The Objective
Fíjate bien

No es juego, es guerra

En esa contradicción entre la vida y la muerte, entre la lógica y la sinrazón, Ucrania se abre paso al quinto año de guerra

No es juego, es guerra

Fotografía de Pío Cabanillas.

No es un juego de guerra, pero como si lo fuera. El tubo de cañón que atraviesa el encuadre, como una línea absurda cortando la foto y la calle, es para el niño la pieza más firme en su parque de juegos. Es un mástil, una frontera imaginaria que rebasar, un objeto inmóvil para hacer equilibrios. El niño, aún, sabe pocas cosas, apenas que nació en Ucrania, con la guerra, que en este febrero ambos han cumplido cuatro años, que su padre fue a defender a la patria y no volvió, que su hermano mayor, desde entonces, es su sombra protectora.

Fotografía de Pío Cabanillas.

En el parque infantil, en medio de artilugios guerreros absurdos, la ilusión diminuta de un niño juega entre la colosal desesperanza de los adultos. El pequeño entiende la guerra convertida en objeto inmóvil, porque le sirve de juguete, porque el niño no juega a la guerra, simplemente juega, con infancia obstinada, entre símbolos de violencia. En el pantalón luce una pegatina de Parque Jurásico; ironías de la vida, rememorando al matemático especializado en teoría del caos, ese Ian Malcolm que, testigo del desastre, mantiene el optimismo porque «la vida siempre se abre camino», muchacho.

Fotografía de Pío Cabanillas.

En esa contradicción entre la vida y la muerte, entre la lógica y la sinrazón, Ucrania se abre paso al quinto año de guerra. Pórtico de un mundo que se desmembra, desordenado, anticipo de otros conflictos. ¿Cuántas víctimas contamos ya, pueblo ucraniano? ¿500.000, 600.000? ¿Cuántos muertos, cuántos heridos? El niño aún no sabe sumar. Apenas entiende de conceptos abstractos que le bailan en su imaginación, también haciendo equilibrios sin asentarse bien. Sabe que, en la guerra, uno invade y otro se defiende, uno gana y otro pierde, como un juego de mesa perpetuo, un Monopoly con personajes de uniforme cuyo triunfo es la ruina del otro. 

La vida se abre camino como un Malcolm testigo del desastre. En medio de la crudeza cotidiana, el desvencijado columpio se resiste a caer, la habitación reventada mantiene intacta la librería, como símbolos de vidas heroicas que cabalgan desdichas como los niños montan los tubos de cañón, cual caballitos de un tiovivo.

Fotografía de Pío Cabanillas.

Ruinas empeñadas en resistir. Esqueletos en pie, resumen de la brava dignidad del pueblo ucraniano.

Texto de Gloria Lomana y fotografía de Pío Cabanillas.

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