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Cultura

Tras los pasos de Lola Flores en Jerez de la Frontera

Un gaditano nace donde quiere y Lola Flores nació en una familia gitana. Se sentía gitana y España la quiso así cuando serlo era más una lacra que un orgullo

Tras los pasos de Lola Flores en Jerez de la Frontera
Inma · santiago Unsplash

«Yo nací un 21 de enero de hace 250 siglos en Jerez de la Frontera», dijo Lola Flores en una entrevista. Lola Flores, muy amante de hablar de su vida y ser poco precisa en los datos. En realidad no nació hace 250 siglos sino en 1923, en el barrio de San Miguel, uno de los de más solera y tradición flamenca de Jerez. Fue la mayor de los tres hijos que tuvieron Pedro Flores, apodado «El Comino», porque era muy bajo y María Rosario Ruiz, natural de Sanlúcar de Barrameda.

Lola también fue definida como extraterrestre y a ella le gustaba recrearse en esa idea. Así que fue la primera y última extraterrestre de Jerez. Cantaba, bailaba y le echaba mucho cuento a la vida, así que de lo que otros harían un tabú, ella construía un relato que la hacía única, edificando así una marca personal cada vez más potente, aunque no tuviese ni remota idea de marketing. 

«Lola, torbellino de colores, reina del temperamento, la de la bata de cola», como cantó Estrella Morente, no era gitana, pero ella decía que sí y hacía bandera de ello. Si lo fue, solo lo fue por parte de su abuelo materno, al que ni llegó a conocer y del que la hermana de Lola, Carmen Flores, dice en la serie que Movistar+ acaba de estrenar sobre la artista, que cree que no lo era. Pero eso da igual. Un gaditano nace donde quiere y Lola Flores nació en una familia gitana. Se sentía gitana, hizo gala de ello y España la quiso así, gitana, en un momento en que serlo era más una lacra que un orgullo. Y para orgullo con el que la reconocen los gitanos como una de ellos. 

«Flamenco es lo que te saca un ole, y Lola te arranca oles cada dos segundos» 

Lola Flores no tuvo problema en hacer públicos episodios oscuros de su vida que serían motivos de vergüenza para otros: fue amante de hombres casados, se acostó con hombres por dinero, tomó drogas y sufrió malos tratos. 

Lola es flamenco y aunque es más conocida por la copla y el cine, los artistas más jondos se rinden a ella. Porque, como dijo Miguel Poveda, «flamenco es lo que te saca un ole, y Lola te arranca oles cada dos segundos».

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Imagen vía Moxistar+

Hace 26 años que falleció, pero sigue siendo tema de estudio e interés de generaciones que nunca la vieron actuar en vida. Una artista de artistas, como lo fue Camarón. Referente e inspiración para otras voces flamencas.

Son muchos los flamencos que han cantado sus canciones y le han cantado a su nombre, y eso solo pasa cuando se es una grande. Por enumerar unos pocos ejemplos, en el álbum Autorretrato, Estrella Morente le dedicó unas sevillanas donde dice: «Primo, ¿qué tiene Lola Flores que me llega al corazón?». Diego Vargas entonó «esa bailaora que bailó como nadie la bata de cola» y Victoria Prado entonó «ay, Lola de España, ay, la jerezana que mi barrio San Miguel fue su casa».

Por el barrio de San Miguel y otros puntos de Jerez recordamos a Lola Flores en este artículo. 

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Foto: Inma Garrido | The Objective

La casa donde nació

Lola Flores nació en el número 45 de la calle Sol, en el barrio de San Miguel. Aunque hoy este barrio está en el centro de la ciudad, en el siglo XIV formaba parte del arrabal. Cuna de artistas, en este barrio nacieron grandes figuras flamencas como la Paquera de Jerez, Paco Cepero o Antonio Chacón entre muchos otros. 

Actualmente, la casa de Lola Flores se encuentra deshabitada y en estado ruinoso, por lo que no se puede visitar el interior. Una placa de piedra y fotos de la artista recuerdan que ahí nació esta extraterrestre que siempre llevó el nombre de su pueblo a todos los rincones del mundo.

Casa de Lola Flores · Calle Sol, 45

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Foto: Inma Garrido | The Objective.

Monumento a Lola Flores

A pocos metros de la casa donde nació, Jerez recuerda a Lola con un monumento —y varios bares que llevan nombre de sus canciones—. 

No es la única artista jerezana que tiene escultura en su ciudad, pero sí hay que destacar que la suya es de las más imponentes. Es obra del arquitecto y escultor Víctor Ochoa y data de 2003. Representa a una Lola bailando semidesnuda, con la cara casi oculta entre los brazos y el pelo, un gesto muy reconocible en su baile. 

La presencia de esta Lola Flores de bronce roba todo el protagonismo a la fachada del palacio del marqués de Villapanés. Algo que tampoco es extraño, pues una vez Lola entra en escena, todo queda en un segundo plano.

Escultura de Lola Flores · Plaza de la Cruz vieja

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Foto: Celia Crespo vía Tabanco La Pandilla.

Tabanco La Pandilla

Lola tuvo la suerte de escuchar el caudal de arte de los tabancos de Jerez y es en estos establecimientos donde ella bebió el flamenco. Además, era privilegiada puesto que los tabancos eran un lugar donde la mujer no tenía espacio, estaba mal visto que una mujer fuera allí a pasar sus ratos, pero como era la hija del dueño, siendo niña pasaba por allí cuando quería e incluso la llamaban para que fuese a bailar.

Hoy el tabanco de su padre no existe, pero, si quieres recrearte en aquellos primeros años de la artista, cuando su arte solo lo conocían y lo disfrutaban sus vecinos, puedes ir al tabanco La Pandilla, que sirvió de localización para el rodaje de su biopic. La escalera de este tabanco simulaba la escalera por donde bajaba Lola al tabanco. Junto a las mesas, hay una vitrina con fotos y recuerdos del rodaje. 

Tabanco La Pandilla · Calle Valientes, 14

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Foto: Inma Garrido | The Objective.

Teatro Villamarta

De estilo regionalista andaluz, este teatro fue construido por iniciativa de don Álvaro Dávila y Agreda, marqués de Villamarta. Se inauguró en febrero de 1928 con 2000 localidades y supuso un soplo de aire fresco en la actividad cultural jerezana, apostando por programaciones de altura. 

La primera vez que Lola Flores pisó las tablas de un teatro fueron las del Villamarta. Era octubre de 1939, tenía 16 años y fue en el espectáculo Luces de España. Apareció con nombre artístico: «Lolita Flores, imperio de Jerez». Este nombre se lo puso un amigo de sus padres, influenciado por Imperio Argentina, artista consagrada en aquel momento y principal referente para Lola Flores. 

Tras el reconocimiento que Lolita Flores, imperio de Jerez alcanzó en el Villamarta, poco tiempo después se presentó al casting para la película Martingala, de Fernando Mignoni. Fue su primer contrato importante, el que le permitió trasladarse con toda su familia a Madrid. 

A este teatro volvió ya como artista reconocida internacionalmente, sin el diminutivo ni el apodo. Ahora era Lola Flores y revolucionaba a todo el pueblo y alrededores. 

Teatro Villamarta · Plaza Romero Martínez, 20

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Imagen vía Bodegas González Byass.

Bodegas González Byass

Tanto si eres fan como si no de Lola Flores, la visita a alguna de bodega de sherry debería ocupar sitio en tu agenda. Si además buscas seguir los pasos de Lola en su ciudad, ir a González Byass está más que justificado.

Lola Flores visitó estas bodegas en varias ocasiones y cada vez que lo hacía, la noticia atraía a sus fans hasta las puertas de González Byass para ver a su vecina más famosa. Pero si tenemos que quedarnos con un momento de Lola Flores en González Byass, nos iremos hasta el 27 de noviembre 1953. Volvía a Jerez tras una gira de más de año y medio por América. La invitó González Byass para otorgarle la Orden del Tío Pepe de Oro. Este momento quedó inmortalizado con su dedicatoria y su firma en una bota de vino que aún sigue intacta: «Jerezana siempre. Viva mi tierra. Lola Flores».

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Foto: Inma Garrido | The Objective.

La Moderna

Si te traemos aquí, además de que para que pruebes sus vinos y sus estupendas tapas (no te pierdas el menudo ni el montadito de mechá), es por el cuadro de Lola Flores y otros flamencos presidiendo la barra. 

Este cuadro representa La última cena donde los personajes bíblicos han sido sustituidos por flamencos jerezanos que cenan en el comedor de La Moderna. En esa escena, Lola Flores ocupa el lugar de Jesucristo. Según cuenta Alfonso, propietario de La Moderna, un día estaba Lolita, la hija mayor de La Faraona, tomando algo en su bar y al ver la imagen dijo: «¡No veas la de quilates que hay en ese cuadro, primo!»

Lo pintó en junio de 2019 Paco del Ojo, arrumbador en la bodega José Estévez. Del Ojo, además, es pintor, tatuador y hermano de «El Canijo», de Los Delincuentes. 

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Foto: Inma Garrido | The Objective.

En la última cena flamenca, Lola Flores es el personaje principal. Abajo a la izquierda, —«haciendo casi de Judas, que no lo es porque aquí esa figura no existe», dice el propietario de La Moderna—, tenemos a Fernando de la Morena; a la izquierda de Fernando de la Morena, está Miguel Flores «Capullo de Jerez»; a su lado, Miguel Benítez, el fallecido cantante de Los Delincuentes; encima de él tenemos a Luis de la Pica; a la izquierda a Juan Moneo «El Torta». Debajo de «El Torta» está Moraíto de Jerez. A la izquierda de Lola Flores, otra grande, «La Paquera», que tiene a su izquierda a Joselito Soto «Sorderita». Encima de «Sorderita», está Fernando Terremoto y encima del hombro de Terremoto, está el tocaor Paco Cepero, pilar artístico para Lola Flores. Debajo de Paco Cepero y «Sorderita», está Diego Carrasco y, por último, tenemos a «Periquín». 

Una anécdota tan flamenca como jerezana que quiso reflejar Paco del Ojo en su cuadro fue pintar a El Torta peinándose. Ocurrió durante un festival flamenco en Jerez. El Torta, que es temperamento puro, quiso romper y destacar, así que, después de citar varios nombres clave del flamenco (muchos de ellos reflejados en el cuadro de Paco del Ojo), le pidió a Moraíto que tocase por seguiriyas. Orden que el guitarrista obedeció a pesar de su sorpresa. Con el público jerezano entregado, El Torta, al oír los primeros acordes de la guitarra, sacó un peine rosa del bolsillo, comenzó a peinarse y totalmente venido arriba gritó: «¡Viva lo puro!».

Desde entonces, los vivas a lo puro son grito de guerra en Jerez. Así que, después de este recorrido por el Jerez de Lola y el recuerdo a otros artistas flamencos, sólo nos queda sacar nuestro peine rosa y gritar a pleno pulmón «¡Viva lo puro!».

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