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'El hombre que mató a Don Quijote' de Terry Gilliam: el exceso como género

El universo de Terry Gilliam puede o debe tomarse igual de en serio –o no– que el de Cervantes. Con sus respectivos quijotes, ambos creadores toman la realidad para fantasear sobre el mundo en que viven y a partir de ahí… todo. No tiene sentido analizar por tanto la loquísima película de Terry Gilliam, El hombre que mató a Don Quijote, desde los planteamientos convencionales de la crítica de cine y ni siquiera desde las premisas del espectador de cine. Hay que, sencillamente, dejarse llevar.

‘El hombre que mató a Don Quijote’ de Terry Gilliam: el exceso como género

El universo de Terry Gilliam puede o debe tomarse igual de en serio –o no– que el de Cervantes. Con sus respectivos quijotes, ambos creadores toman la realidad para fantasear sobre el mundo en que viven y a partir de ahí… todo. No tiene sentido analizar por tanto la loquísima película de Terry Gilliam, El hombre que mató a Don Quijote, desde los planteamientos convencionales de la crítica de cine y ni siquiera desde las premisas del espectador de cine. Hay que, sencillamente, dejarse llevar.

No olvidemos que Don Quijote –no Alonso Quijano, no– es un demente, un hombre enloquecido a causa del exceso de fantasía. Y eso es exactamente lo que pasa en El hombre que mató a Don Quijote: un famoso director de publicidad que se encuentra en España embarcado en un enloquecido rodaje regresa a un pueblo perdido de La Mancha donde rodó hace años y, de manera amateur, una película sobre Don Quijote. Pero allí se encuentra con que el humilde zapatero que interpretó al ingenioso hidalgo ha perdido la razón y cree que de verdad es Don Quijote de La Mancha.

 

'El hombre que mató a Don Quijote' de Terry Gilliam: el exceso como género
Cartel de la película El hombre que mató a Don Quijote.

 

Esto, barnizado por Terry Gilliam (El rey pescador, Brazil, Doce monos) es único, mágico, raro, estridente, perturbador, bellísimo, personal y, desde luego, muy prometedor. Es ese tipo de película que hubiéramos querido que rodara Orson Welles y que Gilliam ha tardado más de veinte años en poder ver terminada. Porque desde 1989 está este proyecto yendo y viniendo de chasco en chasco, como si de una subtrama de una de sus propias películas se tratara. Locuras, decepciones, malas suertes, muertes, fracasos, ruinas… Su Quijote ha tardado dos décadas en nacer y lo que ha surgido de él es algo histriónico, pantagruélico casi, que se devora a sí mismo hasta convertirse en gigante desatado, desbordado y radical. Pero, ojo, que todo –desde su demencia– tiene sentido, todo está ahí por algo. Para empezar, un Jonathan Pryce (Lo que de verdad importa) que da vida a un Don Quijote con una autenticidad pocas veces vista antes en una adaptación de la obra de Cervantes. Junto a él, a su fragilidad y patetismo, pero también a su desmesurada fortaleza, Adam Driver (Silencio), un actor muy eficaz que no pierde nunca un constante –y necesario– estado de ensimismamiento y que se verá forzado a cabalgar como Sancho al lado del hombre del que se siente responsable y repelido por igual. A partir de ese cervantino viaje iniciático en el que el zapatero enloquecido y el director ¿cuerdo? se ponen en camino, aparecerá un iconoclasta fresco de personajes excesivos, víctimas de sus propios excesos, pero necesarios para que el verdadero protagonista de esta historia, el pobre, perdido y cínico Sancho, halle su propia redención.

Y en el camino, además de brillantez y exuberancia a borbotones, entrarán y saldrán Jordi Mollá haciendo de mafioso ruso, Oscar Jaenada de gitano raro, Joana Ribero de Dulcinea dominada, Stellan Skarsgard de productor de despacho, Olga Kurylenko de esposa despechada y Sergi López y Rossy de Palma de… imposible de decir. Gilliam diría en el pasado Festival de Cannes: “Si algo es posible, me aburre. Sólo si es imposible, me atrevo a ello”. Así que el que se atreva con este juego y este mundo único, con esta excentricidad y –aparente– caos gozará de esta película irrepetible, libre de todo convencionalismo y corrección, y la disfrutará como un niño. O como un loco.

 

El hombre que mató a Don Quijote de Terry Gilliam se estrena en España el 1 de junio de 2018.

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