Así es el protocolo cero para proteger a las víctimas de violencia de género que no denuncian
Foto: Jose Manuel Vidal| EFE

Sociedad

Así es el protocolo cero para proteger a las víctimas de violencia de género que no denuncian

Este nuevo protocolo se seguirá cuando los agentes tengan conocimiento de una situación de violencia de género o del quebrantamiento de una medida de protección, aunque la víctima no quiera denunciar

por The Objective

De las 31 mujeres que han sido asesinadas por sus parejas o exparejas hasta agosto de 2021, poco más del 20% habían puesto denuncias previas a sus agresores por violencia de género. Según la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer de 2019, solo el 21,7% de víctimas de violencia de género denuncia a su maltratador y, las que lo hacen, tardan una media de nueve años, según los datos del Ministerio de Igualdad.

Esto supone que la mayoría de las víctimas de violencia de género están desprotegidas, puesto que, aunque no es necesaria una denuncia por parte de la víctima para que los hechos sean perseguidos, la realidad es que sin una denuncia es muy difícil que esto ocurra.

Ante esta situación, el Ministerio del Interior ha elaborado un nuevo protocolo a seguir cuando los agentes de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado tengan conocimiento de una situación de violencia de género o del quebrantamiento de una medida de protección, aunque la víctima no quiera denunciar los hechos.

En esta guía se enseña a los agentes cómo deben actuar cuando acuden al lugar de los hechos para recabar el máximo de información posible sobre lo ocurrido y poder así proteger a la víctima. También se incluyen recomendaciones sobre cómo actuar una vez se encuentren en dependencias policiales, si la víctima llega a acompañarlos.

Indicadores de riesgo

El protocolo consta de una guía de actuación que explica cómo deben proceder los agentes en casos de este tipo. En ella, se incluyen los indicadores de riesgo a los que deben permanecer atentos para tratar de identificar la violencia de género. Son los siguientes:

– Si se ha producido algún episodio de violencia física, incluso sin lesión. En especial, piden poner atención a si hay signos de agresión en la zona del cuello.
– Si se han empleado armas con el objetivo de agredir o amenazar a la víctima. En este segundo caso, pide determinar el tipo de amenazas.
– Si en las manifestaciones realizadas tanto por la víctima como por el presunto agresor u otras fuentes de información llevan a pensar que no se trata de un episodio aislado, sino reiterado.
– Si parece que los hechos actuales u otros previos pueden estar motivados total o parcialmente por los celos del presunto agresor.
– Si de los detalles recogidos en la escena se desprende la existencia de algún tipo de conducta de control y/o acoso por el presunto agresor.
– Si se registran faltas de respeto o conductas desafiantes hacia el personal policial actuante por parte del presunto agresor. Además, el policía debe observar si existen daños en el lugar de los hechos provocados por el presunto agresor.
– Si el presunto agresor presenta algún trastorno mental y/o suele ser muy impulsivo o agresivo con alteraciones del comportamiento. En especial, es importante fijarse en si ha habido tentativas de suicidio o adicciones a sustancias tóxicas. Este examen debe hacerse también con la víctima.
– Si la víctima ha expresado al agresor su intención de romper la relación recientemente.
– Si la víctima piensa que el agresor es capaz de agredirla con mucha violencia o incluso matarla.
– Si hay menores a cargo de la víctima y, en su caso, si hay algún elemento que indique que estos han sufrido amenazas a la integridad física por parte del presunto agresor.

Además, la guía incluye un decálogo con las actuaciones que permitirán obtener esta información para evaluar el riesgo de la víctima y conocer mejor su situación de desprotección. «Está especialmente orientado a los casos en los que existan indicios de que, al menos inicialmente, la víctima no quiera presentar denuncia», señala el texto.

En él se dan consejos sobre dónde llevar a la víctima para hablar con ella, priorizar su seguridad y la de los menores, cómo tratar a las personas que están presentes e insiste en que hay que tener en cuenta «que el momento más peligroso es cuando el presunto autor descubre que la víctima podría intentar terminar la relación». Por último, explica que hay que informar a la víctima de los teléfonos y recursos disponibles.

¿Qué hacer si soy testigo de una agresión machista?

Este protocolo forma parte de una serie de medidas promovidas por el Ministerio de Igualdad para frenar la violencia de género tras el incremento del número de casos desde el fin del confinamiento. En este contexto, el Ministerio creó la Guía de actuación frente a la violencia machista, un documento en el que explica los pasos a seguir para denunciar una agresión machista, tanto si eres testigo como si eres la víctima.

En ella se dan consejos dependiendo del tipo de agresión, si la has presenciado en el momento o si conoces a la víctima y sabes que la agresión ha ocurrido aunque no hayas estado presente. La información de esta guía, que se puede leer completa aquí, va desde los teléfonos y recursos disponibles para denunciar o pedir ayuda hasta cómo y cuándo es la mejor manera para tratar de hablar con la víctima.