China invade las aguas de Perú y Chile en búsqueda del cotizado calamar gigante
Miles de barcos del país asiático hacen peligrar la sostenibilidad del cefalópodo en las costas del Pacífico sudamericano

Barcos pesqueros chinos.
La llamada guerra del Calamar Gigante ya ha comenzado de forma oficial. China lleva años invadiendo las aguas territoriales de Perú y Chile con miles de barcos pesqueros que, según denuncian autoridades y gremios locales, no solo cumplen una función económica, sino también geoestratégica. La excusa es la pesca del cotizado cefalópodo conocido popularmente como «pota». Perú ha sido históricamente el principal productor mundial de esta especie, que representa uno de los pilares de su sector pesquero y de exportación. Ahora China acaba de arrebatarle ese primer lugar.
La pota es una especie clave del ecosistema marino del Pacífico oriental. Su alta demanda internacional, especialmente en mercados asiáticos, ha convertido su captura en un asunto de seguridad económica para Perú. Desde que el Gobierno peruano plantase cara al gigante asiático imponiendo a su flota la obligación de portar sistemas de seguimiento por satélite, los buques pesqueros chinos se han visto forzados a buscar soluciones alternativas. La primera estrategia ha sido migrar hacia el sur, a la zona de jurisdicción chilena. La segunda consiste en apostarse justo en el límite de las 200 millas náuticas que delimita el área económica exclusiva del Perú, con la consiguiente indignación del país.
«Las regulaciones que se han dado han sido inspiradas por Calamar Sur, pero todavía son absolutamente insuficientes», asegura a THE OBJECTIVE el presidente de Calamasur, una organización conformada por actores de la industria pesquera de la región, Alfonso Miranda. «De haber entrado 350 barcos chinos a hacer logística en el Perú pasaron a entrar cero a partir de esa norma».
Los profesionales del sector denuncian, además, que numerosos barcos apagan deliberadamente sus sistemas de identificación automática para ingresar furtivamente en aguas territoriales. Diversos informes independientes han señalado patrones de desconexión masiva de dispositivos de rastreo en momentos críticos de captura. Estas prácticas, de comprobarse, constituirían violaciones del derecho marítimo internacional y han provocado enfrentamientos e incidentes diplomáticos en los últimos años. Algo que no sorprendería a la comunidad internacional, conocedora ya de las prácticas habituales de China en cuanto al respeto a la legalidad internacional.
En 2020, Perú reforzó su normativa y obligó a todas las embarcaciones extranjeras que pretendieran ingresar a puertos nacionales a portar dispositivos de seguimiento satelital que transmitan señal en tiempo real y sin posibilidad de manipulación. La medida buscaba frenar la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (Indnr), fenómeno que preocupa también a Chile y Ecuador.
Métodos y tecnología de pesca de las flotas chinas
Mientras que en Perú la pesca de pota se realiza principalmente de forma artesanal —por imperativo legal y como medida de conservación—, las flotas industriales chinas emplean técnicas mecanizadas de gran escala, capaces de capturar hasta tres toneladas diarias por embarcación. Estas técnicas incluyen la atracción del calamar gigante mediante potentes luces LED instaladas en cubierta, redes con mayores alcances —que permiten capturar el cefalópodo a kilómetros de donde son lanzadas— y la utilización de sistemas automatizados que, con solo pulsar un botón, multiplican notablemente la capacidad de pesca.
«La flota china ocupa todos los mares del mundo y tiene una función geoestratégica evidente», asevera el presidente de Calamarsur. «La flota que pesca calamar gigante pesca los 365 días del año, sin ninguna limitación, sin proteger ningún ciclo biológico. Mientras el comité científico no cumpla con su obligación de hacer un estudio del stock de población, deberíamos aplicar el enfoque precautorio», añade Mirandaen declaraciones a este diario.
Durante la noche, los barcos iluminan el océano con una intensidad visible a kilómetros, lo que consigue que los cefalópodos asciendan a la superficie y la pesca sea más sencilla y abundante. Muchos de estos buques cuentan además con maquinaria que permite lanzar y recoger líneas de pesca de manera continua, multiplicando su capacidad extractiva respecto a las embarcaciones artesanales peruanas. A ello se suman redes de mayor alcance y tecnología de localización avanzada que optimiza la detección de cardúmenes.
Además, la patronal pesquera de la región denuncia la existencia de buques nodriza que permiten que la flota china permanezca en alta mar durante meses, transfiriendo capturas también en barcos-factoría en los que son conservados los moluscos durante meses antes de enviarlos al continente asiático. Este modelo reduce costes operativos y mejora notablemente los medios usados por los países suramericanos, que respetan un marco normativo para la conservación de la especie.
