Política y conflictos

Claves para entender el conflicto en Afganistán: los talibanes recuperan el poder 20 años después

por Rodrigo Isasi Arce

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Casi 20 años después, los talibanes han vuelto a recuperar el poder en Afganistán y a intentar establecer su Emirato Islámico 2.0. Tras la retirada de las tropas militares internacionales, el avance talibán y la conquista de diferentes provincias ha sido vertiginoso, hasta llegar a Kabul y tomar la capital. Una reconquista que nadie se esperaba que fuera tan rápida y que ha obligado a evacuar a muchos extranjeros del país de manera inminente y que ha dejado dramáticas imágenes como el aeropuerto de Kabul, aún no controlado por los talibanes, colapsado por cientos de afganos que esperaban poder huir del país.

Los últimos acontecimientos en Afganistán y la toma de poder por los talibanes ponen en entredicho la efectividad de la operación militar que más vidas ha costado al Ejército de Estados Unidos, más de 2.300 militares estadounidenses muertos en una guerra que ha costado a los contribuyentes más de dos billones de dólares. También ha sido la misión más larga de España y la más costosa en vidas y recursos de nuestras Fuerzas Armadas.

Te damos las claves para entender este conflicto y lo qué está pasando en el país.

Los talibanes ya dan por terminada la guerra en Afganistán, toman el poder tras 20 años de enfrentamientos, apuestan por un Emirato Islámico de Afganistán pero todavía no aclaran del todo cuál será su tipo de gobierno y la forma del nuevo régimen. El hasta ahora presidente de Afganistán, Ahraf Ghani, ha abandonado el país para, según él dice, «evitar el derramamiento de sangre y los enfrentamientos con los talibanes». Mientras tanto, las potencias extranjeras presentes en el país se apresuran en sacar del país a sus nacionales y trabajadores de las sedes diplomáticas.

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Un soldado estadounidense apunta a un civil afgano en el aerpuerto de Kabul. | Foto: Wakil KOHSAR / AFP

Muchos afganos temen ahora que los talibanes vuelvan a las duras prácticas del pasado durante su gobierno de 1996-2001. Durante ese período, despojaron de cualquier derecho a las mujeres, prohibieron ir a la escuela a las niñas mayores de 10 años, acabaron con cualquier expresión cultural, como el cine, la música o la televisión, y aplicaron castigos físicos como los azotes, los latigazos, la lapidación o incluso la pena capital.

Sin embargo, en su estrategia por restaurar el Emirato Islámico de Afganistán, los talibanes buscan ahora proyectar un rostro más moderado y han prometido respetar los derechos de las mujeres y proteger tanto a los extranjeros como a los afganos. Algo que las potencias extranjeras y muchos afganos no terminan de creerse.  Entre julio y lo que va de agosto, al menos 1.000 civiles han perdido la vida debido por la violencia desatada en la ofensiva talibán, según la ONU, y alrededor de 250.000 personas han huido de sus hogares desde mayo, cifras que pueden crecer exponencialmente durante los próximos meses en función de la estrategia que apliquen los talibanes.

Pero para entender toda esta situación actual, hay que remontarse al principio del conflicto.

La guerra afgano-soviética

En 1979, la Unión Soviética, en plena Guerra Fría, invadió Afganistán para colocar en Kabul a un gobierno comunista afín. En 1989, con la URSS herida de muerte, los muyahidines, afganos y extranjeros, derrotaron a las tropas de la Unión Soviética en Afganistán tras 10 años de guerra.

En 1994, el movimiento de los talibanes apareció en Afganistán, un país devastado por la guerra. Formados en las madrasas (escuelas coránicas) del vecino Pakistán, donde estos islamistas suníes se refugiaron durante el conflicto con los soviéticos, los talibanes estaban encabezados por el misterioso mulá Mohammad Omar, fallecido en 2003, y sucedido por el mulá Akhtar Mansur, asesinado en 2016 en Pakistán. Actualmente, los talibanes están dirigidos por Haibatullah Akhundzada y el mulá Abdul Ghani Baradar, cofundador del movimiento, encabeza el ala política. Como la mayoría de la población afgana, ellos son esencialmente pastunes, el grupo étnico que ha dominado el país casi ininterrumpidamente durante dos siglos.

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Luchadores anti talibán junto a un tanque ruso T-55 mientras se ven los ataques de los bombarderos americanos B-52 contra posiciones de Al Qaeda en Tora Bora, el 20 de diciembre de 2001. | Foto: Romeo GACAD / AFP

En 1996, los talibanes tomaron el control de Kabul, sacaron del poder al líder muyahidín Burhanuddin Rabbani, uno de los héroes de la victoria frente a los soviéticos, e instauraron un régimen integrista sobre la interpretación rigurosa de la ley islámica. Tras aquella toma del poder en Kabul, solo tres países reconocieron como legítimo el nuevo Emirato islámico: Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Pakistán.

Régimen de terror

Cuando estuvieron en el poder (1996-2001), los talibanes impusieron una estricta ley islámica que prohibía los juegos, la música, las fotografías y la televisión. Negó a las mujeres el derecho de trabajar y las escuelas para niñas fueron cerradas. En marzo de 2001, la destrucción con dinamita de los budas gigantes de Bamiyán provocó la indignación internacional.

La sede del poder se trasladó a Kandahar, donde el mulá Omar vivía recluido en una casa construida por Osama bin Laden, líder de Al Qaeda. El territorio de los talibanes se convirtió en un santuario para los yihadistas de todo el mundo, que llegaban hasta allí para entrenarse, en particular los de Al Qaeda.

‘Libertad duradera’: la guerra de EEUU contra los talibanes

El 11 de septiembre de 2001 Al-Qaeda, liderada por Osama Bin Laden, llevó a cabo el mayor ataque terrorista jamás realizado en suelo estadounidense, unos ataques que desencadenaron semanas después la invasión de EEUU a suelo afgano. Los funcionarios identificaron a Al Qaeda y a su líder Osama Bin Laden, el cual estaba bajo la protección de los talibanes, como responsables del ataque. En octubre de 2001, Estados Unidos lanzó la Operación ‘Libertad duradera’, una ofensiva contra las fuerzas talibanes.

El 13 de noviembre de 2001, todos los talibanes habían huido o habían sido neutralizados. Después de prolongadas negociaciones en una gran asamblea, la nueva constitución afgana se convirtió en ley. La constitución allanó el camino para las elecciones presidenciales de octubre de 2004. Tras la victoria de las tropas estadounidenses, los talibanes han mantenido su zona de influencia en áreas del interior y la frontera paquistaní.

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Un grupo de talibanes toman posiciones en las montañas cerca de Jalalabad, el 14 de octubre de 2001. | Foto: TARIQ MAHMOOD / AFP

Tras la victoria de las tropas estadounidenses y durante la etapa de transición hacia un gobierno afgano bajo estándares democráticos, los talibanes no se han rendido y han mantenido diferentes estrategias, desde el avance paulatino de sus milicianos en una tradicional guerra de guerrillas hasta los atentados terroristas contra fuerzas de seguridad, funcionarios, políticos y hasta civiles.

Retirada de tropas y negociaciones de paz

En 2011 se producen dos hechos muy importantes. En mayo, EEUU mata a Osama Bin Laden en Pakistán. Un mes después, comienza la retirada gradual de las fuerzas estadounidenses y la OTAN inicia el traspaso de competencias a las autoridades afganas, que se completa dos años después, en junio de 2013. En septiembre de 2014 gana las elecciones Ashraf Ghani, que iniciará desde su Gobierno un proceso de diálogo con los talibanes con reuniones oficiales en Pakistán, pero que no consigue acabar con la presión talibán.

Los talibán aceptaron en 2020 negociar en Doha (Qatar) un acuerdo que preveía la completa retirada de las tropas en 14 meses, algo que Trump prometió para esas navidades. Su sucesor, Joe Biden, finalmente decretó que el repliegue definitivo se iniciaría el primero de mayo. Ese mes, los talibanes aprovecharon para recrudecer la violencia y en junio ya controlaban 100 de los 402 distritos del país. Aunque admitió que los talibanes estaban «más fuertes militarmente que nunca», Biden insistió en completar la retirada para el 31 de agosto.

Gobierno y talibanes se sentaron a dialogar en Doha en el mes de julio. Éstos ofrecieron un alto el fuego de tres meses a cambio de liberar a sus 7.000 presos. Las conversaciones acabaron sin acuerdo. A principios de agosto, la ofensiva talibán se recrudeció y los talibanes capturaron en apenas semanas varias de las capitales más importantes del país hasta hacerse el 15 de agosto con Kabul, la capital del país.

Tanto EEUU como Reino Unido han dedicado las últimas dos décadas a tratar de formar un ejército afgano poderoso con el que impedir el rearme talibán. Mientras, el país buscaba una transición política que se inició con Hamid Karzai como jefe de Estado interino en 2002.

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Un grupo de talibanes en un coche de la Policía afgana en las afueras del Aeropuerto Internacional Hamid Karzai de Kabul, el 16 de agosto de 2021. | Foto: Reuters.

La de Afganistán es la operación que más vidas ha costado al Ejército de Estados Unidos, más de 2.300 militares estadounidenses muertos en una guerra que ha costado a los contribuyentes más de dos billones de dólares. También ha sido la misión más larga de España, casi 20 años, y la más costosa en vidas y recursos de nuestras Fuerzas Armadas.

¿Por qué el Ejercito de Afganistán no ha frenado el avance talibán?

Según la BBC, el Ejército afgano contaba con unos 300.000 efectivos, «al menos sobre el papel», para hacer frente a los talibanes. Por su parte, el Centro de Lucha contra el Terrorismo de Estados Unidos estima en 60.000 el número de soldados talibanes, pero la BBC asegura que a este número hay que sumar grupos de milicianos y partidarios, que daría una cifra total superior a los 200.000.

La corrupción, la falta de voluntad de luchar y el vacío creado por la salida de Estados Unidos probablemente han jugado un papel en el deceso del ejército afgano. Durante años, el Gobierno de Estados Unidos emitió informes en los que se detallaba una gran cantidad de casos de corrupción dentro de las fuerzas de seguridad afganas.

Las Fuerzas Armadas afganas también dependían por completo del poder aéreo estadounidense, desde la logística hasta los ataques, además del mantenimiento y, para empeorar las cosas, nunca tuvieron un liderazgo eficaz e importante. Las unidades especiales afganas que entrenó Estados Unidos eran la esperanza, pero finalmente no han sido suficientes para afrontar la lucha.

El lucrativo negocio de la droga

El negocio de la droga, del opio y la heroína, es clave en Afganistán. En todo el país, los derechos de importación representan aproximadamente la mitad de los ingresos internos del Gobierno afgano. Solo La ciudad fronteriza con Irán de Islam Qala genera más de 20 millones de dólares al mes. Por lo tanto, tomar el control de estos puntos de paso clave llenaba las arcas de los talibanes al tiempo que negaba al Gobierno una importante fuente de ingresos.

Antes de los acontecimientos del pasado 15 de agosto, los talibanes ya controlaban muchas de las partes clave de la economía –las principales regiones de cultivo de adormidera, así como los mercados y las rutas comerciales hacia Pakistán, Irán y Tayikistán–, lo que les permitía gravar sistemáticamente los distintos puntos de las cadenas de productos básicos. El control de las fronteras también permitía a los talibanes imponer restricciones económicas a los productos importados, como la gasolina y el gas, lo que les proporcionaba una mayor influencia sobre Kabul.

Quién es quién en el nuevo Afganistán

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Rodrigo Isasi Arce

Periodista especializado en Defensa, conflictos armados, mundo arabo islámico y cooperación internacional. Viajero empedernido y fotógrafo aficionado.