Mauro, el hijo de Almudena Grandes que 'huyó' de su apellido: «Cocinar con él fue mi forma de poner orden en el caos»
La escritora murió hace unos años, dejando a su familia totalmente rota, especialmente a la que formó con Luis García Montero

Almudena Grandes junto a Luis García Montero. | Gtres
Almudena Grandes vivió una vida marcada por su familia. Luis García Montero formó una parte fundamental de su producción, al igual que lo hicieron sus dos hijos; Mauro y Elisa. Sí que es cierto que la escritora, quien murió hace unos años de cáncer, siempre quiso que sus vástagos estuvieran en un segundo plano, que no se dedicaran a ninguna profesión en la que se pudieran examinar cada uno de sus pasos. Algo que consiguió, sobre todo, con Mauro, pero que no logró con Elisa, quien fue noticia por sus realidad política, muy alejada de la de sus padres.
Fueron varias las ocasiones en las que Almudena se pronunció sobre Mauro, aunque siempre de forma discreta. En 2002, en la novela Los aires difíciles, Grandes confesó que Mauro era «el hombre de su vida». Esta frase marcó un antes y un después en cómo el público percibía su relación. Mauro nació de una relación anterior de Almudena, con quien también dio un paso muy importante en su noviazgo, antes de que ella se casara con Luis García Montero. Durante años, fueron ellos dos solos contra el mundo, lo que forjó un vínculo de una lealtad absoluta.
Mauro, el discreto hijo de Almudena Grandes

Almudena siempre se sintió muy orgullosa de la familia que construyó con Luis García Montero. Mauro fue el nexo de unión. «En mi casa no hay hijos de unos y de otros, todos son nuestros», relató sobre la familia que había formado junto al reconocido escritor. Y es que ella aportó a Mauro a su familia en común, al igual que lo hizo García-Montero con Irene. Es más, el escritor siempre consideró a Mauro como su hijo y Mauro siempre ha considerado a Luis su padre a todos los efectos, manteniendo una relación excelente que perdura hoy tras la muerte de la escritora.
A diferencia de su hermana Elisa —que estudió Filosofía y se vinculó a la política—, Mauro ha seguido un camino más técnico y alejado de los focos. Se ha hablado que Mauro ha estudiado Ingeniería Informática en la Universidad Pontificia de Comillas (ICAI), una realidad que nunca ha sido confirmada. Quienes le conocen le describen como un hombre brillante, muy culto —lector voraz como su madre— pero extremadamente alérgico a la fama. Tras el fallecimiento de Almudena en 2021, Mauro ha estado presente en los actos institucionales más importantes —como el nombramiento de su madre como Hija Predilecta de Madrid—, pero siempre en un segundo plano, dejando el protagonismo a Luis o a los textos de su madre.
«Cocinar para Mauro es mi forma de poner orden en el caos»

Si algo unía a Almudena con Mauro era el placer de la mesa. Ella contaba que Mauro era su comensal más exigente y agradecido. En sus columnas de El País, a veces soltaba perlas sobre la intendencia doméstica. «Cocinar para Mauro es mi forma de poner orden en el caos», escribió en una ocasión. Aunque Mauro distaba mucho, profesionalmente, de su progenitora, lo cierto es que su conexión tuvo mucho más que ver con lo sentimental. Sin duda alguna, lo que marcó un antes y un después en su vida fue su relación con Luis García Montero. Se conocieron en 1992, en un congreso de literatura. Por aquel entonces, ambos ya eran figuras potentes: ella había roto moldes con Las edades de Lulú y él era el poeta referente de la Poesía de la experiencia.
Almudena solía contar con humor que, al principio, Luis le parecía «un poco serio», pero que pronto descubrieron que compartían no solo la pasión por los libros, sino una forma idéntica de mirar el mundo y la política. Se casaron en 1994. Lo que hacía especial su relación era la ausencia total de competencia. Eran los primeros lectores el uno del otro. Esto hizo que pudieran combinar su vida en pareja con su lado profesional. Y es que la opinión de García-Montero siempre fue fundamental para Almudena Grandes. Luis le dedicó poemarios enteros —como el famosísimo Completamente viernes—. Almudena decía que vivir con un poeta era «tener siempre una banda sonora para la vida».

La muerte de Almudena en noviembre de 2021 dejó una imagen que dio la vuelta a España: Luis García Montero depositando un ejemplar de Completamente viernes en el ataúd de su esposa. Fue el último gesto de amor público de una pareja que se lo había dicho todo a través de la tinta. Poco después, Luis publicó Un año y tres meses, un poemario desgarrador y bellísimo donde narra el proceso de la enfermedad de Almudena y el vacío que dejó. Es, posiblemente, la carta de amor póstuma más importante de nuestra literatura reciente.
Vivían a caballo entre su piso de Madrid —muy cerca de la calle Princesa— y su casa en Rota (Cádiz). Rota era su refugio de verano, donde recibían a amigos como Joaquín Sabina o Benjamín Prado. Allí, entre barbacoas y charlas que duraban hasta el amanecer, construyeron su historia más personal. Para el escritor, vivir con Almudena fue «vivir con la alegría». «Tenía una capacidad de contagiar la vida que hacía que todo fuera más fácil», contó en una ocasión.
