The Objective
Gente

La rutina infalible de Urdangarin: «Me levanto a las seis, hago cardio, natación y yoga en casa»

El que fuera duque de Palma fue Olímpico y todavía sigue manteniendo el deporte en su día a día junto a su novia Ainhoa

La rutina infalible de Urdangarin: «Me levanto a las seis, hago cardio, natación y yoga en casa»

Iñaki Urdangarin, en una imagen de archivo. | Gtres

Iñaki Urdangarin es un hombre deportista. Y es que el jugador de balonmano tuvo una época dorada dentro del deporte por la que todavía conserva cierta afición. Es por eso que, durante su etapa en la cárcel, el que fuera marido de la infanta Cristina se apuntó para hacer un Máster de coach deportivo, del que se acabó formando. Además, también ha creado su propia empresa, Bevolutive, que está muy vinculada a este tipo de prácticas. Esta pasión también queda reflejado en su libro, que se publicará el próximo mes de febrero, y en la entrevista que le ha hecho esta semana la revista ¡Hola!, en la que explica lo comprometido que está con el deporte.

Y no solamente Iñaki es un apasionado del deporte sino que, también, su pareja, Ainhoa Armentia, suele practicar junto a él de forma recurrente. El exduque de Palma tiene en su haber una de las carreras deportivas más brillantes. Antes de que su imagen quedara ligada al caso Nóos, Iñaki fue un deportista de élite con un palmarés que lo sitúa en el Olimpo de este deporte. Iñaki empezó a jugar en el Colegio Santa María del Pilar de Vitoria, pero su talento era tan evidente que el F.C. Barcelona se fijó en él cuando todavía era un adolescente. A mediados de los años 80, con 18 años, fichó por el equipo azulgrana. Lo que empezó como una promesa terminó siendo una carrera de 14 temporadas en el mismo club, convirtiéndose en uno de los capitanes históricos del equipo.

La carrera de Iñaki Urdangarin en el balonmano

Iñaki Urdangarin, exmarido de la infanta Cristina, en 2024. | Europa Press

Así, Urdangarin fue una pieza fundamental del mejor Barça de la historia, el dirigido por Valero Rivera. En esa época, el Barcelona era prácticamente invencible. Su palmarés con el club es abrumador; se hizo con seis copas de Europa, diez ligas ASOBAL, siete Copas del Rey y nueve Copas de los Pirineos. Era un jugador polivalente, que jugaba principalmente de lateral derecho. Su gran envergadura le permitía ser un defensor rocoso y, a la vez, tener un lanzamiento exterior muy potente. Si con el Barça ganó todo, con la selección absoluta (donde fue internacional en 175 ocasiones) se convirtió en un héroe nacional. Participó en tres Juegos Olímpicos, logrando medalla en dos de ellos. El primero fue Atlanta 1996 donde se hizo con la medalla de bronce —y allí también conoció a la infanta Cristina—.

Luego, participó en Sídney 2000, donde consiguió la medalla de bronce. En esta cita fue el capitán del equipo, liderando a una generación que puso al balonmano español en el mapa mundial. Iñaki se retiró de las pistas en el año 2000, en la plenitud de su carrera, para centrarse en sus deberes institucionales como miembro de la Familia Real y en su formación académica. Su camiseta, la número 7, fue retirada y colgada en lo alto del Palau Blaugrana como homenaje a su trayectoria —aunque tras el escándalo judicial hubo debates sobre si debía seguir allí—. En 2001, se le concedió la Gran Cruz de la Real Orden del Mérito Deportivo, la máxima distinción que un deportista puede recibir en España.

«El deporte es mi ADN y me da la energía necesaria para todo lo demás»

Urdangarin y Ainhoa Armentia corriendo por Vitoria.

Sí que es cierto que su carrera se vio empañada por el caso de corrupción por el que fue condenado. Aún así, todavía, en los círculos técnicos de balonmano se sigue estudiando su etapa deportiva como un ejemplo de excelencia técnica. Hoy en día, su hijo Pablo Urdangarin sigue sus pasos, jugando también como profesional y manteniendo vivo el apellido en las canchas de balonmano. Tampoco él nunca se ha delgado del mundo del deporte. Así, al ser preguntado en la mencionada revista, Urdangarin ha confesado que se despierta «a las seis». Luego, desayuna y, cuando su pareja se va a trabajar, se va a hacer deporte. «Normalmente me siento en el despacho de nueve hasta que acabe la jornada. De viaje, el día es diferente», ha contado.

Sobre si hace deporte o no todos los días, Urdangarin lo tiene claro: «Casi todos. Hay días que hago un poco de rutina de gimnasio —fuerza o cardio—, algo de natación a la hora de comer cuando puedo, HIIT y, a veces, también hago yoga en casa. Los fines de semana, naturaleza o ciclismo. Nos encanta. El deporte es mi ADN y me da la energía necesaria para todo lo demás». Sobre qué tareas del hogar realiza, Urdangarin cuenta que se dedica él a la cocina «por la división de trabajo». Además, explica que intenta seguir una dieta saludable con «legumbres, verduras y proteínas». Junto a sus hijos también practica deporte. «Ellos saben que conmigo es sota, caballo, rey. Partidos de tenis, de pádel, salidas al monte, acampadas, y comidas con sus primos y su abuela», explica Urdangarin sobre los planes que hace con sus vástagos.

«Conmigo saben que es ‘sota, caballo, rey’; partidos de tenis, pádel…»

Fue hace unos años cuando, tras salir de la prisión de Brieva, Urdangarin decidió mudarse definitivamente a Vitoria. Allí comparte su vida junto a Ainhoa Armentia, con quien, además, sale a correr o a pasear de forma recurrente. Así, Vitoria se ha convertido en uno de sus lugares favoritos. Es «su ciudad». «Viví dos años maravillosos, entre los 16 y los 18, fue mi trampolín para saltar al balonmano y ahora es mi plataforma para arrancar de nuevo después de todo lo vivido. Me da tranquilidad, seguridad y me ayuda. Sí, tiene un poco de raíz. Mis hermanos también han ido volviendo. Ya somos cinco», apostilla. Es ahí donde también reside su madre, el pilar fundamental de su vida y la persona a la que más quiere.

Así, la vida de Iñaki Urdangarin en Vitoria en este 2026 es la de un hombre que ha logrado, finalmente, alcanzar el anonimato y la tranquilidad que buscaba tras una década de tormenta judicial y mediática. Una vez cumplida su condena y formalizado su divorcio de la Infanta Cristina, Iñaki se ha integrado en su ciudad natal como un vecino más. Allí, como decíamos, su relación con Ainhoa esta totalmente consolidada. Es muy común verlos caminando por el parque del Prado o haciendo rutas de senderismo por los montes que rodean Vitoria, como el Armentia o el Olarizu.

Pablo Urdangarin junto a su padre, Iñaki Urdangarin, al final de un partido de balonmano reciente. | Europa Press

Alrededor de su casa también aprovecha para hacer ciclismo y running. Tras su paso por el despacho de abogados Imaz & Asociados —donde conoció a Ainhoa—, Iñaki ha buscado un perfil profesional mucho más discreto. Así, en este año ha decidido mover ficha y moverse dentro del ámbito del asesoramiento deportivo y el coaching, aprovechando su experiencia de alto nivel, pero de una manera privada y sin grandes exposiciones públicas. También, Vitoria se ha convertido en el punto de encuentro con sus hijos. Es especialmente estrecha su relación con Pablo, con quien comparte la pasión por el balonmano. Cuando Pablo tiene algún hueco en su calendario deportivo, se escapa a Vitoria para entrenar o simplemente pasar tiempo con su padre y su abuela.

Publicidad