Sociedad

Asaari Bibang: «Nunca había visto tanto racismo institucional y tanta legitimidad»

La actriz y cómica ha publicado un libro en el que narra su vida de una manera natural, incluso cómica a veces, y nos muestra que el racismo ha estado y sigue estando aquí

por María Hernández Solana

La actriz y cómica Asaari Bibang nació en Guinea hace 36 años. Era la bösubari, «la pequeña de la casa». Con solo seis años, su familia decidió que lo mejor para ella era venir a España con la que desde entonces actuó como su madre, su hermana mayor. Al poco de llegar, ya escuchó a una vecina decir «no me gustan los negros», y quizá ese fuera su primer episodio de racismo pero, desde luego, no ha sido el último.

En su libro Y a pesar de todo, aquí estoy, cuenta algunos de esos episodios de racismo de una manera natural, intercalados en un relato íntimo de su vida, salpicado de humor, que pone al lector en la piel de Asaari y lo ayuda a entender un poco de ese racismo estructural que a menudo ignoramos.

Cuando le pregunto por qué ha decidido abrirse así, contar sus historias más íntimas y exponerse en un libro, dice entre risas que, simplemente, porque tuvo tiempo. Se quita importancia y no se reconoce como activista, a pesar de que en sus actuaciones sobre el escenario el humor y la crítica se fusionan para tratar de concienciar sobre el racismo.

¿Crees que hacen falta más voces de este tipo que cuenten historias personales para visibilizar el racismo?

Siempre he pensado que los testimonios en primera persona son necesarios y que además sirven muchísimo para abrir mentalidades, para cambiar el imaginario colectivo, para ver que no son números, porque uno de los instrumentos que más se utiliza dentro del racismo institucional es la deshumanización. Creo que es muy útil, ya sea desde un libro, desde un baile, desde una canción, desde un poema, desde donde sea, porque hacerlo desde el arte es una muy buena forma de comunicar, de reivindicar y una forma muy buena de denunciar. Al final, a la gente le gusta consumir el arte, pero no le gusta que le coman la cabeza, entonces entiendo que es una muy buena forma de comunicar este tipo de asuntos que están a la orden del día y que a estas alturas ya no tendríamos que estar luchando y tratando.

No eres activista de profesión pero en lo que haces hay activismo, ¿por qué elegiste ese camino?

Yo no me considero activista, yo tengo compañeros, amigos activistas, sé lo que es ser activista y por lo tanto sé que yo no lo soy, porque ellos se implican con toda su alma, con todo su tiempo, muchas veces también con todo su dinero, y yo no estoy en ese punto, sé que yo no he dado tanto como han dado ellos. Pero sí, desde mi arte me gusta aportar lo que puedo, ya que tengo las plataformas y el espacio para hacerlo, me parece un ejercicio de responsabilidad por mi parte, no diré que de obligación, porque cada punto de vista y cada forma de hacerlo a mí me parece legítima, sobre todo teniendo en cuenta que cuando lo haces te expones, y por tanto entiendo perfectamente que haya personas que no se quieran exponer, entiendo perfectamente que haya personas que no quieran que eso sea el eje de su vida.

Pero bueno, yo es que siempre he tenido una perspectiva muy clara de género y una perspectiva muy clara de raza. Obviamente todo eso se nota en todo lo que yo hago y no es a propósito, es una cosa natural, porque yo siempre digo que soy una mujer, soy una mujer negra, y que estas dos cosas son indivisibles de mí, que llevo a cuestas allá donde vaya y que además son dos cosas que atraviesan mi vida de una forma muy clara, muy concisa y muy contundente. Aunque yo quisiera no las podría ignorar, y puestos a no ignorarlas, trabajo desde ahí para poder hacer lo mejor posible.

Asaari Bibang: «Nunca había visto tanto racismo institucional y tanta legitimidad» 1

Foto: Laurent Leger Adame

Empiezas el libro con tu infancia y tu llegada a España y narras algunos episodios de racismo que viviste entonces. ¿Has notado avances en España desde aquel momento?

En un contexto general, social, económico, nunca lo había visto tan mal, sinceramente lo digo, yo nunca había estado tan preocupada por este asunto como ahora. También es verdad que es una cuestión de madurez, que de repente empiezo a tener en cuenta aspectos que antes no tenía en cuenta. También he sido madre y quieras que no, te empiezan a preocupar estas cosas, porque si hay algo que te duele más que tú mismo son tus hijos. La verdad es que nunca había visto un contexto tan feo, tanto racismo institucional, sobre todo, tanta legitimidad desde ese racismo. Creo que, lamentablemente, al dejar entrar todos estos discursos al Congreso de los Diputados, ni más ni menos, los hemos legitimado en la calle y todos esos comportamientos en los que antes por lo menos estábamos de acuerdo en que no se podían tolerar. A mí lo que me preocupa muchísimo es esa legitimación de nuevo de esos comportamientos, de esos discursos, de esas agresiones… Yo hablo en particular, sobre los afrodescendientes, sobre la negritud, pero podríamos extenderlo perfectamente a la homofobia, la transfobia, el antigitanismo…

Sí es cierto que veo que por lo menos se está empezando a dar desde ciertas plataformas, desde ciertos medios, altavoz y espacio para estos discursos, para que se hagan en primera persona. Porque no necesitamos tutelaje de nadie, no necesitamos que nadie cuente nuestras historias ni necesitamos que alguien hable por nosotros, que esto ocurre muchísimo, de repente se hace una mesa redonda sobre afrodescendencia y migración y son todas personas no racializadas hablando desde lo teórico, desde lo pedagógico, desde la especialidad y ninguna persona racializada en las mesas de debate, y cuando está es como testimonio. No perdona, nosotros no nacemos sabiendo hablar de este tema, nosotros aprendemos, nos formamos, nos curtimos, y por lo tanto, tenemos el mismo derecho de sentarnos en una mesa con toda la legitimidad de lo profesional, de la especialidad y de lo pedagógico y por qué no decirlo, que también se nos valore y se nos remunere por ello.

Se tiende a infantilizar a las personas racializadas y a los migrantes, ¿no?

Absolutamente, porque otra cosa que me hace muchísima gracia es que cuando tú cuentas tus experiencias, que muchas veces son experiencias desagradables y dolorosas, es como que de repente te estás victimizando, y una palabra que dicen mucho, resentimiento, por eso se infantiliza un poco este discurso. Y a mí me hace muchísima gracia porque no sabes la fortaleza y la entereza necesaria para plantarte delante de una persona y decirle las cosas como son. Y además con conocimiento, con pedagogía, con serenidad y con calma y muchísimas veces con nobleza y con bondad. He visto pocas cosas tan maduras como coger tu historia, tus vivencias, tus conocimientos, que son dolorosos y que además muchas veces se infligen desde la parte contraria, no a nivel individual pero sí como colectivo hegemónico, y además hacerlo desde la serenidad, desde la calma, desde la no culpabilización, sino desde la necesidad del entendimiento y de llegar a puntos en común para encontrar soluciones. Eso a mí me parece una cosa muy madura, no veo nada más lejos de lo infantil o de la victimización.

Dice Moha Gerehou, que también ha escrito un libro con esta temática recientemente, que no vale con no ser racista, hay que ser antirracista. ¿Por qué?

Porque no ser racista es una acción pasiva, no hace falta que hagas nada para no ser racista. Yo puedo estar en mi casa tranquilamente y decir no soy racista, pero ¿qué estoy aportando, qué estoy cambiando? No estoy cambiando nada. Para cambiar las cosas tienes que estar en una actitud activa. No hace falta hacer grandes cosas, desde el propio entorno personal siempre se pueden hacer cambios y yo sé que de un cambio pequeño se pueden conseguir grandes cosas, yo misma en mi entorno he visto cambios significativos en personas que conozco.

No ser racista es muy cómodo, es demasiado cómodo como para que cambie algo, hay que ser antirracista. Y mucha gente se conforma con no ser racista en lugar de ser antirracista porque para ser antirracista hay que hacer algo y eso es un rollo.

Está claro que el movimiento antirracista lo tienen que liderar las personas racializadas, pero ¿cuál es el papel del resto de la población en esta lucha? 

Siempre lo digo, no es nuestro problema, de las personas racializadas, es el problema de todos, porque en este mundo vivimos todos, tenemos que convivir. El cambio se tiene que obrar desde las personas que ejercen esa violencia y que fueran conscientes de por qué la ejercen y cómo la ejercen, lo que pasa es que claro, como nosotros somos los más interesados en que esto se solvente, lo hemos hecho nuestro y luchamos porque somos los primeros interesados en dejar de padecer esa violencia. Pero obviamente, sin la implicación absoluta y sin condicionantes de las personas que ejercen esa violencia, por razones obvias no vamos a solucionar nada.

Pero hay mucha negación de estos comportamientos, muchísima, y yo lo entiendo, porque duele, porque yo sé que hay gente que tiene todas esas cosas asumidas, interiorizadas desde niños. A nadie le gusta que le digan «esto lo estás haciendo mal’» a nadie le gusta que le enseñen sus miserias, pero para cambiar hay que ver y hay que asumir. Yo he crecido aquí, yo soy española culturalmente hablando, y yo también he recibido e interiorizado todo ese racismo que viene del colegio, yo también he interiorizado ideas racistas respecto a las personas negras, así de sencillo. Si yo lo he interiorizado e iba contra mí, cómo no lo vas a interiorizar tú, si no te va ni te viene. 

María Hernández Solana

De Murcia y madrileña de adopción. Escribo a menudo sobre derechos humanos e inmigración. También estudié Publicidad, pero lo mío es el periodismo. Y los viajes.