Sociedad

Moha Gerehou: «En España todavía no se ha reconocido la existencia del racismo de forma clara»

Moha Gerehou ha decidido dar un paso más en el activismo y publicar un libro en el que habla de sus historias personales, pero también del racismo estructural con cifras, datos y casos que deberían hacer que todos, como poco, reflexionáramos sobre esto

por María Hernández Solana

Es de Huesca pero a menudo, cuando lo dice, la gente duda o le vuelve a preguntar. Es bilingüe pero al principio no quería poner en su currículum que habla soninké porque lo percibía como una «lengua inferior». Como muchos hombres negros, ha tenido que aguantar bromas sobre el tamaño de su pene en diversos entornos. Todo esto, tan personal y a veces doloroso, lo cuenta el periodista y activista Moha Gerehou en su nuevo libro, Qué hace un negro como tú en un sitio como este.

Desde que empezó la carrera de Periodismo, Moha Gerehou fue adentrándose cada vez más en el mundo del activismo antirracista, incluso llegó a presidir la organización SOS Racismo. Ha escrito sobre el tema en numerosas ocasiones y diferentes medios de comunicación y ha dedicado una gran parte de sus últimos años a luchar contra algo que es increíble que siga existiendo en pleno siglo XXI. Ahora, ha decidido dar un paso más y publicar un libro en el que habla de sus historias personales, pero también del racismo estructural con cifras, datos y casos que deberían hacer que todos, como poco, reflexionáramos sobre el porqué de esta situación.

Después de años de activismo, ¿por qué has decidido pasar de los medios de comunicación a lanzar un libro?

Era algo que quería hacer desde hacía años. Yo había crecido con un vacío, sentía que me ocurrían cosas por mi color de piel, por el origen, por la condición musulmana a las que no les encontraba explicación ni les sabía poner palabras. Entonces, durante los años de activismo quería escribir ese libro que me hubiera gustado leer cuando tenía esa edad y me faltaban respuestas. Un poco sale de esa necesidad, de una necesidad propia de tener algunas respuestas a lo que ocurre. Y si yo, con lo que he aprendido en estos años, puedo hacer que otra gente que esté en ese momento, pueda sentirse de esa manera, mucho mejor.

Dices en el libro que el racismo no necesita la verdad. ¿Por qué el antirracismo sí la necesita?

El racismo no necesita la verdad porque vivimos en una estructura en la que el conocimiento que aprendemos, por desgracia, tiene que ver con el racismo, por eso, por ejemplo, grandes bulos del tipo de que los inmigrantes colapsan la sanidad llevan 20, 25, 30 años diciéndose y siguen aquí, y es como cómo puede ser que una mentira tan burda, que se ha desmentido tantas veces desde hace tantos años, se siga repitiendo y siga ahí. Porque no necesita de la verdad, sino que lo que necesita es que hayamos crecido en un conocimiento racista.

Sin embargo, creo que el antirracismo sí necesita la verdad por varios motivos. Uno, porque nuestras experiencias son verdad, son ciertas y son fruto de lo que estamos viviendo. Segundo, porque yo creo que es importante construir desde la honestidad, desde la verdad, desde esa cercanía y desde ese conocimiento que es lo que estamos adquiriendo. Evidentemente, si estamos saliendo de un mundo de odio, de separación y todo eso, no quiero construir un mundo sobre la mentira, quiero que esté construido sobre la verdad y sobre una igualdad, sobre un entendimiento que tiene que tener unas bases sólidas.

Y sin embargo, parece que por muchos datos e historias que se cuenten, sigue sin calar. ¿Por qué? ¿Nos conviene no creer esto?

Yo creo que en España todavía no se ha reconocido la existencia del racismo de una forma muy clara, la sociedad todavía sigue asociando el racismo a una cosa de Estados Unidos o a una cosa relacionada con el apartheid en Sudáfrica o a Adolf Hitler. Es como el estándar de racismo que tienen las personas en la cabeza. Y yo creo que ahora estamos en ese momento en el cual estamos diciendo que es una cuestión estructural, al igual que se dice con el machismo, que es una cuestión que va desde el lenguaje, los piropos agresivos, hasta los asesinatos machistas, entender que el racismo también va desde los comentarios racistas que se puedan hacer en una cena de Navidad en la que está el cuñado hasta las muertes constantes en el Mediterráneo, entender que es una cuestión estructural y que, por lo tanto, merece nuestra atención en todos los niveles.

¿Por qué tenemos esa necesidad de compararnos con otros países?

Yo creo que es un poco para quitarnos un sentimiento de culpa, es como un poco para buscar ese alivio en que estamos mal, pero no estamos tan mal como en otros lados, creo que es un sentimiento muchas veces como muy natural pero creo que aquí no nos tiene que servir. Una unidad de caso de racismo ya es grave, independientemente de que en Estados Unidos haya más o menos o de que en Francia haya más o menos. Yo creo que eso es lo que tenemos que afrontar, dejar de compararnos tanto, de mirar tanto a Estados Unidos y empezar a mirar lo que está pasando aquí. Es muy triste que tenga que pasar un evento como el asesinato de George Floyd en Estados Unidos para que se hable más de racismo en España, pero eso es lo que está ocurriendo y ese paradigma es lo que tiene que cambiar, empezar a hablar de racismo no solo allí, sino aquí también.

¿Y está cambiando esto?

Yo soy optimista, quiero decir, creo que cualquier persona que se mete al antirracismo es de un modo u otro optimista, en el sentido de que tú te metes porque sientes que con lo que tú haces puedes cambiar las cosas. Es verdad que a veces, cuando ves la dureza del día a día, cuando ves lo que dicen determinados líderes políticos y todo eso pues dices «estamos peor», pero yo tengo el sentimiento de que cada vez hay una mayor conciencia antirracista, un mayor sentido de entender que aquí en España hay racismo, que hay cada vez más gente que lo estamos verbalizando, que lo estamos mostrando.

Yo creo que cada vez hay más conocimiento antirracista, y con eso creo que es el primer paso para poder realizar los cambios profundos que necesitamos.

Moha Gerehou: «En España todavía no se ha reconocido la existencia del racismo de forma clara» 1

Foto: Carola Melguizo | The Objective

En realidad quien tiene el poder de cambiar esto son los gobiernos, las instituciones. ¿Cuál es el primer paso a ese nivel para empezar a cambiar esta situación?

En España se pueden hacer muchas cosas, empezando por ejemplo por el sistema educativo, creo que nos falta un reconocimiento de la diversidad en el sistema educativo.
No se puede aplicar allí la lógica del amigo negro, de que como tengo alumnos de distintos colores y sabores, pues ya no hay racismo. No, el racismo hay que trabajarlo, hay que saber identificarlo y hay que saber trabajarlo.

A día de hoy, tenemos una falta de protocolos para las situaciones de acoso racista muy evidente, nos falta especificar mucho más, no hablar solo de acoso y de bullying, porque el acoso y el bullying tienen apellidos, normalmente tiene que ver con alumnos que son LGTB o con alumnos negros, por ejemplo.

Creo que falta sobre todo también una Ley de Igualdad de Trato y No Discriminación que nos haga saber dónde podemos ir a denunciar cuando hay un caso de racismo. Yo creo que igual que durante muchos años ha habido una campaña que por ejemplo ponía el acento sobre el número 016 para las mujeres que sufren violencia machista, necesitamos buscar ese tipo de herramientas, que estén a disposición de todo el mundo y que sepamos a dónde acudir cuando hay casos de racismo. Desde las instituciones se puede hacer mucho, pero si no empujamos desde abajo, no van a hacer nada para cambiarlo.

¿Por qué aunque la sociedad sea cada vez más diversa sigue habiendo racismo?

En cierto modo es una cuestión de sentido común entender que si seguimos viviendo racismo a día de hoy y llevamos conviviendo distintas razas, culturas durante siglos, es evidente que ahí se necesita trabajar específicamente. La propia convivencia en sí de personas de distintos orígenes, colores, etc. no resuelve el problema del racismo porque es una cuestión estructural. Y si bien es cierto que puede ser una manera de ponerse más las pilas, realmente se necesita ese cambio profundo y yo creo que ahí es donde tenemos que poner el foco.

Dices que el racismo no se cura viajando. ¿Cómo «se cura»?

Hay muchas maneras. Yo soy muy partidario de que si entendemos que el racismo es una cuestión estructural, nuestro antirracismo tiene que ser lo más amplio posible y creo que hay distintas maneras de ser antirracistas. Creo que desde el momento en el que por ejemplo hacemos periodismo y hacemos una información podemos ser antirracistas, por ejemplo no criminalizando a determinados colectivos. Desde el momento en el que hacemos política podemos ser antirracistas cuando en nuestras propuestas llevamos ideas destinadas a mejorar la vida de las personas migrantes también. Podemos serlo en nuestro contexto del grupo de amigos cuando de repente alguien pasa por el grupo de Whatsapp un mensaje diciendo que los menores migrantes se llevan 4.700 euros de ayudas. Podemos serlo por ejemplo cuando consumimos series o películas que reservan papeles a las personas negras de prostitutas o de manteros o de criminales. Podemos ser una ciudadanía crítica, podemos ser una población que aprenda a identificar todo eso y que pueda empujar a ser antirracistas, y no creo que haya un antirracismo como único y verdadero, eso sería una mentira, pero yo creo que cada uno desde su posición tiene capacidad para hacer ese cambio.

¿Por qué no vale con no ser racista, por qué hay que hacer todo esto?

Porque al final es muy cómodo tener el privilegio de decir bueno, yo no soy racista, y ya está. No es meritorio no ser racista. Pero sí que creo que hay que entender que para poder hacer estos cambios se necesita acción, se necesita que nos pongamos las pilas y que entendamos que esto es una cuestión de toda la sociedad, que no es solo de las personas migrantes y racializadas que lo sufrimos.

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Foto: Carola Melguizo | The Objective

El racismo ya existía de antes, pero ¿se ha incrementado desde el auge de la ultraderecha?

Es cierto que el racismo ya existía, que ya existía esa exclusión, lo único que tenemos el caso de Vox, que lo que hace es tratar de sacar rédito político de ese racismo. Y es cierto que al existir esa legitimación desde las instituciones, desde los medios de comunicación, etc. hace que mucha gente se pueda sentir más envalentonada para ser racista, como decir bueno, si esto lo está diciendo este líder y no pasa nada, pues yo también lo puedo ser, y eso es muy peligroso, porque eso al final a quienes nos va a acabar perjudicando es a nosotros. Yo lo que tengo claro es que la última manera de hacer que un partido como Vox no tenga razón de existir o no tenga una razón de utilizar el racismo como una forma de hacer política es mejorando las condiciones de los derechos de las personas migrantes y racializadas.

Por ejemplo, con el caso de Canarias, yo creo que ahí se ha visto muy bien, si el Gobierno no hubiera actuado de esta manera, convirtiendo a las Islas Canarias en una cárcel para migrantes, dejándoles en unas condiciones de salubridad pésimas, no se habría generado jamás ese caldo de cultivo que ha hecho que un grupo de población canaria de repente salga con proclamas racistas, que de repente Vox vaya allí a Canarias a hacer sus mítines, eso no hubiera ocurrido, por eso yo creo que es una lección que tenemos que aprender, a proclamas racistas se les responde con medidas antirracistas.

¿Podemos desandar todo lo avanzado en los últimos años?

Existe ese riesgo, es así. También pienso que aunque a veces sea difícil de ver, el antirracismo es imparable y va hacia delante de una manera mucho más rápida. Evidentemente, todo movimiento que busca la liberación tiene una reacción. Se vio en su día con el tema del matrimonio igualitario, cómo una medida que suponía un avance social, pues partidos políticos saliendo a la calle con manifestaciones masivas, instituciones eclesiásticas recogiendo firmas… Creo que todo movimiento de avance suele conllevar un movimiento de reacción, y creo que tenemos que estar muy listos para esto. Hay gente que está muy cómoda en esos sillones de racismo y cuando ven que les intentamos quitar ese sillón se tambalean, pero yo creo que lo tenemos que asumir como parte de esta lucha.

Hablas de que se suele poner el foco en las personas racializadas, el peso, y no en en quien realmente puede cambiar las cosas. ¿Por qué?

Ahí está la cosa. Yo por ejemplo he formado parte de SOS Racismo durante muchos años, hablo siempre de esto y ahora he escrito un libro sobre esto, es legítimo que yo hable sobre racismo en distintos lugares, pero hay una sensación que te queda cuando veo a otros compañeros que igual son, no sé, gestores culturales o lo que sea, que el único momento en el que tienen el espacio público para hablar es cuando hablan de racismo. Se identifica como que para hablar de racismo tiene que ser una cosa solo de negros, y eso es un error, porque yo creo que todo el mundo deberíamos, uno, hablar de racismo, y dos, tratar de solucionar el problema. Odio que constantemente se nos extranjerice, es como que es un problema de los que llegan, no, no, es un problema de los que somos de aquí, eso es lo que yo creo que nos tenemos que meter dentro.

En el libro te abres y como tú hay cada vez más gente que cuenta sus historias personales. ¿Merece la pena contar cosas que a ti te duelen para luchar contra el racismo?

Sin duda. Uno, porque las cosas que cuento ahí en el libro me han llegado mi trabajo propio de reconocimiento, de saber qué es lo que está pasando y poder ponerle un nombre. A la hora de contar historias personales lo que busco sobre todo es poder conectar con la gente desde algo muy profundo, que vaya mucho más allá de lo superficial y entender que con todas estas situaciones he tenido mis miedos, mis momentos de duda, esos sentimientos mucho más primarios con los que creo que cualquiera puede empatizar y puede sentirse identificado. Y creo que apelando a esa parte más a veces emocional o más personal, se puede conectar de alguna manera.

Ahora siento que aparte de liberarme, sirve para que otra gente pueda iniciar o continuar con sus procesos internos que estén llevando.

Llegó un punto en el que el antirracismo te ocupaba gran parte de tu vida. ¿Eso también merece la pena?

Para mí, absolutamente merece la pena. Al final, tendemos siempre a quedarnos con lo negativo, que es lo visible, hay mucha gente que igual se me acerca y me dice «recibes amenazas en redes sociales» o por lo que sea, y es verdad que eso a la gente le impacta más, se le queda más, pero sinceramente, recibo muchísimo cariño, en las redes sociales, en persona, de mucha gente que me lee y que me sigue y que me hace sentir que lo que estoy haciendo es útil y que lo que estoy haciendo está contribuyendo a poner un granito de arena a hacer un cambio mucho más profundo. Yo creo que al final es un poco la esencia del libro, coger un granito de arena más personal, más pequeño, pero contribuir a algo grande que estamos construyendo entre todos para hacer frente y para cambiar una realidad que nos atraviesa a todos. Sentir que cada vez somos más los que estamos haciendo frente a eso y empezamos a conseguir cositas y a transformar poco a poco la realidad, a mí eso me reconforta.

En este vídeo, Moha Gerehou responde a nuestras 11 preguntas random: 

María Hernández Solana

De Murcia y madrileña de adopción. Escribo a menudo sobre derechos humanos e inmigración. También estudié Publicidad, pero lo mío es el periodismo. Y los viajes.