Camps destapa cargos irregulares en la tarjeta de combustible asociada a su coche oficial
La documentación revela dobles repostajes en un mismo día y operaciones que exceden los límites del vehículo

Francisco Camps, durante una comparecencia de prensa | Rober Solsona / Europa Press
El expresidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps, ha solicitado la apertura de una investigación tras detectar cargos de combustible que no encajan con el uso real de su coche oficial, según la documentación remitida por la administración autonómica y a la que ha tenido acceso THE OBJECTIVE.
La revisión de esos datos, iniciada después de que el pasado lunes Compromís denunciara un gasto de 15.000 euros en gasolina en 2025, ha permitido identificar una serie de anomalías que, en palabras del propio Camps, «no tienen ningún sentido».
La primera de ellas tiene que ver con la capacidad del vehículo. «El coche oficial tiene un depósito de 54 litros porque es híbrido. Por lo tanto, es obvio que no pueden corresponder a ese coche repostajes de 60 o 70 litros», explica el expresident. En la relación de cargos figuran operaciones que superan ese volumen, lo que, a su juicio, invalida directamente su vinculación con el vehículo asignado.
A esto se suma la frecuencia de algunos repostajes. Según los datos analizados, hay jornadas con dos cargas en un mismo día, una por la mañana y otra por la tarde. «Hay días en los que aparecen dos repostajes de 60 euros, pero eso no responde al uso real del coche», señala.
El propio Camps subraya que el cálculo global tampoco encaja. «El número de euros facturados obligaría al coche a estar todos los días del año, domingos y festivos incluidos, haciendo 300 kilómetros diarios», afirma. Un ritmo que describe como «absurdo» y que, en términos prácticos, implicaría recorrer cada día una distancia equivalente a un trayecto de ida y vuelta entre Valencia y Benidorm sin parar los siete días a las semana los 365 días al año.
Ese volumen de uso no se corresponde, según su versión, con la utilización real del vehículo. «El coche no se usa todos los días. Hay periodos en los que está parado, como agosto, Navidad o fines de semana», añade.
Las dudas no se limitan al volumen o la frecuencia. Camps asegura que también se han detectado cargos en fechas en las que no se encontraba en Valencia. «Hay repostajes en días en los que yo estaba fuera de España, incluso fuera del continente», afirma.
Tras detectar estas inconsistencias, el expresidente asegura que fue su propio equipo quien pidió explicaciones. «La oficina del presidente Camps ha exigido la apertura de una investigación sobre los hechos que hemos detectado nosotros», señala. Según explica, la documentación fue remitida por la Generalitat y revisada internamente tras conocerse la cifra difundida públicamente.
En este punto, Camps introduce otro elemento relevante: el control de los gastos. «Yo no valido ni firmo esos gastos. Eso no pasa por mi oficina. Va directamente a Presidencia de la Generalitat», afirma. Es decir, la gestión y supervisión de los cargos correspondería a la administración autonómica.
El jefe autonómico también apunta a posibles fallos en el sistema de control del uso de las tarjetas de combustible. Según explica, el pago de la tarjeta va asociado a la matrícula del vehículo, pero «me he enterado de que en la gasolinera no se coteja la tarjeta con el coche», señala, lo que, a su juicio, abre la puerta a usos indebidos si no existen mecanismos de verificación.
Otra de las inconsistencias que destaca es la comparación con otros vehículos oficiales. «No se compadece el gasto en gasolina con las dietas del conductor», afirma. Según explica, hay casos de conductores de otros expresidentes con más desplazamientos fuera de Valencia y, sin embargo, con menor consumo de combustible. «El mío tiene más gasolina y menos dietas. No tiene sentido», concluye.
El origen de la polémica se sitúa en la información facilitada por la Generalitat Valenciana a Compromís, que cifraba en unos 15.000 euros el gasto anual vinculado al vehículo del expresidente popular. Sin embargo, la revisión de esa misma documentación ha abierto un nuevo escenario: no solo se cuestiona la interpretación del dato, sino también la validez de algunos de los cargos incluidos en ese cálculo.
A la espera de una aclaración oficial, el caso introduce un cambio de foco. Ya no se trata únicamente de si el gasto es elevado, sino de determinar quién y con qué finalidad ha utilizado la tarjeta de combustible que realmente está asociada con el coche oficial de Francisco Camps. Porque, como resume el propio Camps, «si el depósito no admite esa cantidad de litros y aparecen cargos así, es evidente que algo no está bien».
