Irán, en la encrucijada: las protestas internas y la presión de Trump sacuden al régimen islámico
La represión interna se ha intensificado drásticamente en los últimos días con la intervención del ayatolá Ali Jamenei

Protestas en Irán. | RRSS
La República Islámica de Irán atraviesa una de las semanas más convulsas de su historia reciente. Lo que comenzó a finales de diciembre como un estallido de descontento por la asfixia económica se ha transformado rápidamente en un desafío político mayúsculo para el sistema teocrático, agravado por una tensión internacional sin precedentes con la nueva administración estadounidense y el gobierno de Israel.
Según los últimos informes de agencias internacionales como Reuters y AFP, las manifestaciones, originadas por el desplome de la divisa nacional —el rial— y el fin de ciertos subsidios estatales, se han extendido ya a más de una veintena de provincias. Sin embargo, el cariz de las marchas ha mutado: las consignas sobre el precio de los alimentos han dado paso a gritos que piden abiertamente un cambio de régimen, poniendo en la diana a la cúpula del poder.
Del «malestar económico» a la represión en las calles
La respuesta del gobierno iraní ha sido errática y, en las últimas horas, cada vez más contundente. Si bien el presidente Masoud Pezeshkian intentó inicialmente trazar una línea divisoria, instando a las fuerzas de seguridad a no reprimir a quienes protestaban pacíficamente por «agravios económicos», la realidad sobre el terreno ha desbordado esa contención.
Fuentes de derechos humanos citadas por Associated Press (AP) denuncian que la represión se ha intensificado drásticamente tras la intervención del Líder Supremo, el ayatolá Ali Jamenei, quien este fin de semana calificó a los manifestantes más activos de «alborotadores» que deben ser «puestos en su lugar». Desde entonces, se han reportado decenas de muertos y miles de detenidos, con episodios de violencia que incluyen el uso de fuego real por parte de las fuerzas de seguridad y asaltos a hospitales para arrestar a heridos, según organizaciones no gubernamentales.
La situación es especialmente crítica en las regiones fronterizas. En la provincia de Sistán y Baluchistán, grupos locales han respondido a la represión con ataques dirigidos contra oficiales de policía, mientras que en las zonas kurdas se han convocado huelgas generales que han paralizado la actividad comercial, desafiando el control de Teherán.
La sombra de Trump y la amenaza exterior
Mientras el fuego interno crece, la presión externa aviva las llamas. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no ha tardado en posicionarse, advirtiendo a Teherán que Washington está «listo y cargado» para actuar si se produce una masacre de manifestantes. Tanto la Casa Blanca como el gobierno de Benjamín Netanyahu en Israel han expresado su apoyo explícito a las protestas, lo que ha llevado al Ministerio de Exteriores iraní a acusar a ambos países de instigar la violencia y de «injerencia flagrante» en sus asuntos internos.
El jefe del ejército iraní lanzó este miércoles una advertencia severa, asegurando que el país no se quedará de brazos cruzados ante las «amenazas retóricas» de potencias extranjeras. Teherán teme que la inestabilidad interna sea utilizada como pretexto para una operación militar externa, especialmente en un momento en que los rumores sobre la reactivación del programa nuclear iraní vuelven a cobrar fuerza.
Incertidumbre nuclear
Informes de inteligencia filtrados recientemente sugieren movimientos sospechosos en nuevas instalaciones, como el complejo de Taleghan 2, lo que ha encendido las alarmas en Occidente sobre la posible capacidad de Irán para ensamblar armamento nuclear en un plazo reducido. Trump ha sido tajante al respecto, amenazando con una intervención directa si detecta que el régimen intenta cruzar el umbral atómico aprovechando el caos.
Un escenario volátil
A día de hoy, el régimen se enfrenta a una «tormenta perfecta»: una economía en caída libre, una población que ha perdido el miedo a la calle y unos enemigos exteriores que parecen dispuestos a aprovechar cualquier debilidad. La crisis diplomática y social no muestra signos de remitir, y la comunidad internacional observa con cautela, consciente de que cualquier paso en falso podría desencadenar un conflicto de consecuencias imprevisibles en Oriente Medio.
La ONU ha pedido «máxima moderación» para evitar un baño de sangre mayor, pero con las comunicaciones por internet restringidas en varias ciudades y la retórica militar en aumento, el desenlace de este enero negro en Irán sigue siendo una incógnita.
