El plan perfecto de Pérez-Reverte por Sevilla: este es el sitio donde toma los mejores churros
El reconocido escritor fue nombrado Hijo Adoptivo de la capital hispalense y es un apasionado de su gastronomía

Pérez-Reverte junto a la reina Letizia. | Gtres
Arturo Pérez-Reverte es una de las eminencias en el mundo de las letras en nuestro país. El escritor, no solamente es muy activo con la publicación de sus novelas sino que, también, lo es en el día a día, a través de sus redes sociales. Es por eso que Pérez-Reverte comparte, a través de su perfil de X, distintas vivencias de su rutina, mencionando aquellos lugares que no puede perderse y que se han convertido en imprescindibles en su vida, sobre todo en la ciudad de Sevilla.
«Cuando desayuno en Sevilla sigo comprando los churros en la calentería San Pablo y colgando el sombrero en el bar Stratos (‘Donde mejor se maltrata al cliente’, como dice el lema de la casa)», ha escritor el autor de El problema final. La conexión de Arturo Pérez-Reverte con Sevilla no es solo literaria, es casi sentimental y estratégica. Aunque él es de Cartagena «de toda la vida», ha confesado en múltiples ocasiones que Sevilla es una de sus ciudades fetiche, un escenario donde la historia y la picaresca se dan la mano de la forma que a él le gusta.
La estrecha conexión de Pérez-Reverte con Sevilla
Sevilla es protagonista absoluta de algunas de sus obras más importantes. Reverte no usa la ciudad como un simple decorado, sino como un personaje más. La piel del tambor es, probablemente, su gran declaración de amor y odio a la ciudad. En esta novela, Sevilla es una ciudad de claroscuros, con una Iglesia decadente y aristócratas venidos a menos. Retrata lugares icónicos como la Iglesia de San Isidororo (la ficticia Nuestra Señora de las Lágrimas) y el barrio de Santa Cruz. También, en varias entregas de El capitán Alatriste, el capitán y el joven Íñigo Balboa recalan en la Sevilla del Siglo de Oro, que entonces era la «Babilonia de España» y la puerta de las Indias. Reverte describe con maestría el Arenal, la Cárcel Real y el ambiente de los bajos fondos. En Falcó, su trilogía de espías, el protagonista, Lorenzo Falcó, también pisa las calles sevillanas, moviéndose por hoteles de lujo y rincones discretos de la ciudad durante la posguerra.
Si hay un lugar que simboliza esta conexión es la taberna de Álvaro Peregil en la calle Mateos Gago. Es más, Reverte era íntimo amigo del fallecido Peregil (padre), un cantaor y tabernero legendario. Allí, el escritor tiene incluso una placa o rincón dedicado. Se dice que muchas de las historias y giros de guion de sus novelas nacieron entre copas de vino de naranja en esa barra. Reverte tiene una relación curiosa con las tradiciones sevillanas. Se declara agnóstico, pero es un apasionado de la estética y la liturgia de la Semana Santa de Sevilla. Es especialmente devoto —artísticamente hablando— de El Cachorro. Ha escrito artículos memorables sobre la mirada de esa talla al cruzar el puente de Triana, describiéndola como la representación máxima del hombre enfrentándose a la muerte.
La Calentería San Pablo tiene un Solete Repsol
La ciudad ha correspondido a ese interés. En su momento, se le otorgó el título de Hijo Adoptivo de Sevilla, un reconocimiento que él recibió con orgullo, destacando que Sevilla es una ciudad que «se lee como un libro de historia». Como decíamos, uno de los sitios favoritos del escritor es la churrería San Pablo —también conocida como la Calentería San Pablo— no es solamente un lugar donde se fabrican uno de los mejores churros de la capital hispalense sino que se trata de una institución del centro de Sevilla. «Cada vez que voy a Sevilla, paso por allí. Son los mejores calentitos que he comido nunca», ha comentado el escritor en alguna que otra ocasión. Fue fundada en 1960 por la familia de Rafael Cazorla (el actual regente), aunque la tradición venía de su bisabuela.
Se encuentra en la Calle Murillo, 26, justo en el corazón comercial de la ciudad, cerca de la Plaza de la Magdalena. Cuenta con un Solete de la Guía Repsol, que premia esos lugares con encanto y solera que son referencia para los locales. En Sevilla a los churros se les llama «calentitos», y en San Pablo dominan las dos variedades clásicas. Los calentitos de rueda son los más tradicionales, finos y crujientes. Por su parte, los calentitos de papa son más esponjosos y gruesos; parecidos a las porras madrileñas, pero con el toque andaluz. El chocolate es especialmente denso y sirve perfectamente para mojar el producto de primera calidad. También, muchos sevillanos van exclusivamente a por sus patatas fritas artesanales, cortadas muy finas y fritas en grandes tinajas, que venden en cartuchos de papel.
Unos churros y un vaso de leche en el bar Stratos
El local es especialmente pequeño. Así, cada fin de semana hay que hacer cola y pedir tu «cartucho» de calentitos envuelto en papel de estraza. Lo ideal es comértelos caminando por el centro o sentarte en alguno de los bares cercanos que tienen “convenio” tácito y te permiten llevar tus churros si pides allí el café. Suelen abrir muy temprano (alrededor de las 7:30 – 8:00) para los desayunos y cierran a mediodía, reabriendo por la tarde para la merienda. Otro local que nombra Pérez-Reverte es el bar Satratos, uno de esos lugares que definen perfectamente la «nueva ola» de la hostelería sevillana: sitios con estética cuidada, pero con alma de barrio y producto de primera.
Stratos no intenta ser un restaurante de alta cocina, sino recuperar la esencia de la cervecería de toda la vida pero con un filtro moderno. Es un sitio de techos altos, mucha luz y una decoración sencilla pero muy «instagrameable», con azulejos blancos y detalles en rojo. Su carta es corta pero ganadora. No busques esferificaciones; busca producto de calidad, así como platas y opciones más tradicionales. El lugar se define como un «bar culinario», donde se pueden describir distintos tipos de aperitivos. Además, desde su página web, le han dedicado varios mensajes, poniendo en especial valor todo aquello que le dedica el escritor. Para el desayuno nos encontramos distintas opciones como la tostadas de carne mechada, de jamón y queso, pavo, salchichón o pringá. Estas varían de los dos euros y medio hasta los 3 euros, dependiendo del acompañamiento elegido.
De bebidas, nos encontramos con cerveza de distinta marca, así como vermús, aguardientes o café «para churros». También tienen vinos generosos como la Manzanilla o Canasta. «Dicen que donde haya un buen tabernero con el clásico carácter sevillano, la comida no puede fallar. Y eso, amigo, es una verdad innegable. Si eres un comensal observador y con buen paladar, lo habrás comprobado más de una vez. Y si no, déjame presentarte un ejemplo claro de esta regla de oro», escriben desde el bar.
«Paco López, cuñado del legendario Manolo Domenech – aquel futbolista inolvidable que, tras retirarse, convirtió su bar en uno de los mejores rincones gastronómicos de Sevilla –, ha mantenido viva la tradición culinaria de su familia. Los que aún recuerdan la pringá de Manolo o su famoso montadito de mechá saben de qué hablamos: calidad excepcional y sabores que quedan grabados en la memoria», apuntan. Así, cuando Machado murió fue Paco quien «tomó las riendas». «Y desde entonces, ha hecho de su misión no solo mantener el legado de su cuñado, sino superarlo, manteniendo a todos los sevillanos y visitantes con ganas de más», cuentan desde su página web.
