas en operaciones contra el narcotráfico.

Muchas de ellas, apuntan los investigadores, llegan a España por vía terrestre y en algunos casos proceden de mercados vinculados al conflicto en Ucrania, lo que complica su trazabilidad y facilita que acaben en manos de redes criminales.

Presión creciente

La combinación de infraestructuras cada vez más sofisticadas —como el narcozulo descubierto en Marbella— y el acceso a armamento de guerra está obligando a reforzar los protocolos de seguridad en los operativos policiales contra el narcotráfico.

Los propios responsables de las unidades antidroga reconocen que el escenario ha cambiado en los últimos años. El uso de rifles de asalto o subfusiles es cada vez más frecuente. Las organizaciones no dudan en utilizarlos cuando intentan proteger la mercancía, y esa nueva realidad provoca tensión entre los agentes, que a veces se encuentran sin suficientes recursos para hacer frente a este nuevo escenario.

Varios episodios recientes han evidenciado ese aumento de la violencia. Uno de los más graves se produjo en Isla Mayor (Sevilla), donde un agente resultó herido de gravedad por arma de fuego durante una operación contra narcotraficantes. Lejos de ser hechos aislados, estos episodios reflejan una escalada de violencia que preocupa dentro de las unidades policiales.

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