El refugio de Georgina en Jaca antes de ser famosa: «Yo era una niña normal en un pueblo pequeño»
La empresaria vive ahora una vida muy distinta a la que tenía de pequeña junto a su hermana y su madre en Huesca

Georgina Rodríguez, en una imagen de archivo. | Gtres
Georgina Rodríguez no siempre vivió en una casa de varios millones de euros. La prometida de Cristiano Ronaldo lo pasó realmente mal durante su infancia que estuvo marcada por una etapa de niñez austera en Jaca, la ciudad que le vio crecer. Fue en Buenos Aires donde Georgina vino al mundo y, al poco tiempo de nacer, su familia decidió trasladarse hasta España. Concretamente a esta pequeña localidad de Huesca que guarda mucho encanto.
Su padre, Jorge Rodríguez, era argentino, y su madre, Ana María Hernández, es española. Sin embargo, su estancia en Argentina fue breve; cuando ella era muy pequeña, la familia se trasladó a Jaca, un pequeño municipio en el Pirineo aragonés (España), de donde es originaria su madre. Desde los cuatro años, Georgina encontró su refugio en el ballet. Formó parte del Susini Dance Studio y llegó a ser parte del Joven Ballet del Pirineo. Ella misma ha mencionado que el rigor de la danza le enseñó la constancia y los valores que aplica hoy en día. Aunque amaba bailar, ella siempre supo que Jaca se le quedaba pequeña y que quería explorar el mundo.
La infancia de Georgina en Jaca

Lejos de los lujos que vive hoy con Cristiano Ronaldo, su infancia estuvo marcada por la sencillez y, en ocasiones, por las dificultades económicas y familiares. Cuando era muy pequeña, sus padres decidieron tomar caminos por separado. Su progenitor estuvo ausente durante largos periodos debido a problemas legales y personales, lo que hizo que ella y su hermana, Ivana, se volvieran inseparables y muy independientes desde jóvenes. Para poder costearse sus sueños y mudarse a Madrid, trabajó como camarera en su ciudad natal antes de dar el salto a la capital.
Antes de cumplir la mayoría de edad, Georgina decidió marcharse hasta Madrid, donde comenzó una nueva etapa. Antes de eso pasó por Bristol donde trabajó como au pair cuidando a niños. Su objetivo era aprender inglés, sabiendo que eso le abriría puertas en el sector del lujo. A su regreso a España, se instaló en Madrid y comenzó a trabajar en tiendas de marcas de alta gama, como Massimo Dutti y, finalmente, Gucci, donde su vida cambiaría para siempre al conocer al futbolista portugués. Sin duda, su vida cambió cuando conoció a Cristiano Ronaldo, «pero yo ya sabía lo que era trabajar duro para conseguir lo mío».
Si hubo un lugar que definió su infancia, fue la Academia de Danza Susini. Pasaba horas allí cada día. El ballet clásico fue su vía de escape ante los problemas familiares —especialmente la ausencia de su padre—. Georgina ha dicho que el ballet le enseñó a ser cuadriculada y constante. Esa sala de espejos y barras de madera era donde se sentía segura y poderosa. Jaca es una ciudad pequeña rodeada de montañas imponentes, y eso marcó su estilo de vida. Para ella, el refugio era el paisaje. A menudo menciona que esa conexión con la naturaleza es lo que hoy intenta transmitir a sus hijos, llevándolos a la nieve o al campo siempre que puede.
«Mi hermana Ivana y yo siempre hemos sido una. Ella es mi hogar, mi refugio y mi apoyo»
En su casa de Jaca, el refugio no eran las paredes, sino el vínculo con su hermana mayor, Ivana. Al tener una situación familiar compleja, las dos hermanas crearon un núcleo indestructible. Se apoyaban en todo; desde compartir la ropa hasta soñar juntas con una vida mejor fuera del pueblo. Ivana era su protectora y su confidente en los momentos de escasez. Para ella, Jaca le marcó para siempre. «Jaca es el lugar donde crecí, donde disfruté, donde me formé. Para mí, mi refugio siempre fue la danza. El ballet me ha dado la disciplina, el compañerismo y el amor por el arte que tengo hoy», ha contado en alguna que otra ocasión.
Y es que, como ella misma ha confesado, era «una niña normal en un pueblo pequeño. Mi vida era ir al instituto, salir y meterme en la academia de baile. No teníamos lujos, pero teníamos libertad». En su reality contó que «sé lo que es no tener nada y sé lo que es tenerlo todo. Por eso, cuando veo a alguien que lo está pasando mal, mi corazón se rompe, porque yo he estado ahí». «Antes vendía bolsos en la calle Serrano y ahora los colecciono. Es una locura cómo la vida te puede cambiar en un segundo, pero yo no olvido de dónde vengo», apostilló. «Mi hermana Ivana y yo siempre hemos sido una. Ella es mi hogar, mi refugio y mi apoyo. En Jaca estábamos solas contra el mundo en muchos sentidos, y eso nos hizo fuertes», añadió, sobre la soledad en la infancia.
Georgina suele recalcar que su riqueza no es solo el dinero, sino la experiencia de haber vivido ambos mundos. Una frase que resume su filosofía es: «Muchas veces me dicen ‘qué suerte tienes’, y yo digo: ‘Suerte es haber tenido una infancia con valores’, no el dinero que tengo ahora en el banco». Ahora, su vida es muy distinta. Aunque su residencia oficial sigue estando en Arabia Saudí —donde Cristiano Ronaldo continúa su etapa profesional en el Al-Nassr—, Georgina pasa cada vez más tiempo en España. Recientemente, ha inaugurado una impresionante casa en el centro de Madrid, en uno de los barrios más exclusivos de la capital.
Su vida diaria gira en torno a sus cinco hijos y, también, sus proyectos. Sigue siendo la española con más seguidores en Instagram —superando los 60 millones— y es fija en eventos como la MET Gala o el Festival de Cannes. Su serie Soy Georgina en Netflix ha sido clave para que el público empatice con ella, mostrando que, aunque viaja en jet privado, sigue merendando ibéricos y cuidando de sus amigos de siempre —las Queridas—.
