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Toni Hill: «Hay millón y medio de inmigrantes en este país y parece que sólo se escriben novelas con protagonistas blancos»

‘El Oscuro Adiós de Teresa Lanza’, nueva novela de Toni Hill, nos plantea un misterio en una urbanización de lujo situada en las afueras de Barcelona

Toni Hill: «Hay millón y medio de inmigrantes en este país y parece que sólo se escriben novelas con protagonistas blancos»

Ismael Tato | Cedida por la editorial

El Oscuro Adiós de Teresa Lanza es la sexta novela del escritor barcelonés Toni Hill, publicada recientemente por la editorial Grijalbo. Una historia de misterio que se aleja del clásico recetario del género y que aborda multitud de temas. ¿Quién mató a Teresa Lanza? Esa es la pregunta que sobrevuela el texto desde los primeros compases del libro. Junto a esa joven hondureña que murió en extrañas circunstancias, Toni nos presenta a cinco mujeres de clase acomodada que han triunfado en la vida; mujeres que se encuentran en su plenitud y que, a su vez, atraviesan un momento enormemente complejo. El devenir de los acontecimientos las desarbola, las atraviesa: adopciones que salen mal, corrupción política, amores prohibidos o amistades que se truncan son algunos de los temas que aparecen como telón de fondo. 

Toni Hill se define a sí mismo como un autor de novelas de personajes. Esta lo es, sin lugar a dudas. Narrativa tan rica en matices con en cambios de ritmo, alejada de las estridencias en cuanto al modo en que los diferentes conflictos se van presentando en la trama, porque «a veces», nos dice Toni Hill, «lo revolucionario es exponer el punto medio de los asuntos, lejos de maniqueísmos de buenos muy buenos y malos muy malos».

Teresa Lanza es un fantasma. Una joven hondureña que murió en extrañas circunstancias y que se aparece en las casas donde ha estado trabajando como limpiadora, en los mismos horarios en que ha estado trabajando y que, de hecho, ni tan siquiera puede elegir el lugar donde aparecerá la próxima vez. ¿Qué significa la apuesta por este personaje como eje central de tu novela?

Hay millón y medio de inmigrantes en este país y parece que sólo se escriben novelas con protagonistas blancos. Como mucho, a veces aparece algún inmigrante como personaje secundario, pero poco más. Esto no refleja la realidad que vivimos. En cuanto a Teresa, además de mostrar esa invisibilidad que comentas, lo que más me atraía era que ella fuera la protagonista, el núcleo de la novela, y aunque se trata de una heroína trágica, ella tiene voz propia y nos cuenta su parte de la historia. Al principio pensé que Teresa debía contar toda la historia, al estilo de El Crepúsculo de los Dioses de Billy Wilder, pero luego le fui adjudicando unos límites y unas reglas: cuándo podía aparecerse, en qué lugares o cómo podía interactuar con las personas que encontrase. Esto haría el juego narrativo más divertido. 

Toni Hill: «La gente ya no lee libros. La gente lee a autores»
Imagen vía Editorial Grijalbo.

  

La historia se desarrolla en una urbanización de lujo, ubicada en las afueras de Barcelona. Háblanos un poco de esta elección como recurso literario.

Quería darle la vuelta al escenario de Tigres de Cristal, mi anterior novela, que se desarrolla en una ciudad periférica y que, por otra parte, se trataba de un espacio real muy conocido por la gente que vive aquí en Barcelona. Con El Oscuro Adiós de Teresa Lanza quería cambiar de registro y por eso elegí un lugar radicalmente distinto. Además, empecé a jugar con la posibilidad de inventarme ese espacio. El resultado es un escenario que puede resultarle familiar a todo el mundo, ya que existen lugares así en los alrededores de todas las grandes ciudades, pero con unas particularidades propias. 

Y a la vez se trata de un espacio cerrado, al estilo de la novela clásica del género.

Sabía desde el principio que, si se trataba de un espacio cerrado en sí mismo, esto me iba a ayudar mucho para contar mi historia. La gente de las cinco familias que se describen en la novela viven a poca distancia entre sí, pueden ir a pie de una casa a otra, es como un lugar idílico, que da sensación de comunidad, pero Castellverd se va oscureciendo poco a poco. Por eso funcionaba a la perfección para la idea de la novela. Aunque todos trabajan y se desplazan a Barcelona, de alguna manera la vida pasa fuera. Cuando vuelven allí es un lugar de descanso. 

 Además del misterio de la muerte de Teresa Lanza, la amistad entre esas cinco mujeres es quizá el gran tema de la novela. ¿Te divertiste escribiendo sobre este tema? 

Muchísimo. Aunque hay muchos libros donde aparecen los grupos de amigos, la mayoría de las veces la amistad es considerada un tema de menor entidad, no un tema principal. Pero la amistad es algo importante en la vida. Haces cosas por los amigos. Hay grandes afectos, se producen traiciones e incluso desilusiones por los amigos. Y aunque hay muchas novelas sobre el amor romántico, no hay tantas que pongan el foco sobre la amistad. Esta novela aborda el tema de la amistad femenina y esas relaciones más estrechas que se producen dentro de los grupos algunas veces. Esa persona a la que eliges para hacerle tus confidencias más delicadas, las barreras que se levantan a veces hay dentro de los grupos, o incluso esa persona que se suma al grupo y que acude a las reuniones pero que, en realidad, no es tan amiga.

Las relaciones entre los jóvenes y los adultos son especialmente tirantes en tus novelas. Hay falta de comunicación y, en ocasiones, tus jóvenes transmiten una sensación de desarraigo. ¿Por qué te preocupa este tema? 

Porque me preocupa esa felicidad constante que la gente trata de proyectar hacia afuera en sus familias y porque esa felicidad perpetua es engañosa. No sólo en relación a los hijos, sino también respecto a los padres y madres. En el caso del personaje de Xenia, una de las cinco mujeres de Castellverd que aparecen en mi novela, si tú eres madre de dos adolescentes que, además han hecho una especie de frente común contra ti y que son especialmente caóticos, lo tienes muy difícil. Estas cinco mujeres ven que la vida les pasa por delante y que las desborda. Frente a esto, hay una idea de maternidad y paternidad que se pretende vender como algo de total placidez, lo que es bastante irreal. A veces parece que sea innovador mostrar las cosas como son. O se muestran familias idílicas o se hace todo lo contrario, mostrando familias totalmente disfuncionales, pero no se muestra el término medio, que suele ser el más parecido a la realidad. 

Tu novela aborda multitud de temas y conflictos. ¿Cómo es el proceso de ensamblaje de esos temas con la trama del libro?

Antes de empezar a escribir, me centro mucho en trabajar los personajes, más que el encadenado o la estructura de la trama. Prefiero que sean ellos quienes vayan construyéndola durante el proceso de escritura. De hecho, todas mis novelas son novelas de personajes, diría incluso que las policiales. Por eso toda la primera parte del libro es casi la presentación de un elenco, y a medida que los iba creando les iba asignando unos rasgos de personalidad y un conflicto que tendrán que resolver en la novela. Un conflicto con el que, a la vez, pueda identificarse cualquier lector y que, al menos lo intento, no haya sido tratado desde ese punto de vista anteriormente. Son cinco señoras que han luchado y triunfado en sus profesiones pero que, a la vez, la modernidad y el cambio constante las tiene aturdidas. Por eso los conflictos que aparecen en la novela rompen con esa idea del lugar idílico donde viven. «Qué tranquilas estamos aquí, qué tranquilas vivimos». Cuando resulta que, al final, esa tranquilidad era totalmente ficticia. Por otra parte, he tratado de huir de la trampa de la limpiadora que es una santa y de los señores ricos que son muy malos, porque eso, al menos a mí, me parece ridículo.   

Lourdes, uno de los personajes del libro que trabaja como editora, dice aquello de «la gente ya no lee libros, lee a los autores». ¿Estás de acuerdo con ella? 

Esto ocurre en la vertiente más literaria del negocio editorial. En estos días hablamos, por ejemplo, del último libro de Carrère. Su calidad literaria es indudable, pero se habla también de eso porque Carrère es un personaje en sí mismo. En mi novela, Lourdes busca a alguien con un especial magnetismo personal. Gente que tiene unos grandes detractores pero también unos defensores a muerte. De alguna manera, como ahora se lee menos, la gente también selecciona que el autor le caiga bien. Esto es algo que antes no ocurría. Yo no necesitaba saber que Paul Auster vivía en un ático maravilloso en Manhattan. Aunque hay también ejemplos en sentido contrario como Aramburu con Patria, que se ha convertido en un fenómeno por la propia novela. 

¿Qué autores te han influido más, a lo largo de los años, en tu formación como escritor? 

Soy un gran admirador de los novelistas norteamericanos. Me gusta Cheever, Eugenides, Highsmith y muchos otros. Pero la gente que trata de parecerse a alguien siempre me acaba resultando un poco impostada, y además mentiríamos si dijéramos que, dentro de nuestras influencias, no estuviera también David Lynch y Twin Peaks, o The Wire o Mujeres desesperadas. Vivimos en una burbuja cultural a veces y no reconocemos que nuestras influencias pueden venir de cualquier parte. 

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