La lujosa ciudad donde viven Edurne y De Gea tiene la calidad de vida más alta de todo Madrid
La cantante y el futbolista residen, a caballo, entre la capital y la ciudad de Florencia, donde el futbolista juega

Edurne y de Gea, en una foto de archivo. | Gtres
Fue hace más de diez años cuando la cantante Edurne y el futbolista David de Gea vivieron un auténtico flechazo. Ambos, en ese momento, estaban triunfando con sus respectivas carreras; la madrileña se había hecho conocida gracias a Operación triunfo, mientras que el deportista era uno de los nombres más reconocidos dentro del Atlético de Madrid. No fue hasta un tiempo después cuando decidieron ampliar la familia con la llegada de su primera y única hija, Yanay. Y, hace unos días, los tres celebraron la llegada a la década de los 40 de Edurne, quien divide su vida, ahora, entre Florencia —donde juega De Gea— y Madrid —ciudad en la que tiene la mayoría de sus compromisos profesionales—.
Y es que, además de dedicarse a la música, la cantante también participa en varios programas de televisión. Aunque sus carreras están separadas, en este momento, geográficamente, lo cierto es que fue hace un tiempo cuando ambos decidieron asentarse a las afueras de Madrid. Concretamente, en uno de las ciudades más demandadas, por su cercanía a Madrid, su lujo y, sobre todo, por su buena conexión y la posibilidad de acceder a todo tipo de servicios.
La vida separada de Edurne y de Gea entre Madrid y Florencia
Majadahonda es una ciudad tranquila y cuidada, de calles amplias, zonas verdes y un ritmo de vida pausado que contrasta con el bullicio de Madrid, pese a estar a apenas unos minutos en coche. Tiene ese equilibrio tan buscado entre lo urbano y lo residencial: comercios, colegios, restaurantes y vida social, pero sin prisas ni aglomeraciones. Es un lugar donde la gente sale a pasear, a hacer deporte al aire libre o a sentarse en una terraza sin mirar el reloj. Todo funciona con cierta calma, con una sensación de orden y bienestar que define mucho su carácter.
En ese entorno encaja bien la vida de Edurne y David de Gea. En Majadahonda pueden llevar una rutina bastante normal dentro de lo que permite su fama. Viven alejados del foco mediático constante, en una zona donde la privacidad es clave y donde no es extraño cruzarse con deportistas, artistas o familias que buscan discreción. Allí pueden pasear a sus perros, hacer vida en casa, recibir amigos o salir a cenar sin sentirse observados todo el tiempo.
Majadahonda, una ciudad con mucha calidad de vida
Para Edurne, Majadahonda ofrece tranquilidad entre viajes, conciertos y compromisos profesionales; un lugar donde desconectar y volver a una vida más doméstica y familiar. Para De Gea, ha sido durante años un punto de anclaje cuando jugaba en España: cerca de centros deportivos, bien comunicado y con todo lo necesario para entrenar y descansar. Juntos han construido allí una vida muy enfocada en la intimidad, la familia y la estabilidad, lejos del ruido, pero sin renunciar a las comodidades. El origen de Majadahonda se remonta a la Edad Media, cuando era un pequeño núcleo agrícola dependiente de Madrid. Su nombre procede de majada (lugar donde se recogía el ganado) y honda, en referencia a una zona baja del terreno. Durante siglos fue un pueblo humilde, dedicado principalmente a la agricultura y la ganadería, con una población escasa y una vida muy sencilla.

Uno de los episodios más destacados de su historia tuvo lugar durante la Guerra de la Independencia (1808–1814). En 1812, Majadahonda fue escenario de una batalla entre tropas españolas y francesas, un hecho que marcó profundamente la memoria local y que aún se recuerda como un símbolo de resistencia. El gran cambio llegó en la segunda mitad del siglo XX. Con el crecimiento de Madrid y la mejora de las comunicaciones, Majadahonda dejó de ser un pueblo agrícola para convertirse en una ciudad residencial. A partir de los años 70 y 80 experimentó un fuerte desarrollo urbano, atrayendo a familias de clase media y media-alta que buscaban tranquilidad cerca de la capital.
Zonas verdes, mucha accesibilidad y cierto equilibrio
Sin duda alguna, lo que más llama la atención es que la localidad tiene una de las calidades de vida más alta de todo Madrid. Las zonas verdes, como el Monte del Pilar, funcionan como pulmones naturales y espacios de ocio. Su tejido comercial y de servicios, con centros comerciales, pequeños negocios y una oferta gastronómica variada son otros de sus puntos fuertes. Además, el deporte, con instalaciones de alto nivel y el Rayo Majadahonda como emblema local. Su carácter residencial, con urbanizaciones, chalets y barrios bien planificados, se ha convertido en uno de sus grandes atractivos.
La principal ventaja de Majadahonda es el equilibrio. Ofrece la tranquilidad de una ciudad ordenada y segura, sin renunciar a servicios, ocio y cercanía con Madrid. Es especialmente atractiva para familias, gracias a sus colegios, parques y ambiente seguro, pero también para profesionales que buscan calma tras la jornada laboral. A esto se suma un entorno social estable, buenas infraestructuras sanitarias y educativas, y una sensación general de bienestar. Majadahonda no es un lugar de grandes monumentos ni de turismo masivo, pero sí un ejemplo de ciudad pensada para vivir bien, con comodidad, privacidad y calidad.
Si hablamos de su calidad de vida, Majadahonda es considerada desde hace años una de las ciudades con mayor calidad de vida de la Comunidad de Madrid, y no es una etiqueta casual. Esa percepción se construye a partir de muchos factores que, juntos, crean un entorno especialmente favorable para vivir. Uno de los pilares de esa alta calidad es su planificación urbana. Majadahonda ha crecido de forma ordenada, con barrios bien estructurados, calles amplias, zonas residenciales tranquilas y una presencia constante de espacios verdes. Lugares como el Monte del Pilar o los numerosos parques de barrio no solo embellecen la ciudad, sino que invitan a un estilo de vida activo y saludable.
La seguridad es otro aspecto clave. Majadahonda mantiene índices de criminalidad bajos en comparación con otras zonas del área metropolitana, lo que genera una sensación de tranquilidad muy valorada, especialmente por familias. Es una ciudad donde se puede pasear, hacer deporte o dejar que los niños jueguen con relativa despreocupación. A esto se suma una excelente red de servicios. Cuenta con centros sanitarios de calidad, tanto públicos como privados, una amplia oferta de colegios e institutos —incluidos centros privados y concertados de prestigio— y unas instalaciones deportivas muy bien cuidadas. Todo está cerca, accesible y pensado para el día a día, lo que reduce desplazamientos y mejora la vida cotidiana.

La ubicación es otro gran punto a favor. Majadahonda está lo suficientemente cerca de Madrid como para disfrutar de sus oportunidades laborales y culturales, pero lo bastante alejada como para evitar el estrés y la saturación del centro. Sus buenas conexiones por carretera y transporte público permiten moverse con facilidad sin renunciar a la calma residencial. También influye su perfil socioeconómico estable, que se traduce en barrios bien mantenidos, comercio local activo y una vida social equilibrada. No es una ciudad turística ni masificada; su ritmo es constante, previsible y cómodo, algo que muchas personas asocian directamente con bienestar.
La casa de Edurne y de Gea con su propia impronta personal
Como decíamos es ahí donde Edurne y de Gea se establecieron hace años. Y donde pasan la mayor parte del tiempo en familia. Lo que más llama la atención, sin duda alguna, es la vivienda que comparten, que está llena de pequeños detalles. Probablemente, lo que más llama la atención es que la vivienda posee una gran estancia donde la cantante tiene colocados sus muñecos-Funkos. Además, de forma general, la vivienda refleja el mismo equilibrio que define su forma de vivir: discreción, comodidad y calma. No es una vivienda pensada para exhibirse, sino para proteger la intimidad y ofrecer descanso lejos del ruido mediático. Se integra en un entorno residencial tranquilo, rodeado de verde, donde prima la sensación de hogar más que la ostentación.
Es una casa amplia y luminosa, con espacios abiertos y una clara conexión con el exterior. La luz natural y los tonos neutros dominan el ambiente, creando una atmósfera serena y acogedora. Todo está pensado para la vida diaria: zonas cómodas para compartir tiempo en familia, rincones para desconectar y áreas donde la privacidad es absoluta. El exterior —jardín y zonas al aire libre— cobra especial importancia como espacio de descanso, paseos tranquilos y momentos cotidianos lejos de miradas ajenas.
La decoración acompaña ese estilo sobrio y moderno: líneas limpias, materiales cálidos y un diseño funcional, sin excesos. Es una casa vivida, no un escaparate. Allí conviven la rutina doméstica, los momentos de descanso entre viajes y entrenamientos, y la vida familiar que ambos han querido preservar con especial cuidado.
