Apagando fuegos
Ya era hora de que el gobierno tome medidas contra esos sinvergüenzas que hacen de España un lugar peor. No, no me refiero a los estafadores, ni a los corruptos, me refiero a los twitteros.
Ya era hora de que el gobierno tome medidas contra esos sinvergüenzas que hacen de España un lugar peor. No, no me refiero a los estafadores, ni a los corruptos, me refiero a los twitteros.

Todos sabemos que las redes sociales se han convertido en un importante medidor de egos; vemos cómo los sufridos Community Managers hacen lo que sea para ganar seguidores y generar Trending Topics, algunos rozando hasta el ridículo.


Una vez al año, por Semana Santa, vemos como hombres y mujeres se tapan el rostro y recorren las calles resguardando su intimidad tras el disfraz de nazareno por motivos religiosos.


Basta un tuit o un vídeo en Youtube para que millones de personas se enteren de la última estafa, de un nuevo apaño o de las conspiraciones siniestras de los que mandan.

El senador demócrata de Virginia, Mark Warner, considera que Justin Bieber es “una mala influencia” para los jóvenes y apoya que sea deportado.








Para tener en nuestras manos cosas sofisticadísimas como un iPhone o una televisión de plasma necesitamos algo tan humilde como cajas de un mismo tamaño. Y barcos, claro. Muchísimos barcos

Dicen que las parejas ahora aguantamos menos porque no somos tan resignados como nuestros padres. Mentira. Es por Internet. Ya lo dice el refrán, “Ojos que no ven, corazón que no siente”, y ahora lo vemos todo.

Nos sentimos tan cómodos con esta nueva forma de escritura, que aunque seguimos leyendo los viejos géneros, éstos nos empiezan a parecer ya un poco farragosos

Poco me parece demandar una disculpa pública a un hombre que, por lo visto en esa charla, no está capacitado ni para presidir su comunidad de vecinos

Te despistas un poco y acabas discutiendo con algún usuario de Twitter tan seguro de sus ideas que en vez de foto de perfil sigue dejando el huevo de los cobardes
Hay poca gente que no recuerde la salida de Facebook a la bolsa como un gran fracaso. Pero, ¿realmente lo fue?