La infancia de Marian Rojas en Madrid: «Mi padre ponía la parte mental y mi madre, los pies en la tierra»
La psiquiatra es un referente dentro de su campo y vivió una educación marcada por el trabajo de sus progenitores

Marian Rojas, en una imagen de archivo. | Gtres
Marian Rojas Estapé es uno de los rostros con más relevancia dentro del mundo de la Psicología. La hija de Enrique Rojas ha seguido con una saga familiar que se ha convertido en una eminencia total en todo el mundo. Fruto de eso, la propia Marian ha publicado sus propios libros, ha hecho giras internacionales y, también, ha pasado por distintos programas de televisión. Su infancia, como no podía ser de otra manera, no fue la de una niña normal sino que se crio en un entorno de «estimularon intelectual permanente». Creció en un hogar donde la psiquiatría no era solo el trabajo del padre, sino el lenguaje oficial de la familia.
Marian creció en un piso señorial que compartía espacio con la clínica de su padre, el doctor Enrique Rojas. Esta cercanía física con la consulta marcó su percepción del mundo. En más de una ocasión, Marian ha comentado que veía pasar a los pacientes y que intentaba aliviar, desde una perspectiva de interés, intentaba averiguar qué les pasaba. Mientras otros niños hablaban de dibujos animados, en su mesa se debatía sobre la depresión, la ansiedad o la voluntad. Ella dice textualmente: «Crecí escuchando conceptos complejos antes de saber multiplicar».
La infancia de Marian Rojas por la influencia de sus padres

Se educó en centros de gran prestigio en Madrid, donde se fomentaba la excelencia. Su madre, Isabel Estapé, notaria y mujer de una disciplina férrea, equilibraba la «creatividad mental» del padre. De ella aprendió que en Madrid, para destacar, no bastaba con el apellido; hacía falta orden y estudio. Aunque su infancia fue madrileña, sus veranos en Cantabria eran el contrapunto necesario para desconectar de la intensidad intelectual de la capital. Desde muy pequeña, Marian manifestó un rasgo que definiría su carrera: la necesidad de consolar.
En el colegio, era la niña que se acercaba a quien lloraba en el patio. Ha confesado que sentía una especie de «hiper-empatía» que a veces la desbordaba, algo que su padre le enseñó a canalizar a través del conocimiento médico. Su infancia coincidió con una España en plena transformación. Sin embargo, su círculo era el de la alta burguesía intelectual madrileña. Esto le permitió estar en contacto con las mentes más brillantes que visitaban a su padre, lo que forjó su capacidad para hablar en público y su seguridad al comunicar. Aunque pueda parecer una infancia idílica, Marian ha reconocido que ser «hija de» en Madrid también suponía una presión: «A veces solo quería ser una niña normal, pero sentía que tenía que entenderlo todo, que tenía que ser capaz de analizar por qué me sentía de una manera u otra».
«En mi casa, las cenas eran monográficos sobre la mente humana»

Han sido varias las ocasiones en las que Marian se ha pronunciado sobre cómo era su hogar, que se convirtió en un lugar de debate intelectual constante. «En mi casa, las cenas eran monográficos sobre la mente humana. Mi padre hablaba de sus pacientes, de la voluntad, de la felicidad… Yo crecí pensando que todo el mundo hablaba de la serotonina y del cortisol mientras cenaba sopa», ha contado. Ella reconoce que su vocación fue una mezcla de admiración y observación directa. «Recuerdo ver a mi padre por el pasillo de casa, o en su despacho, y ver cómo la gente entraba de una manera y salía de otra. Yo de pequeña decía: ‘Yo quiero hacer eso, yo quiero arreglar lo que la gente tiene roto por dentro», apostilló.
Se define como una niña con una curiosidad casi científica por las emociones de los demás. «Yo era una niña muy preguntona y muy observadora. Me quedaba mirando a los adultos y me preguntaba: ‘¿Por qué esa señora está triste?’, o ‘¿Por qué ese señor grita tanto?’. Siempre buscaba el ‘porqué’ de las cosas», respondió en una ocasión. Además, le enseñaron que el éxito o la paz mental no caen del cielo. «Desde pequeña en mi casa se nos inculcó que la voluntad es la joya de la corona. Mi padre nos decía: ‘Si educas la voluntad, tus sueños se harán realidad’. No era un optimismo barato, era una invitación al esfuerzo constante», añadió. Además, con el paso del tiempo, fue el equilibrio necesario. «Mi madre es notaria, es la estructura, la ley, el orden. De ella aprendí la disciplina y la capacidad de trabajo. Mi padre ponía la parte creativa y mental, y mi madre ponía los pies en la tierra», explicó.
A menudo, también, ha bromeado sobre cómo es ser hija de «psiquiatra y psicóloga», lo que ha calificado de un «laboratorio constante». «A veces me decían: ‘Marian, estás teniendo una reacción desproporcionada fruto de un pico de estrés’. ¡Y yo solo quería estar enfadada un rato!», comentó, dejando claro que se había empapado, desde pequeña, en todo lo que tenía que ver con la mente. La carrera de Marian Rojas Estapé es una trayectoria de éxito meteórico que combina la medicina académica con una capacidad de divulgación que la ha convertido en un fenómeno global. Aunque es psiquiatra de formación, su carrera ha trascendido la consulta para llegar a las listas de los libros más vendidos.
Su carrera de éxito como psiquiatra
Marian se licenció en Medicina y Cirugía por la Universidad de Navarra. Tras terminar sus estudios, se especializó en Psiquiatría, realizando su residencia en el Complejo Asistencial Universitario de Palencia. Aunque su padre es el famoso Dr. Enrique Rojas, ella decidió forjar su propio camino, centrando su interés en la neurobiología de las emociones. Desde el principio, su carrera se ha basado en unir la mente y el cuerpo, explicando cómo nuestros pensamientos afectan directamente a nuestra salud física (somatización). Antes de establecerse en Madrid, su carrera dio un giro radical que cambió su forma de entender el trauma. Trabajó en Camboya, concretamente en la Fundación Somaly Mam, colaborando en proyectos de prevención y rescate de niñas víctimas de tráfico sexual. Esta experiencia la llevó a profundizar en el estudio del cortisol (la hormona del estrés) y cómo el trauma severo altera el cerebro.

También trabajó en un hospital en la capital británica, donde se centró en la psiquiatría de enlace, que estudia la relación entre enfermedades físicas y trastornos mentales. Su salto a la fama, sin duda alguna, llegó gracias a los libros, traduciendo conceptos científicos complejos a un lenguaje sencillo y práctico. Cómo hacer que te pasen cosas buenas, que vio la luz en 2018, se convirtió en un fenómeno mundial —traducido a más de 20 idiomas—. En él introduce el concepto de «persona vitamina» y explica cómo la actitud influye en la química del cerebro. Encuentra tu persona vitamina estaba centrado en la importancia del apego, las relaciones humanas y la oxitocina como antídoto contra el cortisol. Su trabajo más reciente ha sido Recuperar tu mente, reconquista tu vida, en 2024, y está enfocado en el impacto de la dopamina, la adicción a las pantallas y la pérdida de la capacidad de atención en la era digital.
Hoy en día, Marian es una de las conferenciantes más demandadas del mundo hispanohablante. Trabaja en el Instituto Español de Investigaciones Psiquiátricas, en el centro de Madrid, donde atiende a pacientes con trastornos de ansiedad, depresión y somatizaciones. También, ha tenido su propio podcast y un proyecto, iLove, una plataforma que busca ayudar a las parejas y familias a mejorar sus vínculos emocionales a través de la ciencia.
