Vox es ya la segunda fuerza por delante del PSOE en Almería, Málaga, Murcia y Alicante
Los sondeos le aproximan también a los socialistas en Granada, Cádiz, Baleares y en provincias de las dos Castillas

Santiago Abascal en un mitin de Vox en Almendralejo (Badajoz) durante el cierre de campaña de las pasadas elecciones en Extremadura. | Europa Press
El lunes 16 el CIS publicó su barómetro de febrero, cuyo trabajo de campo se realizó entre el 2 y el 5. Se tomó una semana larga para codificar y hacer las tablas. Las elecciones de Aragón fueron el 8. El barómetro de febrero quedó, pues, como pescado pasado, al no contemplar la resaca de estas elecciones. Baste decir que, según nuestras estimaciones —no las del CIS—, a comienzos de febrero se mantenía el panorama de enero. Es llamativo que el accidente de Adamuz no haya afectado a la intención de voto, como hicieron en su día la riada en Valencia, el apagón o los incendios.
Más allá de las encuestas, hay un clima de fin de época: conciencia de deterioro de los servicios públicos e infraestructuras, pedrea de casos de corrupción y acoso sexual y laboral en las Administraciones sin que los partidos hagan nada; evidencia de que las reformas que se deben hacer se postergan por falta de ideas o porque nadie asume la responsabilidad, sensación de que España se aleja de los centros de decisión de la UE y la OTAN y, al hilo, resurrección de los discursos aislacionistas de los ochenta; dudas sobre el nivel profesional y criterios de selección de los políticos (el caso pocholos será erosivo para Ayuso, que agota la tolerancia a su fresca frivolidad), debate político volcado hacia el pasado (la resurrección del 22-F) y así sucesivamente. Ahora el 23-F —de lo que se sabe todo— sumergirá el debate en el entretenimiento. Todo es inverosímil: Vox se aplica la máxima de Lenin: «El partido se fortalece depurándose», la izquierda rechaza la prohibición del burka por respeto a la libertad de las mujeres (y alergia a Vox)…
1. «Yo y el tiempo, contra todos», frase atribuida a Felipe II, pero que podría ser de Sánchez.
Ciñéndonos a la estimación de voto, se consolida la perspectiva de una mayoría PP+Vox. Vox al alza, mientras que el PP no sale de su electorado cristalizado alrededor del 22% del censo electoral, por debajo de su resultado en 2023. El PP pierde apoyos en dirección a Vox desde 2024, sin encontrar remedio. Como vimos en enero, Vox ya capta apoyos en los sectores templados del centro derecha.
Las tendencias que muestra el gráfico recorren el país, y están en los resultados de Extremadura y Aragón. Castilla y León será igual. El PP retrocederá un poco, dejándose algún escaño, paliado con el escaño que abandonó Ciudadanos; el PSOE sufrirá algún descenso, aunque en esta comunidad está muy débil, casi en su suelo, y crecerá Vox, no mucho por el recuerdo de su desvarío al pasar por el gobierno regional. Se repetirá el escenario que obligará al PP «a invitar a Vox» a acceder al Gobierno, exactamente lo que Sánchez aguarda. También Abascal: las negociaciones serán largas y tensas, Vox sabe que va al alza y puede arriesgar a agotar los plazos, incluso, a repetir las elecciones.

Nuestra estimación de escaños en febrero apenas varía respecto a enero, pero Vox se acerca a 70 escaños. Es relevante el descenso paulatino de Junts. Decididamente, no saben qué hacer con Aliança Catalana.

Son interesantes los efectos de la aproximación del número de votos de Vox al PSOE. En el sureste (Almería, Málaga, Murcia, Alicante) se convertirá en segunda fuerza, y se acerca mucho al PSOE en Granada, Cádiz, Baleares, varias provincias de Castilla y León y Castilla La Mancha, Castellón y Valencia. En casi todas estas provincias ganará escaño. No es descartable que Se Acabó la fiesta obtenga un diputado en Madrid.
Con este panorama, Sánchez necesita tiempo, ya sea para que surja lo inesperado o para conseguir que su “nuevo discurso” active apoyos en la izquierda, pulsando teclas emocionales contra la derecha global (regulación de las redes sociales contra los tecnoligarcas, contra el incremento del presupuesto de defensa de la OTAN: «el rearme nuclear no es la senda a seguir», apariciones en Tik Tok…) y el capitalismo (los empresarios que ganan demasiado y deberían pagar más impuestos, la inflación como «trituradora de salarios», un ¿fondo soberano? para vivienda, «los poderes privados que hurtan a los ciudadanos su proyecto vital»…, mensajes en la jornada Desigualdad es hora de actuar, organizada por Presidencia, 19 de febrero). Su público objetivo es la gran bolsa de abstención de antiguos votantes del PSOE y de Sumar: «Trabajaremos para que se movilicen cuando lleguen las elecciones generales» (Sánchez, Nueva Delhi, 16 de febrero). Las autonómicas y municipales son secundarias para él, el PSOE no da señales de vida. Estas bolsas se tratan de representar en gris en el gráfico siguiente, que refleja el lento crecimiento, casi geológico, del centro derecha.

Este discurso se despliega en viajes, buscando una escenografía global. Implica que solo elevando la tensión y el punto de mira del discurso será posible reactivar a tales votantes. Tiene algo de fascinante este discurso global, en el que Sánchez se trastoca en San Jorge contra el dragón. De momento, no impresiona a los líderes europeos: en Múnich España quedó al margen. Stoltenberg, ex secretario general de la OTAN, dejó caer la idea de que el presupuesto en defensa que pretende España es visto como una deslealtad en los países del norte y este de Europa que se sienten amenazados por Rusia. No le hizo falta recordar que España puede tener problemas en el Sur, y lo conveniente de tener aliados. Tampoco se detecta un plan para que la economía española mejore en productividad; se postergan reformas que deberían se inaplazables y ha cristalizado la idea de que las infraestructuras están cerca del agotamiento, en un debate desencadenado por el accidente de Adamuz. La política económica se centra en acomodar la financiación de Cataluña.
La situación evoca una frase recurrente de Felipe González: «Si los intereses del país son diferentes a los del partido, tenemos un problema». Su anuncio de que no votará PSOE con Sánchez se basa en esta piedra de toque.
En la estrategia que se entrevé subyace la confianza en que «el PP se va meter en un problema enorme con Vox»: es decir, esperar, agitar el espantapájaros de la «extrema derecha» aprovechar los errores del PP. Ejemplos recientes: edificio de VPO entre amigos en Alicante, pocholos controlando la consejería de Educación en Madrid, repetición del caso Nevenka en Móstoles; error en la línea de ataque en el caso DAO de la Policía Nacional, acusando a Marlaska de encubrimiento en vez de fijar la idea, más fácil (y real) de que no se entera de lo que ocurre en el despacho de al lado, hay cosas que no puede ignorar el ministro del Interior, y eso implica que es un mal ministro del ramo, etc. La relación, entresacada de estos días, muestra que el PP comete errores frecuentemente y sus administraciones van sin control. Esto, sumado a sus campañas electorales insulsas, da solidez a las expectativas de Moncloa.
En la misma clave, el apoyo a la reactivación (enésima) de la izquierda radical en cualquiera de sus formas, siquiera sea destinando horas incontables a sus movimientos en TVE (y La Sexta). Son los mismos personajes de hace tres años, diciendo lo mismo, con el añadido de Rufián y criaturas producidas por las televisiones. ¿Qué hicieron estos tres años?
La situación de Sánchez recuerda la del mercader de Bagdad que fue llevado ante el califa por hacer trampas con los pesos. De inmediato, el califa lo condenó, pero el mercader replicó: «Califa, te equivocas yo puedo hacer que seas el soberano más famoso de todos los tiempos, puedo hacer que tu caballo hable». «Eso es imposible», replicó el califa, perplejo. «Bueno, si me das un año, puedo hacer que tu caballo hable». «Está bien, tienes un año». Llevándolo a las cuadras, los guardias le preguntaron: «¿Puedes hacer que hable?», «Bueno, en un año, puede morir el caballo, puedo morir yo y puede hablar el caballo». Aquí son dieciocho meses, hasta octubre de 2027, porque los plazos se agotarán hasta el extremo.
Mientras, el fiasco de la idea del PP de arrastrar a Sánchez a varias derrotas sucesivas se ha saldado con la necesidad de negociar el acceso a Vox a los gobiernos de Extremadura, Aragón (y Castilla y León). El enemigo secundario deviene en principal y socio imprescindible. El PP estará entretenido varias semanas.
2. La Constitución
A veces, la sociología es la constatación empírica de lo conocido, pero permite poner números a lo que se sabe.
Coincidiendo con la extraña celebración de la Constitución «más longeva», que pilló a trasmano a todo el mundo menos al CIS que, con presciencia, incluyó en su cuestionario varias preguntas, la conclusión global es que está muy desgastada también para la opinión pública, pero no hay elementos comunes para cualquier reforma. Todo tendría más rechazos que apoyos. Este es el resultado de más de dos décadas forzándola.
La opinión sobre la Constitución ha empeorado sobre todo entre los votantes de Vox (67%) y los independentistas catalanes (69,5% entre los de ERC y 65,3% entre los de Junts). El descontento es más moderado entre los del PP (46,1%), los nacionalistas vascos (42,0% Bildu; 37,8 PNV) y gallegos (47,5%), los de Sumar (39,.9%) y del PSOE (34,2%). Los votantes de todos los partidos reconocen que ha contribuido a la prosperidad, al desarrollo de los derechos sociales y a la valoración internacional de España, pero eso no impide que más de la mitad de los votantes de todos los partidos tengan poca o ninguna confianza en que pueda ayudar a resolver los problemas actuales.
El problema aparece cuando se pregunta qué habría que reformar. Aun con el esquematismo propio de un cuestionario al que se ha aplicado poca imaginación, se transparentan más desacuerdos que acuerdos. Ampliar los derechos sociales, económicos y laborales sería prioritario para los votantes de izquierda, Sumar (y Podemos), PSOE, además de BNG y Bildu. Más del 20% de votantes de Sumar y los partidos independentistas (menos PNV) declara que habría que decidir sobre monarquía o república, tema rechazado por los del PP y Vox. Obviamente, el tema territorial es prioritario para los votantes de los partidos independentistas. También para casi el 10% de los del PP y Vox, pero en sentido inverso. Unos pretenderían explorar desconocidos parajes del derecho a la autodeterminación (o a decidir) y mecanismos confederales y otros querrían recentralizar el Estado. El sistema electoral surge en el repertorio de reformas pendientes de los votantes del PP y de Vox (y de UPN), para reducir la presencia de partidos nacionalistas.
La política en las dos últimas décadas ha llevado al desgaste de los mecanismos institucionales y la propia Constitución, desanudando los acuerdos de hace casi medio siglo. A cambio, emergen una serie de cuestiones litigiosas para las que no hay espacios intermedios, que fue lo que permitió dar salida al acuerdo de 1978. Desgastado este, queda renquear con los desacuerdos parciales.
