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Sociedad

Una silla por 200 euros y un palco por 1.200: la Semana Santa más cara en Sevilla

La llegada masiva de turistas complica disfrutar de las procesiones en las calles y revaloriza los puntos elevados

Una silla por 200 euros y un palco por 1.200: la Semana Santa más cara en Sevilla

Domingo de Ramos en La Campana, Sevilla. | Joaquín Corchero (EP)

Vivir la Semana Santa de Sevilla cada vez es más agobiante por la ingente cantidad de personas que abarrotan las principales calles de la capital andaluza. Entre el Domingo de Ramos y el de Resurrección, la ciudad recibe a cientos de miles de turistas que se suman a una población que no deja de aumentar y que ya supera los 700.000 habitantes en 2026. En este contexto, contemplar los pasos de las hermandades se complica y, para estar presente en los mejores sitios, hay que llegar con horas de antelación. Por eso, las sillas, palcos y balcones reservados en la Carrera Oficial —tramo por el que pasan todas las cofradías en su camino a la Catedral— se encarecen año tras año, subiendo este año entre el 2,6% y el 3% con respecto a 2025.

El alquiler de una silla va de los 90 a los 200 euros, aproximadamente, y por un palco puede llegar a pagarse entre 800 y 1.016 euros —precios oficiales con IVA incluido; luego existe un mercado secundario—, unos precios que levantan la polémica una vez más por impedir a los devotos con menos recursos disfrutar de los cristos, las vírgenes, los nazarenos y las bandas que recorren las calles del casco antiguo durante esos ocho días. El mercado está cada vez más cotizado y no se atisba su tope todavía en las proyecciones para lo que está por venir.

A esto hay que sumar que los turistas —nacionales y extranjeros— se paran donde pueden en mitad de la calle para apreciar algo en la lejanía. Aunque sea por mero desconocimiento, eso provoca el malestar de los sevillanos, que conocen los mejores rincones para disfrutar de su semana grande, su música y sus imágenes, y se quejan del entorpecimiento del tráfico peatonal que significan los forasteros durante esos días. Esta experiencia hace que cada año las calles estén más masificadas, se generen más problemas de seguridad en las bullas —existe un riesgo real de avalanchas humanas— y callejear para ver cofradías se convierta en una costumbre menos apetecible para la población autóctona. Ni que decir tiene que los mayores y las personas con movilidad reducida son minoría en estas riadas de personas que inundan el centro.

Los que evitan esta situación de forma segura son los que consiguen sillas y palcos en la Carrera Oficial, una tradición asentada pero controvertida por su alto coste. Entre ambas modalidades, hay disponibles unas 70.000 plazas este 2026, pero la demanda es muy superior, lo que motiva una subida constante de precios. Sobre el papel, no son un bien que se pueda tener en propiedad, pero en la práctica sí existe una transmisión familiar regulada —prácticamente es una herencia—, ya que jurídicamente es una cesión autorizada.

La instalación y gestión de las sillas y los palcos de la Semana Santa de Sevilla corresponde al Consejo General de Hermandades y Cofradías, otro punto que levanta las quejas de muchos sevillanos no creyentes que protestan por la delegación de semejante responsabilidad «a los capillitas», ya que afecta al espacio público más cotizado durante los ocho días más importantes del centro —solo rivaliza en cifras con la Feria de Abril, que se celebra en las afueras, en los terrenos entre los barrios de Los Remedios y Tablada—. Este organismo los instala y los coloca, regula su uso mediante un reglamento y gestiona su venta y adjudicación. Además, los ingresos obtenidos —que superan los 3 millones de euros anuales— sirven en gran parte para financiar la actividad de las cofradías.

El privilegio de tener un palco o una silla en la carrera oficial

Este mes de marzo, en los prolegómenos de la Semana Grande, el Ayuntamiento de Sevilla ha comenzado a disponer las sillas en el casco antiguo, en calles como Sierpes o la Avenida de la Constitución. Estas se colocan habitualmente desde finales de Cuaresma para que desde allí puedan disfrutar de la carrera oficial quienes las hayan alquilado. Su precio abarca desde unos 90 euros en zonas más alejadas hasta cerca de 200 euros en lugares privilegiados.

Los palcos son otra historia. Ubicados en la Plaza de San Francisco y La Campana, entre otros cotizados puntos alrededor de la Catedral, son mucho más caros y pueden superar fácilmente los 900 o incluso 1.000 euros. Los precios dependen del número de plazas en cada uno de los palcos y la ubicación del mismo, siendo los más cercanos a la seo los más demandados. THE OBJECTIVE ha comprobado cómo se intentan «prestar» a cambio de cantidades mayores, que fácilmente pasan de los 1.200 euros.

La Carrera Oficial no es más que el tramo de aproximadamente 1,5 kilómetros que transcurre entre la Plaza de la Campana y la Plaza del Triunfo por el que deben pasar todas las hermandades para completar su estación de penitencia. Más allá de estos límites, cada una completa su itinerario particular para trasladarse desde su templo hasta el mencionado recorrido obligatorio y, una vez realizada la estación de penitencia, volver a su iglesia con sus nazarenos, vírgenes y cristos.

Las estructuras de los palcos han ido ganando altura con los años y ya es imposible ver algo desde las zonas aledañas. Las sillas están perfectamente acotadas y no hay manera de acercarse a ellas, como sí pasaba hasta hace relativamente poco. Entre el Ayuntamiento y las hermanadas han conseguido tapar hasta el último resquicio por el que los sevillanos que no gozaban de estos sitios numerados sí podían asomarse, aunque fuera por un momento.

Coincidentemente, es en estos puntos donde se agolpan los curiosos, por lo que son los más peligrosos para las aglomeraciones, lo que ha llevado a la organización a invertir en todo tipo de medidas: señales que dirigen el tráfico a pie para que nadie se quede parado, pasillos debidamente señalizados para que solo puedan usarse en una única dirección, guardias de seguridad que obligan a circular sin prestar atención a los pasos de Semana Santa… y lo que ha enfurecido a muchos: paneles ubicados junto a la Catedral para que nadie vea nada desde más allá de los palcos y las sillas. Se aduce que es una medida de seguridad, pero esto no ha convencido a los vándalos que han destrozado algunos de ellos en los últimos días, presumiblemente a modo de protesta.

Vivir la Semana Santa en primera fila, privilegio heredado

Las plazas se asignan para todos los días de procesiones por la Carrera Oficial y solo pueden usarlas quienes figuren como titulares, por lo que no pueden cederse sin autorización. Al menos, oficialmente. El sistema se basa en lo que se llama «derecho de antigüedad» o preferente. Esto significa que quien ha tenido una silla o palco un año tiene prioridad para renovarlo al siguiente y solo lo pierde si renuncia. Además, el titular puede solicitar un cambio de nombre —normalmente entre familiares directos— y así se mantiene la antigüedad del sitio, lo que provoca que muchas sillas y palcos lleven décadas en la misma familia. En la práctica, esto crea una especie de «propiedad de uso», aunque legalmente no lo sea. Nuevamente, se genera debate en la sociedad sevillana al respecto.

Los precios están fijados cada año por el Consejo: según la zona (Campana, Sierpes, Catedral…), si son silla o palco y el número de plazas de cada uno. Durante años ha existido un sistema informal de cesión de abonos, aunque esté prohibido, lo que se asemeja a una subasta, aunque en realidad es un mercado paralelo no autorizado. Para acabar con ello, el Consejo ha intentado frenarlo con medidas como el control de identidad, la digitalización de los abonos y la imposición de sanciones por cederlos de forma irregular. No existe una subasta oficial, sino un mercado paralelo no autorizado.

El negocio de tener un balcón en el centro de Sevilla

El precio de un balcón del centro de Sevilla para poder ver desde lo alto la Semana Santa ronda los 6.000 euros, según ha podido confirmar THE OBJECTIVE, pudiendo alcanzar casi los 10.000 euros si se ubica en la zona de la calle Sierpes —en plena Carrera Oficial antes de llegar a los palcos—, uno de los puntos más cotizados. Esta ubicación elevada es la más privilegiada para ver los pasos y la magnitud de lo que está sucediendo en las calles hispalenses y, a ello, hay que sumar los servicios incluidos de catering y atención personalizada.

El alquiler de balcones, como el de una habitación, conlleva obligaciones fiscales por ser rendimiento del capital inmobiliario y puede implicar el pago de IVA, ya que es una actividad distinta al arrendamiento de vivienda habitual. De no declararse, acarrea sanciones que pueden llegar al 150% de la cantidad no declarada, lo que indica lo lucrativo del negocio, aunque solo funcione ocho días al año.

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