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Sociedad

Las monjas HAM practican exorcismos para restaurar la virginidad y obligan a borrar tatuajes

Víctimas de la asociación religiosa denuncian el fomento de abusos sexuales intramuros bajo el amparo de ‘Marimí’

Las monjas HAM practican exorcismos para restaurar la virginidad y obligan a borrar tatuajes

La líder de las HAM, María Milagrosa Pérez, rodeada de hermanas de la asociación religiosa. | THE OBJECTIVE

A lo largo de los últimos años, la ex superiora general de las Hijas del Amor Misericordioso (HAM), María Milagrosa Pérez, ha promovido oraciones entre sus fieles abrazados a modo de «unión espiritual». Ese rato de oración es una práctica común, aunque secreta, que consiste en darse la mano o abrazarse sentados o tumbados en la cama en una plegaria a modo de premio. Incluso entre hermanos y hermanas.

En la carta enviada en febrero por una veintena de víctimas y sus familiares a León XIV, se advierte al pontífice de una serie de «graves abusos sexuales» cometidos supuestamente bajo el gobierno de la ex superiora general, así como «prácticas prohibidas y abusos litúrgicos» que han llegado incluso a desembocar en «oraciones de liberación y exorcismos con menores», así como en acciones propias de «teología herética». Si bien la rama femenina no es una congregación religiosa como tal, sí está reconocida como asociación por la Iglesia. «El problema no es que vivan al margen de la Iglesia», le hicieron hincapié al Papa en su misiva, sino que los seguidores de esta entidad religiosa han desarrollado «una cultura interna y un modo de gobierno que han producido graves abusos sexualesde concienciade poder y de libertad».

THE OBJECTIVE ha hablado con varias víctimas de las monjas HAM que denuncian que su líder religiosa, conocida como Marimí o Mami entre los seguidores, fomentaba intramuros abusos sexuales entre los miembros de su asociación y otras prácticas que no tienen el visto bueno de Roma, como exorcismos para restaurar la virginidad o la obligación de borrarse todos los tatuajes del cuerpo porque «eran la entrada del demonio al cuerpo» del que los llevaba, según el testimonio de una de estas personas que se los ha tenido que quitar.

El Tribunal de la Rota ha recibido en los últimos años varias denuncias contra Marimí. Una de ellas la señala directamente por presuntos abusos a un hermano de la rama masculina al que, según Marimí, Dios dio una «gracia especial para tener relaciones sexuales» con ella durante varios meses, creándose una dependencia «afectiva, psicológica y espiritual» del joven con la líder de las HAM.

Algunos de estos abusos se sucedieron mientras ella hacía uso de la eucaristía para que el joven se sintiese intimidado por la presencia de Dios. «El Señor nos da libertad para vivir esta gracia», justificaba la líder de las HAM junto al sagrario que tenía en su cuarto cada vez que la presunta víctima le preguntaba si tras esos encuentros de contenido sexual, él se encontraba en pecado y necesitado de pedir ayuda o contárselo a alguien. «No, te sientes mal por tus escrúpulos, yo siento que es una gracia y confío en Dios. Quien tiene los ojos limpios no ve nada sucio», le insistía para hacerle ver que no había nada malo en ello.

Los directores espirituales más mayores imitan esta práctica de utilizar el cuerpo de Cristo para imponer su voluntad a los más jóvenes. «Se lleva [Marimí] la eucaristía, y otros cabecillas con su permiso, a los cuartos de los que están ‘mal’. Nos la llevamos [la eucaristía] de vacaciones de nuestra casa desde hace cinco años, también a la casa que tiene el padre B. en Almorox [Toledo]», recuerda una de las víctimas. Además, cualquier atisbo de crítica interna se justifica con que Satanás está acechando a dicha persona y dentro del decálogo de faltas que ofenden «directamente al Señor», están las faltas de apertura o respeto «a la superiora», por lo que nadie puede contradecir a la líder.

Documento interno de las HAM con un decálogo de faltas que no se deben cometer.

Los abrazos para rezar, en muchas ocasiones entre hermanos y hermanas, han llevado a «desórdenes afectivos y una confusión enorme por la espiritualización que [se aprende] de Marimí», prosigue otra persona que estuvo con las monjas HAM y que no entendía esa «exageración de abrazos y besos» en la mejilla de la que hace gala continuamente la superiora de la asociación religiosa.

Marimí ha seguido un patrón de comportamiento con cada novicia que entra en las HAM. A cada una la ha sentado junto a ella en un sofá, a solas, para dar inicio a un largo abrazo en silencio, en torno a una hora. «Me sentí incómoda aunque no sufrí abusos. Al terminar, me dijo: ‘La unión espiritual ya está hecha’», rememora una exmonja a este diario. Tras ello, este tipo de oraciones, mezcladas con abrazos y bendecidas como premios, terminan en algunos casos en los citados «desórdenes afectivos» entre jóvenes que acaban de dejar la adolescencia. «A mí me entró apego por una hermana y cuando lo comenté, [Marimí] me insistió en que no me preocupara porque ‘son uniones del alma que regala Dios’», prosigue esta exmiembro de las HAM.

La entonces superiora general se metía en las habitaciones de las hermanas para ver cómo rezaban tumbadas y se abrazaban, rozando cuerpo con cuerpo entre las sábanas, mientras imploraban al Señor durante la oración. «Marimí también se metía en las camas, aprendieron de ella esa práctica. Una vez, me preguntó qué había sentido, reprochándome falta de transparencia porque no le había contado, como otras hermanas, la repercusión que había sentido sexualmente en el momento de la oración o por la noche al tener a alguien tan cerca», revela otra compañera que ya está fuera de la asociación. En su opinión, este tipo de oraciones provocaban una «confusión enorme» dentro de las HAM.

«Una hermana de dentro me reconoció estar traumatizada por una experiencia afectivo-sexual con otra, a la vez que me reconoció que no le sorprendía de Marimí su actitud: estuvo tres años sosteniendo que Dios daba la gracia especial para tener relaciones sexuales, porque era todopoderoso», explica una víctima sobre la forma de actuar de la superiora general hoy caída en desgracia; aunque María Milagrosa Pérez mantiene el gobierno de facto de las HAM gracias a la fidelidad que le profesan sus seguidoras más acérrimas, conocidas como «las Once» dentro de la asociación.

Exorcismos clandestinos y brebajes

Ese «amor infinito» que exhibía la líder de las HAM con los hermanos y hermanas bajo sus órdenes ha desembocado en pecados. Y ante la necesidad de limpiarlos, muchos de los miembros de la asociación religiosa recurren a la práctica de exorcismos dirigidos por un pequeño grupo de sacerdotes, a cuyo frente está el padre R., quien ha hecho votos secretos de fidelidad a las Hijas del Amor Misericordioso. «Había épocas en las que las hermanas iban varias veces cada semana al exorcista para realizar todo tipo de oraciones y que rezaran por ellas, por sus demonios, brujos o fantasmas que las atormentaban. El padre R. no tiene permiso para ello, en palabras de alguien de la diócesis de Madrid, y lo seguía haciendo. Su teoría es que el demonio se instala en partes del cuerpo y de ahí al abuso, hay nada», subraya una presunta víctima.

Este tipo de exorcismos clandestinos se practican en viviendas y parroquias, en ocasiones ante la atenta mirada de otros sacerdotes diocesanos junto al padre R. «A mí me dijo que me descubriera la zona del vientre y empezó a darme una especie de masaje entre letanías a todos los santos, en las que pedía la intercesión del padre Mansilla», el fallecido fundador de las HAM. «Su explicación era que me estaba desatando los nudos del vientre para sacar el demonio que llevaba dentro y me añadió que si notaba excitación sexual en la zona genital, era normal. Y era cierto, lo notaba», señala la exmonja.

En ese proceso de limpieza y purificación por dentro, el párroco le recetó a la joven «un brebaje de aceite, agua y sal exorcizada» que tenía que beber mezclado durante una semana en ayunas y con los pies descalzos sobre una baldosa, nunca sobre parqué. «Me hizo polvo el estómago», recuerda con pesar esta última.

Otro aspecto polémico dentro de las HAM son las llamadas oraciones de liberación, en las que se producen desmayos colectivos o trances espirituales como si estuvieran en éxtasis con el Señor. Estos «seudoexorcismos», como los define un exmiembro, se han dado en campamentos con niños o retiros espirituales con menores de edad. «En las alabanzas hay caídas multitudinarias, llamadas descansos en el espíritu. Es una práctica que viene del pentecostalismo, basada en la oración de Pentecostés. En esta comunidad HAM se produce de un modo desaforado: prácticamente toda la asamblea puede estar en el suelo tirada», explica una de las fuentes consultadas por este diario.

«Si empiezas a empeorar, siempre te dicen que te sientes mal por la influencia del diablo o los traumas de tu familia. Al final, quedas atrapado en una dependencia absoluta emocional, de culpa, en secreto en el grupo. Una especie de síndrome de Estocolmo por cómo has sido manipulado y no querer traicionar al grupo. Vas empeorando el nivel de ansiedad y estrés, mentalmente empiezas a estar peor… y la culpa la sigues teniendo tú», concluye una persona que se salió de las HAM y que ha tenido que acudir a tratamiento psicológico tras su paso por esta comunidad religiosa en el punto de mira de la Iglesia.

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