
Agua, cuando ella quiere
Cuando el agua traga, no mira el color. Cuando el fondo reclama a la superficie lo que hará suyo para siempre, no escucha el idioma de los gritos. Cuando el oleaje azota y destruye, no lee la matrícula de las embarcaciones.

Cuando el agua traga, no mira el color. Cuando el fondo reclama a la superficie lo que hará suyo para siempre, no escucha el idioma de los gritos. Cuando el oleaje azota y destruye, no lee la matrícula de las embarcaciones.




Los nadie de Galeano cada día son más. Más nadie y más en número. Más seres humanos que conforman una mayoría de la humanidad. Que no tienen casi nada, y están en vísperas de nada. Y nosotros a lo nuestro, a nuestras cosas. Y no puede ser.






Han llegado en el último año a la frontera sur de Estados Unidos 52.000 niños solos. Sin padres. Al menos esos son los que están encontrados y contabilizados. Las autoridades federales de Estados Unidos esperan otros 60.000 antes de que termine el año.

Muchas veces son los padres los que los animan o conminan al largo viaje. Otras veces se escapan ellos solos, algunos con seis y siete años, muchísimos con ocho, diez o doce, dispuestos a jugarse la vida por un poco de esperanza. Con frecuencia no llegan a ninguna parte.



Había comenzado a escribir sobre la foto del nuevo Rey junto a su familia, abrazado a su padre, la Reina y su madre a cierta distancia, cuando la realidad es al revés. Pensaba aportar una reflexión sobre la Casa Real, pero prefiero escribir sobre el mundo real.



La aparición de unos clavos metálicos anti-indigentes de unos cinco centímetros delante del portal del número 118 de la calle Southwark Bridge, en el sur de Londres, ha desatado el escándalo y la polémica disparando las críticas mundiales en las redes sociales.

La situación era insoportable y el comité de dirección debía tomar una decisión urgente. Por favor, con lo que han invertido para vivir en este edificio, como para tener que soportar esta situación dijo el presidente. Es que es como horroroso.



Por más cuchillas, alambradas, palizas, piedras, zanjas y daño que queramos hacerles, sólo existe una explicación: la fuerza del hambre. Yo si sé lo que hay al otro lado. Yo si sé lo que les espera. Todos lo sabemos.




Imagine que vuelve a ser niño otra vez, como esta chica de la fotografía. Imagine que para usted el mundo se acaba en los arrabales de su pueblo, y que su casa son los brazos de su abuela. La vida no es fácil, pero usted es un niño, así que tampoco sabe pensar en el futuro.





Italia, desesperada tras el último naufragio que ocasionó la muerte de 17 personas (12 mujeres, 3 niños y 2 hombres) procedentes de Eritrea, Pakistán, Somalia y Siria, mientras otras 200 continúan desaparecidas, amenaza con abrir sus fronteras hacia otros países europeos a los inmigrantes ilegales.
La minúscula isla de Lampedusa, paradisíaco lugar de aguas turquesas con los yates aparcados en sus playas cálidas y transparentes, es el escenario continuo desde hace ya años del dantesco acontecimiento de la llegada de una legión de barcos con inmigrantes africanos.



Míralo, ahí lo tienes. Una vez más, con esa mirada perdida y cansada de la vida. Bueno, de su vida. La mirada del miedo, la que muchos de sus compañeros esconden bajo sus telas, un miedo que queda al descubierto por su posición sumisa.


¿Por qué una foto entre millones termina convertida en icono? Lo desconozco, y para ser sincero, prefiero que siga perteneciendo al terreno de lo mágico, como el destino, el azar y el amor.