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Internacional

El hartazgo político en las calles de Irán con los ayatolás impulsa el regreso del sha

La juventud iraní añora la memoria anterior a 1979 mientras Reza Pahlavi les llama a mantener la presión en las calles

El hartazgo político en las calles de Irán con los ayatolás impulsa el regreso del sha

Manifestación este domingo en Londres en apoyo a la vuelta de la monarquía a Irán | Jacqueline Lawrie / Zuma Press

Las protestas que sacuden Irán desde finales de diciembre han entrado en una fase cualitativamente distinta. Lo que comenzó como una movilización contra el deterioro económico y la represión cotidiana ha evolucionado hacia un cuestionamiento directo del régimen de los ayatolás y de la arquitectura política nacida de la Revolución Islámica de 1979. En ese proceso, consignas hasta hace poco impensables han reaparecido con fuerza en las calles, universidades y concentraciones espontáneas: «¡Viva el sha!», «Javid Sha» o «Esta es la última batalla, Pahlavi volverá».

El balance de víctimas puede superar ya las 500 personas —según diversas organizaciones humanitarias—muchas de ellas muertas por el uso de munición real por parte de las fuerzas de seguridad. El Gobierno iraní ha respondido con un despliegue masivo de la Guardia Revolucionaria y del Ejército, detenciones masivas, apagones selectivos y un bloqueo casi total de internet y de las comunicaciones telefónicas, en un intento de impedir la salida de imágenes al exterior.

Ese apagón informativo ha sido parcialmente burlado gracias a sistemas de comunicación por satélite como Starlink, propiedad de Elon Musk. La difusión de vídeos de la represión ha tenido un efecto multiplicador tanto dentro como fuera de Irán. Musk llegó incluso a responder públicamente al líder supremo, Ali Jamenei, después de que este asegurara que el régimen «no será derrotado» y que las protestas solo «sacuden» al sistema. El empresario replicó en farsi con una expresión persa muy conocida, equivalente a calificar sus palabras de «falsa ilusión», una frase que, según múltiples grabaciones, ha sido adoptada por los propios manifestantes y coreada en las protestas. En este sentido, Musk decidió cambiar también este fin de semana la bandera iraní en los emojis de X por la bandera histórica de Persia con el león y el sol que también era usada en los tiempos de la monarquía.

La viralización de esas imágenes y mensajes ha contribuido a internacionalizar el conflicto. En Washington, la administración Trump observa la evolución de los acontecimientos con creciente atención. Según informaciones recogidas por The Wall Street Journal, la Casa Blanca estaría estudiando distintas opciones ante la intensificación del levantamiento. Entre ellas, un posible ataque aéreo a gran escala contra objetivos militares iraníes. Fuentes oficiales subrayan, no obstante, que no existe consenso sobre el curso de acción y que no se ha movido todavía ningún equipo ni personal militar en preparación de un ataque. De hecho, el presidente Trump aseguró este domingo a primera hora que su país «está listo para ayudar» a los iraníes que luchan por la libertad.

Opciones militares de EEUU

A corto plazo, las opciones militares estadounidenses son limitadas. En estos momentos no hay portaaviones en la región: el USS Gerald R. Ford se encuentra en el Caribe, mientras que el George Washington y el Abraham Lincoln están desplegados en el Pacífico occidental, a aproximadamente una semana de distancia. Es probable que uno de ellos sea enviado para entrar en el teatro de operaciones si la crisis escala. Mientras tanto, existen alternativas basadas en tierra, como se vio recientemente en Siria, donde ataques contra posiciones del Estado Islámico se lanzaron desde cazas F-15 Strike Eagle y A-10 Warthog desplegados en Jordania, con apoyo de drones. Sin embargo, varios países árabes podrían resistirse a que sus bases se utilicen contra Irán por temor a represalias directas.

Al mismo tiempo, dentro de la administración estadounidense se barajan otras vías. Algunos responsables han planteado la posibilidad de armar a sectores de la oposición o introducir armas de contrabando en el país, una opción extremadamente sensible que podría acelerar una escalada regional.

El respaldo político a los manifestantes iraníes también ha llegado desde el Capitolio. El senador republicano Lindsey Graham publicó un mensaje de solidaridad en la red X dirigido «al pueblo iraní», en el que afirmaba que su «larga pesadilla está a punto de llegar a su fin». «Cuando el presidente Trump dice “Hagamos Irán grande de nuevo”, significa que los manifestantes en Irán deben prevalecer sobre el ayatolá», escribió, subrayando que Irán «nunca será grande con los ayatolás y sus secuaces al mando».

El hijo del sha llama a la movilización

En este contexto de presión interna y atención internacional, ha vuelto a adquirir protagonismo Reza Pahlavi, hijo del último sha. Desde el exilio, el heredero insta a no conceder oxígeno diplomático al régimen. Sus mensajes han coincidido con un aumento visible de consignas monárquicas en las calles, incluso en universidades y espacios tradicionalmente hostiles al legado pahlaví.

A primeras horas de este domingo, Pahlavi dirigió un nuevo mensaje directo a la población iraní a través de las redes sociales, en el que trató de reforzar la movilización y transmitir una imagen de debilitamiento del aparato represivo del régimen. «Compatriotas», comenzó, «con vuestra presencia amplia y valiente en las calles de todo Irán por tercera noche consecutiva, habéis debilitado gravemente el aparato represivo de Jamenei y su régimen».

Según explicó, «me han llegado informes fiables que indican que la República Islámica sufre una grave escasez de mercenarios para hacer frente a los millones de personas en las calles», y añadió que «hasta ahora, muchos miembros de las fuerzas armadas y de seguridad han abandonado sus puestos de trabajo o han desobedecido las órdenes de reprimir al pueblo». Para Pahlavi, al líder supremo solo le quedaría «una minoría de mercenarios violentos que, como su dirigente criminal, no son iraníes y son antiiraníes, y consideran al gran pueblo de Irán su enemigo», advirtiendo de que «pagarán las consecuencias de sus actos».

El heredero reiteró además su convocatoria a la movilización prevista para la tarde de este domingo, llamando a extremar la prudencia: «Os pido que salgáis a las calles principales de las ciudades en grupos, con amigos y familiares; que no os separéis unos de otros ni de la multitud; y que no toméis calles secundarias que puedan poner en peligro vuestras vidas».

Pahlavi quiso subrayar también el respaldo exterior a las protestas. «Sabed que no estáis solos. Vuestros compatriotas en todo el mundo están amplificando vuestra voz, y pronto veréis imágenes de su presencia masiva y extendida», afirmó. Y añadió: «El mundo hoy está con vuestra revolución nacional y admira vuestro coraje». En ese contexto, destacó de forma explícita el papel de Estados Unidos: «En particular, el presidente Trump, como líder del mundo libre, ha observado de cerca vuestra valentía indescriptible y ha declarado que está dispuesto a ayudaros».

El mensaje concluyó con un llamamiento directo a mantener la presión en la calle: «No abandonéis las calles. Mi corazón está con vosotros. Sé que pronto estaré a vuestro lado».

Jóvenes bajo un sistema corrupto

El fenómeno no responde solo a una idealización del pasado, sino a un cambio generacional profundo. La mayoría de los manifestantes no vivió la monarquía, pero sí ha crecido bajo un sistema que asocian con represión, corrupción y aislamiento. En ese sentido, la memoria histórica juega un papel clave. El Irán anterior a 1979 era, en amplios sectores, un país secular y abierto. Basta recordar que los grandes bulevares de Isfahán, diseñados en época safávida entre los siglos XVI y XVII, sirvieron de modelo a los de París, o que las imágenes previas a la revolución muestran a mujeres vestidas con la moda occidental más avanzada de la época.

Ese contraste alimenta la narrativa de los manifestantes, que reivindican no solo un cambio político, sino una recuperación de la identidad nacional previa al dominio clerical. Las imágenes de jóvenes quemando retratos del ayatolá y símbolos del régimen se han convertido en uno de los iconos de estas protestas.

El debate sobre las consecuencias de una eventual caída del régimen también se ha trasladado al espacio mediático internacional. El podcaster y empresario iraní-estadounidense Patrick Bet-David ha afirmado que la desaparición del sistema de los ayatolás haría del mundo «un lugar más seguro». «Mucho del ruido que escuchamos en Oriente Medio desaparecería. Todo el mundo se beneficiaría de la caída de Irán hoy», añadió este domingo a FOX News.

El desenlace sigue siendo incierto. La oposición está fragmentada y el aparato represivo del Estado conserva una capacidad considerable. Pero el cambio en el lenguaje de la protesta —del reformismo a la ruptura simbólica y al cuestionamiento del sistema en su conjunto— apunta a una crisis de legitimidad profunda. Una crisis que, por primera vez en décadas, no solo sacude a los ayatolás, sino que vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre qué Irán fue, cuál es hoy y qué podría llegar a ser.

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