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Coches autónomos: no todo lo que predice Black Mirror es un desastre

Algunas predicciones de Black Mirror dan miedo: ¿recordáis el capítulo en que una mujer pelirroja sucumbe ante la desesperación de tener que compartir su día a día y gustar a la gente y sentirse correspondida a través de un sistema que recuerda a Instagram? Lo hace porque de ello depende sus posibilidades de viajar, de encontrar empleo, de conocer a otras personas. Hay un sistema alrededor que lo promueve. Más adelante nos sorprendió descubrir que en China se está implantando un modelo con muchas similitudes, donde se valora con puntos nuestro comportamiento en las redes sociales, nuestros hábitos de consumo o nuestra opinión sobre el Gobierno.

Coches autónomos: no todo lo que predice Black Mirror es un desastre

Reuters

Algunas predicciones de Black Mirror dan miedo: ¿recordáis el capítulo en que una mujer pelirroja sucumbe ante la desesperación de tener que compartir su día a día y gustar a la gente y sentirse correspondida a través de un sistema que recuerda a Instagram? Lo hace porque de ello dependen sus posibilidades de viajar, de encontrar empleo, de conocer a otras personas. Hay un sistema alrededor que lo promueve. Más adelante nos sorprendió descubrir que en China se está implantando un modelo con muchas similitudes, donde se valora con puntos nuestro comportamiento en las redes sociales, nuestros hábitos de consumo o nuestra opinión sobre el Gobierno.

En otro episodio particularmente siniestro se cuenta la historia de un atropello cometido con un coche autónomo, poniendo sobre la mesa la posibilidad de que estos vehículos estén en todas partes y no siempre para mejorar nuestras vidas. Y al menos la primera de estas premisas puede ser cierta, atendiendo a los enormes avances de los últimos meses.

 

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Modelo del Nissan IMx expuesto en el CES 2018 de Las Vegas. | Foto: Steve Marcus/Reuters

 

Esta circunstancia se puso de manifiesto en la última gran convención internacional tecnológica: el Consumer Electronics Show –mejor conocido simplemente como CES–. Hay innovaciones que parecen solo posibles en un futuro remoto, pero probablemente no tengamos que esperar tanto. Nissan está desarrollando una tecnología con la que conectar el cerebro directamente con nuestro coche. El conductor, que tendría que llevar una suerte de cinta en la cabeza capaz de leer las ondas cerebrales, podría anticipar sus reacciones hasta en medio segundo.

Este gesto, que parece minúsculo, aumentaría nuestra seguridad al volante considerablemente: a veces una centésima segundo para girar el coche o frenar en seco nos puede salvar la vida.

Toyota, por su parte, llevó a la feria de Las Vegas su modelo Concept-i, que es una promesa de versatilidad respecto al coche tradicional. El vehículo, que –por supuesto– es eléctrico y autónomo, tiene un interior adaptable y su sistema e-Palette le permite modificar los módulos para servir como espacio de trabajo o como coche comercial. También en una máquina con inteligencia artificial capaz de interactuar con el piloto e interpretar sus emociones.

Este es, de hecho, otro de los puntos fundamentales que se desprende del CES es que pronto nos encontraremos con ciudades inteligentes en las que se habrá revolucionado la forma de comprender la movilidad que tenemos ahora. El stand de Ford escenificó esta propuesta y podían verse circular vehículos de entrega de pizzas e incluso, a modo de broma, coches donde el asiento era –realmente– un hombre disfrazado.

Un artículo de World Economic Forum apunta a que esta transformación de las ciudades se producirá motivada por dos cuestiones: la congestión y la contaminación atmosférica, que en último término es la principal causante del cambio climático. Esto producirá, por ejemplo, el nacimiento de taxis autónomos con mayor capacidad logística, lo cual podría reducir la cantidad de automóviles en las carreteras en más del 40%, según la página de la fundación. En Berlín, estiman que podría llegar a transportar hasta el 60% de los pasajeros totales.

 

 

Asimismo, están surgiendo propuestas como Olli, que diseña unos autobuses autónomos y de pequeñas dimensiones que cuentan con inteligencia artificial y realidad aumentada para atender a personas con discapacidades visuales, cognitivas, auditivas o físicas. Estos autobuses están preparados incluso para contratiempos. “Si un pasajero tiene problemas médicos, Olli es capaz de llamar a emergencias o de dirigirse directamente a una comisaria de policía u hospital”, explica Gina O’Connell, directora de Local Motors y líder del proyecto. Detrás de esta iniciativa se encuentran IBM y Local Motors y esperan que la fabricación en serie comience en verano de este año, tal y como apunta la revista del MIT.

Las ventas de coches autónomos podrían representar hasta el 2% de las ventas totales a nivel mundial en 2025 y el 8% en 2030. Depende del abaratamiento de los costes de producción que este porcentaje siga creciendo en las previsiones o si, por el contrario, se estanca.

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