La princesa Mette-Marit reaparece en público con un dispositivo de respiración asistida
La familia real noruega trata de ofrecer una imagen de normalidad en un momento de crisis institucional

La princesa Mette-Marit | Gtres
La princesa heredera de Noruega, Mette-Marit, ha reaparecido en una actividad pública tras una etapa marcada por los escándalos. Y lo ha hecho en una recepción a los atletas paralímpicos, acompañada del príncipe Haakon, y de sus hijos, la princesa Ingrid y el príncipe Sverre Magnus, ofreciendo una imagen de normalidad después de unas semanas negras para la Casa Real noruega, a causa de las revelaciones sobre la amistad de Mette-Marit con el pederasta Jeffrey Epstein y el juicio por violación contra Marius Borg, el hijo que tuvo con su primera pareja.
Además, y por primera vez, la princesa heredera ha aparecido en un acto institucional con un sistema de respiración asistida: unas cánulas nasales discretas que, hasta este momento, solo había utilizado en salidas privadas y extraoficiales. Mette-Marit padece fibrosis pulmonar, una enfermedad crónica que, progresivamente, ha ido limitando su capacidad de llevar una agenda normalizada.
La Casa Real de Noruega lleva tiempo acostumbrando a sus ciudadanos y a los medios a cambios repentinos en la agenda oficial. Solo días atrás, nadie esperaba ver a Mette-Marit en la bienvenida que se ofreció a los reyes de Bélgica en el Palacio Real de Oslo, y sin embargo estuvo presente. Esta vez, el patrón volvió a repetirse. Para la recepción de los deportistas noruegos que tomaron parte en los Juegos Paralímpicos de Milán-Cortina 2026, únicamente estaba confirmada la asistencia del príncipe Haakon. Sin embargo, una actualización de última hora reveló que el futuro rey no acudiría solo.
La princesa heredera Mette-Marit apareció junto a él, en compañía de Ingrid Alexandra y Sverre Magnus, lo que convirtió el acto en una aparición en bloque de toda la familia. Una estampa de cohesión y continuidad que no se había visto desde antes de las pasadas Navidades, cuando la familia compartió agenda institucional por última vez, hace ya casi cuatro meses.
Esta imagen conjunta no es un detalle menor. Para muchos analistas y medios noruegos, supone una señal deliberada: la monarquía noruega está construyendo una nueva arquitectura interna, redefiniendo quiénes forman parte activa de la institución y cómo se distribuyen las responsabilidades públicas.
El oxígeno: un símbolo visible de la enfermedad
La fibrosis pulmonar de Mette-Marit se comunicó de manera oficial en 2018, pero fue el pasado 19 de diciembre cuando el diagnóstico adquirió una nueva y preocupante dimensión. Ese día, su neumólogo, Are Martin Holm, emitió un comunicado oficial y ofreció posteriormente una rueda de prensa en la que confirmó que el estado de salud de la princesa había empeorado de forma significativa. En aquella comparecencia, el médico no descartó que, en un futuro, pudiera ser necesario un trasplante de pulmón.
Aquel comunicado marcó un antes y un después en la gestión pública de la enfermedad. Quedó claro que Mette-Marit no tendría una agenda oficial regular y que sus apariciones se confirmarían siempre en el último momento, en función de su estado. También abrió la puerta a lo que sucedió después: durante las siete semanas que duró el juicio contra su hijo mayor, Marius Borg, la princesa se retiró prácticamente por completo de la vida pública.
El caso Marius Borg y el escándalo Epstein: golpes en cadena para la familia real
No ha sido un período sencillo para la monarquía noruega. A la delicada situación médica de Mette-Marit se le sumó uno de los episodios más oscuros de la historia reciente de la familia real: el procesamiento judicial de Marius Borg, hijo mayor de la princesa heredera y fruto de una relación anterior. Marius Borg acumula cuatro detenciones policiales y enfrenta 38 cargos presentados por la Fiscalía General del Estado, y continúa en prisión preventiva a la espera de que se dicte sentencia.
La princesa intentó abordar el escándalo a través de una entrevista pública en la que explicó los detalles de esa amistad, pero la reacción fue fría. Buena parte de la clase política, los medios de comunicación y la sociedad noruega no quedaron convencidos con sus explicaciones, lo que sumó una crisis de credibilidad a las ya numerosas dificultades que atraviesa la institución.
Aquella declaración médica del 19 de diciembre tuvo, además, una coincidencia perturbadora. Ese mismo día, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos hizo pública una ingente cantidad de archivos relacionados con el caso del magnate Jeffrey Epstein. Entre los millones de documentos divulgados, apareció el nombre de Mette-Marit, con evidencias de que la princesa había mantenido una relación de amistad con Epstein cuando este ya había sido condenado por delitos de prostitución infantil.

La princesa Ingrid y el peso de ser la única heredera disponible
La presencia de la princesa Ingrid Alexandra en el acto también fue una sorpresa relativa. Se sabía que había regresado a Oslo, dado que cursa estudios en Australia, lo que hacía probable algún tipo de aparición institucional. Sin embargo, nadie anticipaba un despliegue familiar completo.
La situación de Ingrid resume de algún modo las tensiones internas de la monarquía noruega. Sobre ella recae prácticamente todo el peso de representar a la nueva generación. La princesa Marta Luisa, tía de Ingrid, ya no desempeña funciones institucionales, y los problemas de Marius Borg han eliminado cualquier posibilidad de que este apoye a la Corona. El rey Harald, por su parte, tiene 89 años y arrastra problemas de salud recurrentes. Mette-Marit, aunque activa cuando su estado lo permite, no puede asumir una agenda regular.
En ese contexto, la decisión de enviar a Ingrid a estudiar a la Universidad de Sídney —literalmente al otro extremo del planeta— ha generado un debate implícito sobre cómo compatibilizar su formación académica con las crecientes necesidades de representación de la Casa Real.

El regreso sorpresa del príncipe Sverre Magnus
Quizá el aspecto más llamativo y debatido de esta reaparición familiar sea el del príncipe Sverre Magnus. Su presencia en el acto de los Juegos Paralímpicos no ha sido un hecho aislado: la próxima semana tiene previstas al menos dos apariciones oficiales más, acompañando a su padre el príncipe Haakon en actos vinculados al emprendimiento y al mundo de las startups.
Su regreso a la agenda pública ha despertado un notable interés en los medios noruegos, y no es para menos. Sverre Magnus es un personaje envuelto en incógnitas. Hasta donde se sabe, no está recibiendo ningún tipo de preparación formal para apoyar a la jefatura del Estado. A diferencia de su hermana Ingrid, no se conoce si cumplirá el servicio militar, si cursará una carrera universitaria orientada a sus futuras responsabilidades, ni siquiera si tiene intención de residir permanentemente en Noruega. Los últimos datos apuntan a que vivía en Italia, con intereses centrados en la fotografía y la producción audiovisual. El contraste con Ingrid es evidente y deliberadamente marcado: sobre ella sí se ha construido un relato institucional claro, con formación militar incluida. Sobre Sverre, el silencio ha sido la norma.

Este silencio tiene una explicación que los propios príncipes herederos se encargaron de mantener durante años: tanto Mette-Marit como Haakon insistieron públicamente, en entrevistas y comunicados oficiales, en que sus dos hijos —Marius y Sverre— eran ciudadanos privados como cualquier otro noruego, sin responsabilidades institucionales y con derecho a la protección de su vida privada.
Sin embargo, el caso Marius Borg derrumbó ese discurso. Sus cuatro detenciones y los 38 cargos que pesan sobre él pusieron en evidencia que, en la práctica, el joven vivía con los privilegios propios de la realeza —incluyendo el uso de pasaporte diplomático— sin asumir la responsabilidad de mantener la conducta ejemplar que se espera de quienes representan a la Corona y al Estado noruego.
Ahora, con Sverre Magnus sumándose a la agenda oficial y siendo presentado en actos públicos junto a su padre, la monarquía parece estar ensayando una nueva respuesta a sus propias contradicciones: un príncipe que antes era ciudadano privado empieza a actuar, tímidamente pero de forma visible, como un miembro activo de la institución. Si se trata de un cambio definitivo de rumbo o de una solución coyuntural ante la escasez de opciones, es algo que las próximas semanas deberán confirmar.
