David Uclés, 36 años: «De niño crecí en un olivar; mis padres nunca me compraron un libro»
El escritor ha ganado el premio Nadal y mantuvo un tenso encontronazo con Pérez-Reverte por una charla

David Uclés, en una imagen de archivo. | Gores
David Uclés es uno de los nombres que más resuenan en la literatura contemporánea. El escritor nació en la localidad jienense de Úbeda a principios de los años 90 y siempre destacó por tener un perfil polifacético. Además de escritor, es músico, compositor y dibujante, lo cual se nota en el ritmo y la plasticidad de su prosa. Aunque ya había publicado antes, su consagración llegó en 2024 con la novela monumental, La península de las casas vacías. Es una obra de más de 700 páginas que narra la Guerra Civil española desde una óptica de realismo mágico.
Uclés se aleja del realismo crudo habitual en la novela histórica española para introducir elementos fantásticos —como árboles que sangran, sombras que se separan de los cuerpos o el propio Gernika que se eleva—. Tardó 15 años en escribirla, viajando por los escenarios reales de la guerra para documentarse, lo que demuestra su nivel de compromiso con el texto. A menudo se le compara con Gabriel García Márquez, pero con un pie puesto en las raíces de Jaén. Uclés ha conseguido darle voz al mundo rural y utilizar un lenguaje rico y cuidado que rescata palabras en desuso sin sonar arcaico.
La infancia de David Uclés en Úbeda

Estudió Traducción e Interpretación y se ha curtido como profesor de español en ciudades como París y Lyon. Publicó El llanto del león —premio Complutense de Literatura 2019— y Emilio y Octavio, donde ya se intuía su interés por las relaciones humanas y la soledad. Además, toca el piano, el arpa y el acordeón. De hecho, suele componer piezas musicales para sus propias novelas, creando una experiencia artística integral. En su niñez vivió una infancia muy marcada por los olivos, que también muestra en su obra. «Mis padres nunca me han comprado un libro, ni me han llevado al cine, ni hemos ido de restaurantes. Mi familia ha sido muy austera», contó en una ocasión.
Además, creció «hasta los 18 años en un olivar, un lugar donde el tiempo no transcurre y donde se vivía casi, casi, como en el siglo pasado». Él mismo ha relatado en entrevistas que procede de una familia trabajadora. Sus abuelos fueron piezas clave en su formación emocional; de ellos heredó las historias de la posguerra, el hambre y la supervivencia que luego volcaría en sus libros. No creció en una casa llena de literatura académica. Sin embargo, compensó esa falta con la tradición oral. Escuchar a los mayores contar anécdotas de la guerra y del campo fue su verdadera «escuela de escritura».
Su enfrentamiento con Pérez-Reverte

A diferencia de muchos autores que se quedan en su zona de confort, Uclés ha sido un nómada. Durante la escritura de su gran obra, La península de las casas vacías, David llevó una vida casi monacal. Dedicó quince años al proyecto, compaginándolo con trabajos precarios y mudanzas, manteniendo una fe casi obsesiva en una historia que muchos consideraban «demasiado larga» o «demasiado arriesgada». En una de sus entrevistas en La residencia, Uclés confesó que, en todo ese tiempo, no había podido ganar mucho dinero y que fueron las condecoraciones que recibió su novela lo que le permitió hacerse con un buen capital. Para entender a David hay que mirar sus manos, que no solo teclean.
Él mismo suele involucrarse en la estética de sus proyectos. Es un artista visual que necesita «ver» lo que escribe, lo que explica por qué sus descripciones son tan plásticas y detalladas. En este 2026, Uclés ganó el premio Nadal y ha mantenido una tensa desavenencia con Arturo Pérez-Reverte. Fue cuando Uclés se negó a acudir a debatir en un coloquio en Sevilla sobre la guerra civil española, en unas jornadas tituladas 1936: la guerra que todos perdimos. El propio escritor confesó que «había estado escribiendo una novela 15 años sobre la Guerra Civil, intentando hacer un ejercicio objetivo sobre ella, y lo que no podía permitirme es firmar ese lema. No la perdimos todos, la sufrimos todos».
«Cuando veo eso y que, entre los invitados, hay gente que desconocía que iban, como, por ejemplo, José María Aznar o Espinosa de los Monteros, cofundador de Vox, pues yo simplemente hago un vídeo en mis redes y digo: ‘Yo me bajo, pero vosotros seguid con vuestra fiesta, solo que yo no estoy cómodo», contó en La revuelta. «Ahora me odian y me han vetado. Era el cartel, el cartel era una declaración de intenciones», apostilló en el formato de David Broncano. Tras esto, le mandó un mensaje conciliador a Pérez-Reverte: «No eres tú, soy yo. Que no estaba cómodo yendo y ya está. Luego se fue de las manos, pero no te guardo rencor y espero que la jornada vaya superbién».
