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Gastronomía

La guía definitiva del curry tailandés: qué color elegir en el súper y cómo cocinarlo sin fallar

Rojo, verde, amarillo o Massaman… Desciframos el nivel de picante y los ingredientes ideales para usar con cada pasta

La guía definitiva del curry tailandés: qué color elegir en el súper y cómo cocinarlo sin fallar

Todos los curris tailandeses en un supermercado. | A.C.S.

Hasta hace unos años, preparar un curri (sí, se escribe curri en español aunque todo el mundo escriba curry) en casa se limitaba, para la mayoría de las personas, a espolvorear unos polvos amarillos de origen incierto sobre un guiso de pollo y nata. Pero hoy todo ha cambiado. La posibilidad de poder acceder a los productos de tiendas y supermercados asiáticos ha acercado la auténtica comida tailandesa a nuestra cocina. Sin embargo, enfrentarse al lineal de las pastas de curri (una auténtica muralla de tarrinas de plásticos de todos los colores del arcoíris y más), puede provocar en el cocinillas medio un bloqueo en vez de una inspiración culinaria.

Lo principal y evidente de estos ingredientes tan típicos en el suedeste asiático: no es lo mismo un curri rojo que uno verde, ni un Massaman se comporta en el fuego igual que un Panang. Cada variedad responde a un perfil aromático, a un nivel de pungencia y a un maridaje de ingredientes muy concreto. Para evitar la confusión en la próxima cesta de la compra, elaboramos la guía definitiva para entender y dominar la base de la gastronomía tailandesa.

Los currys tailandeses clásicos: rojo, verde y amarillo

La puerta de entrada a esta cocina se rige por una paleta de tres colores fundamentales, cuyo nivel de picante suele engañar al ojo inexperto.

  • Curri rojo: es el todoterreno de la despensa tailandesa y el más utilizado. Con un nivel de picante notable (7 sobre 10), su base se asienta en chiles rojos secos, galanga, hierbaluisa (lemongrass) y pasta de gambas. Ofrece un perfil aromático y muy especiado, siendo el acompañante ideal para carnes rojas, cerdo y pato.
  • Curri verde: pese a lo que su color pueda sugerir, es el más picante de todos (8/10). Su tono se debe al uso de chiles verdes frescos, que se majan junto a albahaca tailandesa, cilantro y lima kaffir. El resultado es un guiso de notas frescas y herbáceas, perfecto para aves, pescados y mariscos. Una combinación infalible es prepararlo con pollo, berenjenas tailandesas y hojas de albahaca fresca.
  • Curri amarillo: es la opción más amable para paladares sensibles al picante o para la cocina familiar (2/10). Su composición se acerca más a la idea occidental del curri indio, dominado por la presencia de cúrcuma, comino, cilantro y jengibre. De marcado carácter dulce y terroso, funciona a la perfección con patatas, pollo o pescados blancos.
Los curris tailandeses clásicos: rojo, verde y amarillo
Los detalles de los curris tailandeses rojo, verde y amarillo.

Los guisos densos: Massaman y Panang

Más allá de los colores básicos, destacan dos elaboraciones de perfil más denso y cremoso, diseñadas para comer casi con cuchara y que requieren cocciones algo más pausadas.

Por un lado, el Massaman (fácilmente identificable en marcas populares por su envase marrón o naranja oscuro). Se trata de una receta de fuerte influencia musulmana e india, con un picante muy moderado (3/10). Incorpora especias cálidas como la canela y el cardamomo, además de cacahuetes, lo que le otorga un sabor único. Es el curri por excelencia para guisar ternera o cordero junto con patatas.

Por otro lado, el Panang (habitualmente envasado en color morado). Su base es muy similar a la del curri rojo, pero el añadido de cacahuetes molidos lo transforma en una salsa mucho más espesa, cremosa y con un punto más dulce. Con un picante medio (5/10), es la elección predilecta para cortes de ternera o cerdo.

Los curris tailandeses especiales: massaman y panang
Los detalles de los curris tailandeses massaman y panang.

Los infiltrados del lineal: las sopas

Un error habitual al comprar estas tarrinas es acabar llevándose a casa bases para sopa pensando que son curris. Es fundamental identificar dos clásicos que suelen compartir estantería:

  • Tom Yum: de envase naranja, es la base para la famosa sopa picante y ácida tailandesa. Es potentísima en aroma gracias a la lima kaffir y la galanga, y se utiliza casi exclusivamente para sopas rápidas de marisco y gambas con champiñones.
  • Tom Kha: en envase rosa, es la versión suave e ideal para quienes buscan un reconfortante caldo cremoso. Suavizada por la leche de coco, es la base tradicional para sopas de pollo.
Los curris tailandeses infiltrados, las sopas: Tom Yum y Tom Kha
Los curris tailandeses infiltrados, las sopas: Tom Yum y Tom Kha.

La técnica innegociable para cocinar la pasta de curry

Tener la pasta adecuada es solo el 50% del éxito; el resto reside en la técnica. El error más común en la cocina doméstica es disolver la pasta directamente en el líquido.

El proceso correcto exige arrancar friendo dos o tres cucharadas de la pasta elegida en un fondo de aceite durante unos 30 segundos. Este paso es crucial para despertar los aceites esenciales de las especias. A continuación, se añade una lata de leche de coco (400 mililitros), la proteína deseada y las verduras. Tras 15 o 20 minutos de cocción a fuego medio, el toque maestro consiste en equilibrar la salsa añadiendo unas gotas de salsa de pescado (para el punto salado y umami) y una pizca de azúcar (preferiblemente de palma o moreno).

El mercado actual ofrece estas pastas a precios muy accesibles —en torno a 2 o 3 euros la tarrina de 400 gramos, cantidad suficiente para muchos cocinados—. Marcas como Aroy-D ofrecen una excelente relación calidad-precio para el día a día, mientras que Mae Ploy o Cock Brand se posicionan como alternativas de gran autenticidad.

Existe, eso sí, una regla de oro final dictada por el sentido común gastronómico: es imperativo comenzar con cautela (apenas una cucharada) e ir probando. En la cocina tailandesa, siempre hay margen para añadir más potencia, pero es imposible dar marcha atrás si el picante se apodera del plato.

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