Vox intenta acelerar los pactos autonómicos para apuntalar las elecciones en Andalucía
Los de Abascal temen penalizaciones del electorado andaluz si no alcanzan acuerdos en otras comunidades autónomas

Santiago Abascal y Manuel Gavira | Jesus Merida / Zuma Press / Europa Press
Vox arranca la precampaña para las elecciones en Andalucía con la vista puesta en las negociaciones para la conformación de gobiernos regionales en Castilla y León, Extremadura y Aragón. Sus negociadores intentan hacer equilibrios entre lograr sus reivindicaciones autonómicas —sin ser fagocitados por el PP— y a la vez despegarse de una imagen de bloqueo que podría haber afectado a la intención de voto para la formación.
Desde el partido conservador se aferran a las expectativas de las negociaciones y prometen avances. Este viernes, el secretario general de Vox, Ignacio Garriga, aseguraba en una entrevista en Radio Nacional que las negociaciones sobre los Gobiernos autonómicos avanzan con mayor velocidad en los últimos días, confiando en cerrar pronto pactos en cada territorio. «Ganas tenemos y muchas», señaló, insistiendo en que espera llegar a acuerdos «mejor mañana que pasado».
En Vox son conscientes del desgaste que puede suponer una parálisis y la consiguiente repetición electoral en comunidades donde tienen una fuerza real y tangible, e insisten en achacar este bloqueo a Génova a la vez que muestran otro tono bien distinto con los barones territoriales del PP. En este sentido, Garriga agradecía la «buena interlocución» que están teniendo con los barones regionales del PP, agradeciendo su trabajo, «perseverancia y disciplina» para intentar llegar a un acuerdo detallado.
Ganar el relato
De este modo, numerosos analistas coinciden en que la resolución de estos acuerdos será clave para las aspiraciones de Manuel Gavira a la Junta de Andalucía. Según el último CIS, la intención directa de voto de Vox en Andalucía es del 8,8%, muy por debajo de la registrada en las recientes autonómicas de Extremadura, Aragón y Castilla y León. Aunque desde la formación conservadora restan cualquier credibilidad a los sondeos —especialmente a los cocinados por Tezanos—, lo cierto es que, con cocina o sin ella, los números están muy alejados de las cifras de voto cercanas al 20% logradas en comunidades como Castilla y León.
Desde la formación conservadora, en cualquier caso, insisten en la prudencia con las predicciones y se alejan de cualquier encuesta. Esta semana, el portavoz nacional de Vox, José Antonio Fúster, se mostró contrario a generar expectativas preelectorales que pudieran ser interpretadas de manera torticera, zanjando que confiaba en un resultado que supusiera «más Vox» en Andalucía. En este sentido, Fúster se aferraba «no a las encuestas, sino a las tendencias» para mostrar su optimismo de cara a la confrontación electoral.
De ahí la importancia no sólo de llegar a acuerdos, sino de salir «victoriosos» de ellos para reforzar esas tendencias. Para Vox es muy importante que el Partido Popular no gane el relato de las negociaciones ni de los acuerdos, si los hubiera. «Los españoles se darán cuenta de que cuando el PP hablaba de bloqueo era mentira, sino que Vox estaba haciendo una negociación compleja, pero para mejorar las cosas de verdad», señalaba Garriga dejando patente ese interés en ganar ese relato.
Las bazas frente a la mayoría del PP
En cuanto a los puntos fuertes y débiles de la candidatura de Gavira, los analistas consultados por THE OBJECTIVE coinciden en dos grandes fortalezas de Vox: la defensa del sector agrario —Andalucía aporta cerca del 38% del valor añadido bruto del sector agrario nacional— y la posición contra la inmigración ilegal, que golpea especialmente determinadas provincias andaluzas como Almería y es uno de los asuntos que Vox intenta abanderar en la región, aprovechando los titulares que dejan recientes sucesos violentos como el ocurrido en la localidad granadina de Montefrío.
En este sentido, el discurso de la inmigración se extenderá en la precampaña y campaña andaluzas. Este mismo jueves, durante la presentación de candidatos, el propio Santiago Abascal criticó lo que definió como reivindicación del PP a «la patria islamista de Blas Infante», contraponiendo a Vox como defensores de «la Andalucía de Fernando III el Santo y de los Reyes Católicos de la Reconquista».
En cuanto las debilidades, analistas consultados por este periódico señalan que la de Andalucía es una cita electoral que incluye la presión de resultar clave para determinar el futuro de Vox. «Castilla y León dio un primer aviso de que la tendencia de Vox podría estar cambiando. Aunque logró su nivel más alto en unas autonómicas en España, el hecho de no alcanzar sus expectativas de superar el 20% parecía un primer síntoma de un nuevo escenario para los de Abascal».
Explican este descenso en los sondeos, por una parte, ante las dudas por la falta de acuerdo para formar gobierno en otras comunidades. «Si Vox se convierte en el desestabilizador dentro de la derecha, probablemente le penalizará. A ello hay que añadir que los problemas internos introducen ruido en la percepción del partido», añaden.
Más allá de posibles penalizaciones del electorado, en esta ocasión Vox lucha contra otros factores. Fuentes internas apuntan a que uno de ellos es la mayoría absoluta de Moreno Bonilla en Andalucía, con un control institucional que «no ha permitido que seamos tan visibles como en 2019», cuando su firma fue imprescindible para consolidar el primer Gobierno popular en la historia de la comunidad, con la concurrencia de Ciudadanos. En este sentido, el propio Santiago Abascal insistió este jueves, durante la presentación de candidatos en Andalucía, en la necesidad de neutralizar esa ventaja de Bonilla: «Si queréis que las cosas cambien de verdad, no nos dejéis con una fuerza pequeña, no le deis una mayoría absoluta al PP», reclamó el líder de la formación conservadora.
Otro factor, relacionado con el anterior, responde, según los analistas consultados, a un afán estabilizador del votante en momentos de zozobra y la fuerza real de la alternancia bipartidista. Recuerdan más de 40 años ininterrumpidos de Gobiernos del PSOE en Andalucía y un liderazgo popular que ya va camino de cumplir ocho años. «Son muros difíciles de derribar, pero eso decían de Extremadura o de la propia Andalucía en 2018», sentencian algunas fuentes más optimistas de la formación conservadora.
