La historia menos conocida de Juan Roig antes de Mercadona: su infancia en Valencia, hijo de carnicero, colegios religiosos y siete hermanos
Antes de ser empresario, creció entre carnicerías y una educación basada en el trabajo duro

La infancia y origen de Juan Roig | Gtres
Juan Roig es uno de los empresarios más conocidos e influyentes de España y el principal artífice del éxito de Mercadona, la mayor cadena de supermercados del país. Nacido en Valencia en 1949, Roig ha construido a lo largo de más de cuatro décadas uno de los imperios empresariales más sólidos del sector de la distribución en Europa.
Bajo su liderazgo, Mercadona ha pasado de ser una pequeña red de ocho tiendas familiares en la provincia de Valencia a convertirse en una compañía con miles de supermercados, más de 100.000 empleados y una presencia cada vez mayor en España y Portugal. El valenciano también figura habitualmente entre las mayores fortunas del país. Según las listas anuales de la revista Forbes, su patrimonio —junto al de su esposa, Hortensia Herrero— lo sitúa de forma recurrente entre los cinco empresarios más ricos de nuestro país, con una fortuna estimada de 7.900 millones de euros en 2025.
Por todo ello, Juan Roig no solo es uno de los empresarios más ricos de España, sino también una de las figuras que más ha marcado la evolución reciente del tejido empresarial del país. Pero antes de convertirse en el empresario que transformó la distribución alimentaria en España, Roig creció en un entorno donde el trabajo duro era la rutina diaria. Su historia empieza en una familia de la huerta valenciana, entre carnicerías, negocios familiares y una cultura muy clara sobre el esfuerzo. Ahí comenzó a formarse la mentalidad que décadas después daría lugar al llamado ‘modelo Mercadona‘.
Juan Roig nació en una familia de la huerta valenciana
Juan Roig Alfonso, de 76 años, es hijo de Francisco Roig Ballester y Trinidad Alfonso Mocholí. Ambos —ya fallecidos, él en 2003 y ella tres años después— procedían de Poble Nou, una pequeña pedanía de la ciudad rodeada de huerta.
En ese entorno creció el patriarca de la familia. Francisco Roig, al que muchos conocían como «Paco, el porquero», empezó trabajando en el sector ganadero antes de levantar Cárnicas Roig, una empresa dedicada a la producción y venta de carne.

Lo que comenzó como un pequeño negocio terminó convirtiéndose en una red de carnicerías en la provincia de Valencia. La familia acabaría trasladándose a la ciudad, pero el origen agrícola siempre estuvo presente. En casa había una idea que se repetía constantemente: el progreso llegaba con disciplina, constancia y trabajo. Una filosofía que marcaría profundamente a todos los hijos del matrimonio.
Siete hermanos y una cultura empresarial
Juan Roig fue uno de los siete hijos del matrimonio Roig Alfonso. Creció en una familia numerosa en la que el espíritu emprendedor era casi una norma. Sus hermanos:
- Francisco Roig («Paco»), el mayor de todos, que años después sería presidente del Valencia CF y desarrollaría negocios inmobiliarios e inversiones.
- Amparo Roig, quien siempre ha mantenido un perfil discreto fuera de los focos.
- Trinidad Roig, cuya vida es la más privada.
- Juan Roig, quien acabaría convirtiéndose en presidente de Mercadona.
- Fernando Roig, propietario del grupo cerámico Pamesa y presidente del Villarreal CF.
Y también otros dos hermanos, ya fallecidos:
- Vicente Roig, vinculado a los primeros negocios familiares.
- Alfonso Roig, el menor de todos los hermanos, quien muerió en mayo de 2020 a los 69 años. Fue uno de los miembros menos conocidos públicamente de la familia, aunque siempre formó parte de la saga empresarial valenciana vinculada al origen de Mercadona.

Con el paso de los años, varios de ellos desarrollaron importantes proyectos empresariales propios. Pero todos crecieron bajo la misma educación familiar basada en el esfuerzo y la iniciativa.
Un estudiante normal en colegios religiosos
La educación de Juan Roig transcurrió en colegios religiosos de Valencia. Primero estudió en el Colegio de San José, dirigido por los jesuitas. Más tarde continuó su formación en La Concepción de Ontinyent, un centro regido por los franciscanos.
Quienes lo conocieron en aquella época recuerdan que no destacó especialmente por sus notas. No era el alumno brillante que muchos profesores imaginaban destinado a dirigir grandes empresas, aunque sí destacaba entonces su disciplina personal.
Después cursó Ciencias Económicas y Empresariales en la Universidad de Valencia, donde se licenció en 1973. En esa etapa universitaria conoció a Hortensia Herrero, con quien se casaría ese mismo año y que acabaría convirtiéndose en una figura clave en el accionariado de Mercadona.

El negocio familiar: de carnicerías a supermercados
Cuando Juan Roig terminó sus estudios, el negocio de la familia giraba en torno a Cárnicas Roig, la empresa creada por su padre. Sin embargo, a mediados de los años setenta la familia empezó a experimentar con un nuevo formato comercial: tiendas de ultramarinos que evolucionaban a partir de sus carnicerías. De ese proceso nacería Mercadona, fundada en 1977 por la familia Roig dentro del grupo Cárnicas Roig.
En aquellos años la empresa era todavía muy pequeña. Apenas contaba con ocho tiendas en la provincia de Valencia, muchas de ellas antiguos locales de carnicería ampliados. Eran establecimientos modestos, de unos 300 metros cuadrados, muy distintos de los supermercados actuales. El negocio, además, no siempre era rentable. Para el patriarca de la familia, los supermercados eran solo una extensión del negocio de la carne.
1981: cuando Juan Roig le compró la empresa a su padre
El momento decisivo llegó en 1981, cuando Juan Roig tenía 32 años. Junto a su esposa y tres de sus hermanos —Fernando, Trinidad y Amparo— decidió comprar la división de supermercados de la empresa familiar.
No fue una herencia ni una cesión gratuita. La operación se financió mediante préstamos y supuso asumir un riesgo empresarial considerable. Aquella decisión marcó el verdadero punto de partida de Mercadona. En ese momento la cadena apenas tenía tiendas, pero Roig estaba convencido de que el futuro estaba en la distribución alimentaria. De hecho, mientras su padre veía los supermercados como un canal para vender carne, él quería construir una empresa especializada en comercio minorista.
Aprender el negocio desde dentro y priorizar a los clientes
Antes de dirigir la empresa, Juan Roig pasó años trabajando dentro del negocio familiar. Cuando se incorporó a la compañía en 1975, el tamaño del grupo obligaba a que todos hicieran un poco de todo, desde supervisar tiendas a hablar con clientes, revisar ventas o analizar qué productos funcionaban y cuáles no.

Ese contacto directo con el comercio minorista acabaría marcando profundamente su forma de entender la empresa. De hecho, se dice que Juan Roig desarrolló entonces una costumbre que mantiene hasta hoy: visitar personalmente las tiendas y hablar con clientes y empleados. De esa experiencia nacería uno de los conceptos más conocidos de Mercadona, basado en que los clientes son «el jefe», ya que «son quienes pagan los sueldos de todos».
Por eso, durante años, Juan Roig insistió en que los directivos debían pasar tiempo en tienda, observando cómo compraba la gente y qué problemas encontraba. Ese enfoque práctico —muy alejado del típico empresario de despacho— tiene mucho que ver con la educación que recibió y vio en casa.
El control total de Mercadona a los 41 años
Durante los primeros años Mercadona estuvo gestionada por varios miembros de la familia. Pero en 1990, cuando Juan Roig tenía 41 años, se produjo otro movimiento clave: decidió comprar la mayoría de las acciones a sus hermanos. Con esa operación se convirtió en el accionista principal y en el líder del proyecto. A partir de entonces, cada uno de los hermanos Roig siguió su propio camino empresarial. Fernando Roig desarrolló su grupo cerámico Pamesa, mientras Juan concentró todos sus esfuerzos en transformar Mercadona.
Aunque con el tiempo Juan Roig desarrolló un modelo empresarial propio, siempre ha reconocido que su principal aprendizaje procede de su familia. Su padre solía repetir una frase que quedó grabada en la memoria de los hermanos: «Para recoger, primero hay que sembrar; y para sembrar, hay que sudar». Esa idea acabaría convirtiéndose en una de las bases de la cultura empresarial de Mercadona, que, como vemos, empezó en una casa en la que echar horas en el trabajo era simplemente lo normal.
