La juventud de Almudena Cid no fue la de una chica de su edad: «Se convirtió en una lucha»
La exgimnasta se mudó desde Vitoria al Centro de Alto Rendimiento de Madrid para seguir adelante con su carrera

Almudena Cid, en una imagen de archivo. | Gtres
Almudena Cid (Vitoria, 1980) es una de las gimnastas más conocidas de nuestro país. Aunque ya no está en activo, lo cierto es que la vasca ha sabido diversificar su carrera y, sobre todo, ha sabido reinventarse a la perfección. Sigue vinculada a la gimnasia, aunque no de forma práctica, sino que ha volcado todo su conocimiento en esta disciplina en cuentos para niños. Y ha desarrollado su pasión por los medios de comunicación, con incursiones en televisión, y por el teatro. Almudena tiene además un perfil bastante activo en las redes sociales, donde cuenta con varios miles de seguidores en Instagram.
Mucho de lo que hoy es Almudena tiene que ver con lo que un día fue, con una infancia marcada por su interés por la gimnasia rítmica pero, también, con una juventud llena de sacrificios. La adolescencia de Almudena Cid no tuvo nada que ver con la de cualquier chica de su edad; fue una etapa de una disciplina espartana, soledad y una madurez forzada por el alto rendimiento. Mientras sus amigas de Vitoria empezaban a salir o a descubrir el mundo, ella ya estaba viviendo en un régimen casi militar para esculpir la leyenda que acabaría siendo.
La adolescencia de Almudena Cid entre Madrid y Vitoria
Con solo 13 años, Almudena tuvo que dejar su casa y a su familia para instalarse en el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Madrid. Fue un cambio traumático. Pasó de ser una niña cuidada por sus padres a vivir en una residencia donde la prioridad no era su bienestar emocional, sino su flexibilidad y su capacidad de resistir el dolor. Ella misma ha recordado en entrevistas que lloraba a escondidas y que la soledad fue su compañera más fiel en aquellos pasillos. En los años 90, la gimnasia rítmica era un mundo extremadamente crudo. Almudena vivió su pubertad bajo la lupa de la báscula. Ha relatado cómo se controlaba cada caloría y cómo el desarrollo natural de su cuerpo —como el pecho o las caderas— era visto casi como un «obstáculo» para la técnica.
«Mi adolescencia fue una lucha constante contra mi propio cuerpo, para que no cambiara», ha contado. Esa presión forjó una gran resiliencia, casi de hierro, pero, también, le robó muchos momentos. Mientras otros adolescentes estaban preocupados por los exámenes de 4º de la ESO, ella se plantaba en sus primeros Juegos Olímpicos. Fue la «benjamina» del equipo y allí empezó a demostrar que era diferente. No era la gimnasta rusa perfecta y fría; ella aportaba una expresividad y una sonrisa que rompían los moldes. Ese éxito temprano la validó ante el mundo, pero también le puso el listón tan alto que nunca pudo bajar la guardia.
Una etapa de lo más inspiradora y con mucha dedicación
Durante su adolescencia, Almudena creó un elemento propio que hoy lleva su nombre: el Cid Tix. Fue un ejercicio de creatividad en un momento de máxima presión. Mientras otras gimnastas se limitaban a ejecutar, ella empezó a entender la gimnasia como una forma de arte. Ese elemento, que consiste en un giro con un pie apoyado en la cabeza, fue su forma de rebelarse y decir: «Aquí estoy yo y este es mi sello». En una etapa donde se construye la identidad, el círculo de Almudena se reducía a sus compañeras de entrenamiento y sus entrenadoras. No hubo fiestas de instituto, ni viajes de fin de curso, ni primeros amores convencionales. Su mundo eran el tapiz, las mazas y la cinta. Esta burbuja hizo que, cuando se retiró años después, sintiera que tenía que aprender a vivir desde cero porque se había saltado todas las etapas vitales normales.
La carrera de Almudena Cid es, por encima de todo, una oda a la continuidad y al tesón. En un deporte como la gimnasia rítmica, donde las atletas suelen caducar a los 20 años, ella rompió todas las leyes de la lógica deportiva al mantenerse en la élite hasta los 28, convirtiéndose en una leyenda absoluta. Almudena es la única gimnasta rítmica en el mundo que ha sido capaz de disputar cuatro finales olímpicas consecutivas. Este récord es su mayor medalla, una hazaña que demuestra una capacidad de sacrificio inhumana. Con tan solo 16 años quedó novena en los Juegos de Atlanta de 1996. Luego, en Sídney de 2000, se hizo con la novena posición, de nuevo, consolidándose como una de las mejores de su ranking.
En Atenas 2004 terminó octava, logrando el diploma olímpico en plena madurez. Durante años, la rítmica estuvo dominada por la escuela del Este (Rusia, Ucrania, Bulgaria), caracterizada por gimnastas casi robóticas y muy jóvenes. Almudena rompió ese molde; aportó un componente artístico y teatral que conectaba con el público de una forma que sus rivales no lograban. Además, ver a una mujer de 28 años competir contra niñas de 16 fue un acto de rebeldía que ayudó a que el deporte empezara a valorar la madurez artística frente a la pura flexibilidad elástica.
Una vida actual dedicada a la gimnasia, los libros y la televisión
Al retirarse en 2008, Almudena tuvo que enfrentarse al «vacío» que deja el deporte de élite, y lo hizo con una carrera polifacética. Así, la exgimnasta ha escrito una colección de libros, Olympia, donde narra su vida deportiva con el objetivo de inspirar a las nuevas generaciones. Además, se ha formado profesionalmente como actriz y ha trabajado tanto en teatro como en series de televisión. Y no solamente eso; es la voz de la rítmica en Teledeporte, donde su conocimiento técnico y su empatía con las gimnastas actuales la han hecho imprescindible.
Ahora, la exgimnasta vive en Madrid, en un piso que ella misma decoró y que convirtió en su «cuartel general» tras la separación. Se la ve mucho por su Vitoria natal, donde se refugia con su madre y su familia siempre que puede. Aunque es mucho más celosa de su intimidad que antes, mantiene una relación sólida y discreta con el exfutbolista Gerardo García Berodia. Han logrado construir una pareja alejada de los focos, basada en el apoyo mutuo y en el entendimiento de lo que significa haber sido deportista de élite. Sin duda alguna, su ruptura con Christian Gálvez también fue un punto de inflexión en su vida.
Uno de sus mayores compromisos actuales es la divulgación sobre la salud mental. Almudena habla abiertamente de cómo tuvo que ir a terapia para gestionar el final de su carrera y su divorcio. Se ha convertido en un referente para muchas personas que atraviesan crisis vitales, demostrando que «romperse» es parte del proceso para volver a construirse.
