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Gastronomía

Jornada mundial de las legumbres para concienciar sobre su necesidad y bondades

Se celebra este 10 de febrero, por iniciativa de la FAO, en reconocimiento a su potencial alimenticio y porque contribuyen al desarrollo sostenible

Jornada mundial de las legumbres para concienciar sobre su necesidad y bondades

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El día internacional de las legumbres se celebraba por primera vez en el año 2016 y fue la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) la que promovía la iniciativa. El objetivo desde entonces, y cada 10 de febrero, es poner en valor el enorme potencial que tienen las legumbres en la alimentación de las poblaciones, además de apuntar que con su consumo se contribuye al cumplimiento de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, pues tienen una baja huella hídrica o toleran mejor las sequías. En palabras del propio organismo, aseguran que la celebración de este Día «representa una oportunidad única para sensibilizar a la opinión pública sobre las legumbres y el papel fundamental que desempeñan en la transformación hacia unos sistemas agroalimentarios más eficientes, inclusivos, resilientes y sostenibles con miras a una mejor producción, una mejor nutrición, un mejor medio ambiente y una vida mejor, sin dejar a nadie atrás». Para ello, y con la ayuda del sector público y privados, la FAO facilita la celebración de esta jornada y apoya una producción y consumo de las legumbres como parte de los sistemas alimentarios sostenibles y de las dietas saludables.

En el terreno de lo cotidiano, nuestro día a día, las legumbres son indispensables de la dieta mediterránea sobre todo cuando bajan las temperaturas, si bien es verdad que su consumo debe realizarse a lo largo de todo el año, porque son infinitas sus bondades además de las posibilidades culinarias, en caliente y en frío. Pero lo cierto es que los guisos de cuchara son propios de esta temporada, imprescindibles de la tradición gastronómica española con un recetario muy variado gracias a la cantidad de legumbres de que disponemos. Porque somos de los países afortunados en los que forman parte del patrimonio cultural y se consumen habitualmente, a diferencia de otros en los cuales apenas tiene presencia. Sin embargo, esta colección de semillas (de muchos colores y para diversidad de gustos) son uno de los alimentos más nutritivos desde el principio de los tiempos y por eso es un auténtico tesoro gastronómico, sin olvidar lo económicas que resultan. 

Los médicos especialistas insisten en sus beneficios porque son numerosos: ayudan a disminuir el colesterol malo en sangre (disminuyendo el riesgo de enfermedades cardiovasculares), reducen la tensión arterial y protegen las arterias, tanto las del corazón como las del cerebro, ayudan a evitar el sobrepeso y algunos incluso las señalan entre los alimentos que contribuyen a la prevención del riegos de algunos tipos de cáncer… aunque esta afirmación son palabras muy mayores. En cualquier caso, esas bondades de las legumbres se deben a la poca grasa que aportan y la fibra que contienen, situando a las alubias en el top, sean del color que sean, con más fibra que muchos vegetales y por eso un gran aliado de la salud intestinal, pues previene la absorción de grasa e hidratos de carbono aparte de tener un poder saciante.

También es reseñable el aporte de proteínas de las legumbres, más saludables que las proteínas animales. Y en este caso alcanzan el primer puestos los garbanzos porque reúnen todos los aminoácidos (componente básico de las proteínas) esenciales. En las lentejas o las alubias es verdad que ese aporte no es completo, pero se soluciona fácilmente acompañándolos de arroz blanco, un recurso más que habitual tanto en las recetas caseras como en las que ofrecen los restaurantes. En cuanto al hierro, ahí la delantera la toman las lentejas. Luego, en general las legumbres son fuente de carbohidratos de absorción lenta por lo que nos dotan de energía por más tiempo. Y no olvidemos la cantidad de antioxidantes que hay en su composición, aparte de minerales como el hierro, ya referido, junto a calcio y magnesio.

Un rico perfil nutricional al que responde el hecho de que la Fundación Española de la Nutrición aconseje su consumo entre dos y cuatro veces a la semana. A este respecto, además, dan el mismo valor tanto a las legumbres naturales como a las que se adquieren en conserva. Eso sí, en estas últimas hay que tener cuidado con la cantidad de sal añadida que suelen llevar.

Pero no solo la sal. Porque ojo con mitigar esos incuestionables beneficios de las leguminosas al excedernos en sus acompañantes calóricos. Hablamos de embutidos y tocino, principalmente, compango habitual en platos de legumbres. Es inevitable el ‘pecaíto’, pero parte del atractivo de estos ricos guisos tradicionales está en esos trozos que los aderezan. Para mojar pan. No es indispensable, por supuesto, pues una buena legumbre con la compañía de verdura y patatas resulta un plato extraordinario, pero es innegable que la aportación cárnica de ese compango es una tentación a las que pocos pueden resistirse. Solo por apuntar alguna alternativa, títulos gastronómicos a modo de buenas guías son el último libro del crítico gastronómico Pepe Barrena Entre pucheros (22,90 euros), de Libros Cúpula; Maneras de cocinar legumbres (17 euros), que firman José Martín Gris y Emma Ros en la Editorial Grijalbo, o El gran libro de las legumbres (21,75 euros) en Lectio Ediciones, obra de Anna García Soteras con fotografías de María Ángeles Torres.

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