
Amar y odiar los gimnasios
Bajo un entrechocar de metales los atletas se preparan para librar la más justa de entre las justas, la de su propio rendimiento.

Bajo un entrechocar de metales los atletas se preparan para librar la más justa de entre las justas, la de su propio rendimiento.

La globalización nos afecta a todos, se percibe en los productos que compramos en el súper, en el número de turistas e inmigrantes que pasean por las calles, en las tendencias sociales, las empresas para las que trabajamos, los idiomas que hablamos e incluso en las series que vemos. Sin embargo, la opinión de que la apertura a otros países y mercados solo traería prosperidad y riqueza ha quedado eclipsada por la desigualdad salarial, el desempleo, el daño medioambiental de una sociedad consumista y la deslocalización de la mano de obra, como demostraron las manifestaciones durante el G20. La globalización, al igual que el desarrollo, es inevitable, por eso, cabe preguntarse si el equilibrio entre las demandas del mercado y el Estado de bienestar es posible, si realmente la globalización puede deshacerse de su cara más oscura.

Es poco probable que los partidos políticos, enfrascados en sus batallas internas y en sus guerras cruzadas, preocupados por cómo dar el golpe de efecto mediático que les procure una foto atractiva y atrayente y mejoras en las encuestas, absorbidos por el corto plazo y distantes del largo, dediquen el tiempo necesario y la atención que requieren los grandes asuntos de nuestro tiempo. Nuestra obligación es recordárselos y, si siguen ignorándolos, habilitar los instrumentos precisos para condicionarlos o sustituirlos.

Hacerse adulto siempre supone problemas y quebraderos de cabeza. Independizarse, buscar trabajo, organizar las finanzas, la casa, los planes de futuro… son situaciones que nos generan numerosas dudas, aunque a veces nos dé vergüenza reconocerlo. Crecer implica tomar decisiones complicadas y pensar en cosas que antes ni siquiera se nos pasaban por la cabeza, pero también tiene que ver con tener que hacer cosas por nosotros mismos que antes hacían nuestros padres y que nunca nos hemos molestado en aprender.

Sabemos que están de moda, en todas las televisiones, en todos los restaurantes. Y, sin embargo, a menudo es difícil acotar el territorio que define qué es un ‘superalimento’ y qué no lo es. En un sentido estricto, se trata de un alimento con un alto valor nutritivo por su nivel de proteínas, vitaminas o antioxidantes. Algunos de los productos que componen esta lista son bien conocidos por tradicionales, por estar desde siempre en nuestra dieta mediterránea. No obstante, incorporamos otros que no son tan comunes, que no están en todos los supermercados, pero que los dietistas no dudan en recomendar por sus beneficios para la salud.

Los resultados, publicados en la revista Diabetes, demuestran que la ausencia de actividad física y la nutrición balanceada aceleran la aparición de la senescencia celular y, por lo tanto, de afecciones relacionadas con el envejecimiento. Según el estudio científico, el ejercicio evita la acumulación prematura de células senescentes (vinculadas al paso de la edad) y protege contra los efectos nocivos de una comida poco saludable, como la deficiencia cardíaca, metabólica y la diabetes.

Cuando el Estado regula el contenido en grasas y azúcares actúa sobre tu mente, grabándote un mensaje destructivo: usted no se preocupe, yo me encargo de todo.