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Sociedad

Dave mira a cámara por última vez en su vida

Near era una persona introvertida, perteneciente al espectro autista y de género no binario. Aspectos que le convirtieron en el blanco de la que probablemente sea la comunidad más tóxica, agresiva y peligrosa de todo Internet: el foro de Kiwi Farms

Dave mira a cámara por última vez en su vida

Fausto Sandoval | Unsplash

Dave mira a cámara por última vez en su vida. Quizás por primera vez. No ha sido capaz de sonreír nunca, nos dice en el texto del tuit, y es probable que tampoco haya tenido fuerzas para hacerse selfies. Ese acto trivial de mirarse a uno mismo, consustancial al mundo online, que puede convertirse en una pesadilla para alguien aquejado de depresión

Nadie sabía que Dave era Dave: incluso sus amigos más cercanos lo conocían por el apodo que utilizaba en Internet, Near, procedente del manga Death Note. Un nombre que pasará a la historia del videojuego por su contribución a la preservación del mismo: gracias a su labor en el terreno de la emulación, y fundamentalmente al desarrollo de programas como Ares, Bsnes o Higan, miles de personas han podido disfrutar en PC de títulos clásicos de Super Nintendo, Nintendo 64, Megadrive o PlayStation que se habrían perdido de otro modo. Dejando a un lado el debate sobre las fronteras legales o éticas de la emulación de videojuegos, lo que está claro es que este esfuerzo de la comunidad fan por convertir al formato ROM los juegos de plataformas desaparecidas del mercado es imprescindible para seguir trazando la genealogía del videojuego. 

Dave mira a cámara por última vez en su vida
Imagen de Bahamut Lagoon.

Near se entregaba en cuerpo y alma a esta labor, siendo un ejemplo para muchos. Uno de sus trabajos más recientes ha sido la traducción exhaustiva al inglés de Bahamut Lagoon, un clásico del RPG japonés tan aclamado como desconocido en el mundo occidental. Esa última foto que vemos, en el que también fue su último tuit, no refleja ninguna sonrisa, pero hay algo diferente en su mirada. Algo que parece invitarnos a conectar. Sus contribuciones desinteresadas a la comunidad de retroaficionados son una muestra clara de esta voluntad de compartir con los demás su pasión, su identidad. Near era una persona introvertida, perteneciente al espectro autista y de género no binario. Aspectos que deberían ser triviales en nuestro mundo, y que por desgracia le convirtieron en el blanco de la que probablemente sea la comunidad más tóxica, agresiva y peligrosa de todo Internet: el foro de Kiwi Farms. El acoso sufrido por parte de este durante larguísimos meses le llevó a suicidarse el 27 de junio en su domicilio, no sin antes sacarse esa última foto, revelando su nombre, y dejando constancia de su sufrimiento y del porqué de su decisión en un hilo de Twitter terrible, doloroso. Y necesario. 

«Siempre he intentado dar lo mejor de mí y ser útil para todo el mundo. Y no he hecho nada mal, aparte de ser alguien raro en el mundo online. Quizás demasiado pasional a veces.»

«Internet no es un juego. Es la vida real. Soy una persona real. He volcado mi vida entera en esto. No tengo amigos en la vida real, no tengo ninguna otra razón de ser. Solo esto. Y ahora no tengo nada.» 

Son solo algunas de las desgarradoras frases con las que se despide, dejando a la vista no solo la injusticia que le ha arrebatado las esperanzas, sino una problemática que cada vez afecta a más y más gente: el mundo online se ha convertido en un refugio contra una soledad muchas veces no autoimpuesta. Contra la incomprensión generalizada y la imposibilidad de encajar en lo normativo. En lugar de contemplar estas situaciones de manera reprobadora, habría que preguntarse cómo es posible ayudar, comprender y dar apoyo a quienes no tienen nada fuera de sus identidades virtuales. La soledad, no nos olvidemos, es ya un asunto de Estado en países como Japón, donde conocen esto de muy cerca, desde hace décadas, con realidades muy localizadas como es el caso de los hikikomori

Near puede parecer un nombre minúsculo si comparamos su humilde labor a lo largo de los años con esos nombres grandilocuentes con los que nos han bombardeado en las últimas semanas, tras los anuncios del E3. Sin embargo, es un foco más señalando un problema inmenso, inabarcable, que no deberíamos ignorar. Es una muesca más en la culata de Kiwi Farms, que también consiguió lo que quería hace tres años cuando la desarrolladora trans Chloe Sagal se inmoló en un parque, incapaz de aguantar el acoso online al que era sometida. 

El fundador de Kiwi Farms enarbola en su perfil de LinkedIn, con descarado orgullo, que se trata de un foro dedicado «al ciberbullying, el acoso y la difamación de inocentes».

Que Kiwi Farms es un lugar detestable hasta el extremo queda en evidencia con el hecho de que su administrador fuera expulsado de 8chan, otro de los foros tóxicos, refugio de la alt-right, famosos a nivel mundial. Tras la confirmación del triste destino de Near, las muestras de dolor en las redes se entremezclaron con las expresiones de rabia hacia la comunidad que lo provocó —utilizar la expresión «cometió suicidio» no es lo adecuado, como bien expresa un amigo cercano de Near en este comunicado; está claro que se trata de un homicidio—. Sin embargo, dentro del foro todo son chanzas. La trivialización de una baja más en lo que consideran un juego, con avatares a los que es posible deshumanizar y destruir. El fundador de Kiwi Farms enarbola en su perfil de LinkedIn, con descarado orgullo, que se trata de un foro dedicado «al ciberbullying, el acoso y la difamación de inocentes». Cualquiera puede encontrar esta «definición profesional», y no pasa nada.

¿Qué sucederá mañana, o dentro de una semana, cuando elijan otra presa? El amigo de Near, en el documento que hemos mencionado antes, se plantea esta contradicción, este absurdo. Kiwi Farms pertenece a un proveedor de hosting: ¿deberían seguir proporcionándole servicio como a cualquier otro cliente, teniendo en su mano la posibilidad de cortar su principal medio de agresión? ¿Por qué toleramos esto?, se pregunta —y nos preguntamos—, como si el hecho de que no haya una agresión física directa lo convierta en algo menos real. El New York Magazine describió a Kiwi Farms hace unos años, en este artículo, como «la mayor comunidad de acosadores de Internet». Sin embargo, ahí sigue. Fomentando la idea de que ellos solo pretenden «pasárselo bien», que no pueden hacerse responsables de la salud mental de los demás —algunos de los argumentos peregrinos que se leen en el foro con respecto a Near—. Se atreven, incluso, a decir que no tienen pruebas fehacientes de su muerte, jugando a la luz de gas más mórbida e irrespetuosa posible. 

Porque el anonimato es protección necesaria para algunos, pero es un teatro para otros. Un escenario en el que pueden dar rienda suelta a la crueldad que la vida real no les permite mostrar. Si existe algún remordimiento en la mente de quienes han contribuido a esta fatalidad, ya sea desde el silencio del observador o arrojando leña al fuego, les será fácil acallarlo convenciéndose de que Dave no era Dave. Dave era Near, un avatar de anime, una línea en unos títulos de crédito. Un inocente más al que el mar de Internet se ha tragado. 

Near se despidió del mundo el día antes del Orgullo LGBT+, y como tantas otras personas que toman la misma decisión lo hizo pidiendo perdón. «No me odiéis por esto». Pero también con un mensaje de cariño y un llamamiento al autocuidado, y al cuidado de los demás. Queda todavía un largo camino hasta encontrar el modo más eficaz y coherente de prevenir o parar estos movimientos de acoso. Sin embargo, el primer paso para el cuidado está claro: tenemos que mirar de frente. La comunidad de videojuegos debe hacerlo, y también el resto de eslabones en el mundo online. 

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