«Rotas» y en «estado de shock»: el drama silencioso de las hijas del príncipe Andrés y Sarah Ferguson tras el escándalo Epstein
La detención del príncipe y la desclasificación de archivos sobre Epstein colocan a lBeatriz y a Eugenia en el centro

Beatriz y Eugenia, hijas del príncipe Andrés y Sarah Ferguson | RRSS
El príncipe Andrés y Sarah Ferguson vuelven a estar en el centro de la polémica tras la reactivación del escándalo de Jeffrey Epstein. La detención del duque de York, el pasado 19 de febrero bajo sospechas de mala conducta en cargo público y presunta filtración de información sensible, ha desencadenado una nueva ola de escrutinio que va mucho más allá de su figura. La desclasificación de archivos recientes sugiere que la relación de la pareja con el financiero fue más estrecha de lo que se había admitido hasta ahora. Entre los documentos divulgados aparecen intercambios de correos electrónicos en los que Sarah Ferguson mencionaba a su ahijada y a sus propias hijas, Beatriz y Eugenia, en contextos relacionados con contactos de Epstein en Londres.
Todo esto ha dejado a los duques de York en una posición de aislamiento casi total dentro de la monarquía británica, con un repudio público que también salpica a sus hijas.
Sus hijas, en el centro de la tormenta
Beatriz, nacida en 1988 y casada con Edoardo Mapelli Mozzi, y Eugenia, de 1990 y esposa de Jack Brooksbank, siempre han mantenido una relación estrecha con sus padres pese a su divorcio, en 1996. Hoy ambas son madres —Beatriz tiene dos hijas, Sienna y Athena, además de un hijastro; y Eugenia es madre de August y Ernest— y hasta hace poco habían logrado construir una vida relativamente discreta, combinando compromisos profesionales y familiares con un perfil institucional limitado.
Sin embargo, las nuevas revelaciones han vuelto a situarlas en el foco. Los documentos recientemente desclasificados apuntan a que sus padres pudieron mencionarlas en intercambios destinados a generar confianza con Epstein y su entorno. En algunos correos, él preguntaba por la posibilidad de que las jóvenes saludaran a determinados contactos, y la respuesta de Sarah detallaba dónde se encontraban en ese momento. Aunque no hay acusaciones directas contra ellas, la mera aparición de sus nombres en este contexto ha bastado para reavivar el debate público y para ponerlas en el punto de mira.
El Reino Unido asiste ahora a un cuestionamiento incómodo: hasta qué punto conocían la naturaleza de aquellas relaciones cuando, siendo apenas adultas, coincidieron en encuentros donde estaba Epstein.
«Rotas» y en «estado de shock»
La prensa internacional describe a las hermanas como «rotas» y en «estado de shock». Medios como el Daily Mail y la revista Woman publican que están «horrorizadas», y señalan el impacto emocional que les habría producido todo esto, no solo por la detención de su padre, sino también por la publicación de los correos electrónicos de su madre. Fuentes cercanas aseguran que se sienten «avergonzadas» y «mortificadas» al pensar que pudieron ser utilizadas como «peones» en una estrategia de acercamiento cuando apenas comenzaban su vida adulta.
A diferencia de etapas anteriores, en las que el escándalo parecía circunscribirse al príncipe Andrés, esta vez el impacto es mayor. Las hermanas han pasado de ser figuras colaterales a protagonistas involuntarias de una narrativa que amenaza su reputación.
Estrategias distintas ante la crisis
Ambas han optado, por ahora, por el silencio público. No ha habido declaraciones oficiales ni comunicados personales. La estrategia parece clara: perfil bajo y máxima prudencia mientras avanza el proceso judicial. Se habla de «conversaciones de crisis» entre ellas y, posiblemente, con el rey Carlos III para abordar el futuro inmediato y la protección de sus títulos.
No obstante, las informaciones apuntan a diferencias en la forma de gestionar el vínculo con su padre. Eugenia, más vinculada en los últimos años a causas sociales como la lucha contra la esclavitud moderna, habría optado por un distanciamiento total —calificado por algunas fuentes como «nivel Brooklyn Beckham»— para proteger su trabajo y su imagen. Beatriz, en cambio, se mostraría más ambivalente y seguiría apoyando a Andrés, con quien fue vista semanas antes de la detención.
Retirada y silencio
Eugenia permanece principalmente en Portugal junto a su marido y sus hijos, una distancia geográfica que le permite reducir la exposición mediática londinense. Beatriz, sin embargo, continúa en el Reino Unido, centrada en su familia y en su actividad profesional en el ámbito de la consultoría tecnológica. Sarah Ferguson, por su parte, habría optado también por el aislamiento.
Así, mientras el proceso judicial contra el príncipe Andrés avanza, Beatriz y Eugenia intentan sostener sus carreras, su papel público y su estabilidad familiar en medio de una tormenta mediática de alcance internacional.
