Europa entra en guerra (silenciosa) con Rusia
La flotilla fantasma rusa combina el envío de combustible con operaciones de sabotaje y transporte de drones

Drones rusos utilizado en la guerra. | Francisco Richart (Zuma Press)
El autor analiza las tácticas emprendidas por Rusia para desestabilizar Europa y tratar de orientar a su favor las piezas políticas de poder con el que pretende vencer los obstáculos europeos y concluir con éxito su guerra en Ucrania; y para ello no duda en utilizar buques fantasma para eludir las sanciones petrolíferas, cortar cables submarinos, «hackear» servidores de aeropuertos o inundar nuestros cielos con drones para entorpecer el tráfico aéreo continental. Una guerra híbrida y silenciosa que no debe ocultarse a los ciudadanos europeos.
El pasado junio, Dmitri Medvédev escribió en Telegram que «Rusia debía convertir la vida de los occidentales en una pesadilla interminable hasta que ya no pudieran distinguir entre ficción y realidad». Si bien es cierto que, como decía Gardel, el siglo XX es un despliegue de maldad, el XXI da para guiones de varias series. Sin embargo, cuando parecía que nada podía sorprendernos, hemos visto cómo legiones de barcos fantasma surcan las aguas de Europa, cómo enjambres de drones invadían nuestros cielos y cómo miles de personas quedaban atrapadas en nuestros aeropuertos ante la imposibilidad de sacar su tarjeta de embarque. En definitiva, tal y como anticipó Medvédev, la vida de los europeos se ha convertido en un infierno.
En este trabajo vamos a analizar cuáles han sido las principales acciones que Rusia ha abanderado con el fin de amedrentar a los europeos y hacer que nuestras vidas se conviertan en una pesadilla.
Ciberataques contra aeropuertos europeos
El pasado 21 de septiembre, tres de los principales aeropuertos europeos, Berlín, Bruselas y Heathrow, se vieron obligados a suspender sus actividades de facturación por ataques cibernéticos. Los servidores de la compañía RTX –la empresa matriz de Collins Aerospace– sufrieron una «interrupción relacionada con la cibernética» que probablemente tuviera su origen en los grupos rusos que preparan ciberataques1. Durante el tiempo que duró este incidente, las operaciones de facturación y gestión de los equipajes no pudieron llevarse a cabo por vía telemática, llegando incluso a elaborarse las tarjetas de embarque a mano. Solamente en el aeropuerto de Bruselas, un total de 75 vuelos fueron cancelados en un solo día y, aunque en los casos de Berlín y Londres la incidencia fue menor, en su conjunto, el tráfico aéreo europeo se vio muy comprometido.
Lamentablemente no se trata de acciones aisladas. En julio de 2024, coincidiendo con la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de París, Francia sufrió un ataque similar contra sus instalaciones ferroviarias que bloqueó no solo a la propia Francia, sino también a sus conexiones internacionales de alta velocidad (Alemania, Bélgica, Países Bajos, etc.). Quien mejor definió la intención de los autores del ciberataque fue la presidenta de la región de París –Valérie Pécresse–, quien lo calificó como «un intento de desestabilización de Francia2». Eso es exactamente lo que quiere Rusia, desestabilizar. Para ello, Moscú no duda en cortar cables submarinos para dejar a oscuras a países enteros, en hackear servidores de servicios esenciales para bloquear a millones de viajeros o en inundar el cielo europeo de drones para evitar que puedan despegar nuestros aviones. Todas estas medidas forman parte de la pesadilla que anticipó Medvédev en junio pasado.
«Tres de los principales aeropuertos europeos, Berlín, Bruselas y Heathrow, se vieron obligados a suspender sus actividades por ataques cibernéticos».
Drones rusos
Desde verano de 2025, el avistamiento de drones de origen desconocido ha sido una constante en nuestros cielos. Se calcula que las interrupciones y los retrasos en el cielo europeo se han incrementado en un 400 % en el último año3. El caso más grave ocurrió en Dinamarca pocos días después del incidente de los aeropuertos. En concreto, el 25 de septiembre un enjambre de drones fue avistado en las ciudades danesas de Aalborg (Norte), Esbjerg (Oeste), Sonderborg (Sur), además de en la base aérea de Skrydstrup (Sur), donde están la mayor parte de los F-16 y F-35 de la fuerza aérea de Dinamarca. La primera medida fue el cierre del espacio aéreo danés, lo que debe ser considerado como una continuación de la estrategia de presión sobre Europa.
Además de estas ciudades, otros drones de origen desconocido sobrevolaron las plataformas petrolíferas danesas del mar del Norte y el importante puerto de Korsor4. Aunque el incidente de los drones en Dinamarca fue grave, no es comparable con lo ocurrido a comienzos de septiembre cuando 19 drones procedentes de Rusia y Bielorrusia invadieron el espacio aéreo polaco. En esta ocasión, Rusia no pudo ocultar su autoría, ya que los drones salieron de su territorio.
Lejos de cesar, los incidentes con drones se han convertido en algo habitual en Europa en general y, más concretamente, países como Francia, Rumanía, Suecia o Bélgica han sido presa de estos vehículos autónomos no tripulados. Uno de los últimos incidentes tuvo por escenario las ciudades de Bruselas y Gotemburgo, donde varios drones obligaron a cerrar sendos aeropuertos y amenazaron una central nuclear y tres bases militares.
Otro de estos incidentes ha tenido lugar en Países Bajos, concretamente en Eindhoven. El 22 de noviembre, drones no identificados invadieron el espacio aéreo obligando a las autoridades holandesas a cerrar su aeropuerto y la base aérea de Volkel5. De nuevo, vemos como los drones se han convertido en la principal arma de la pesadilla rusa.

Para Rusia, la producción de drones se ha convertido en una prioridad nacional y, por ello, su economía (de guerra) se encuentra especialmente orientada a este fin. En 2025, gracias a fábricas como la que tiene en Ekaterimburgo, Rusia prevé fabricar entre 3 y 4 millones de drones, una cifra que triplica la producción del año anterior6. Por el momento, los drones que han aparecido en cielo europeo eran drones decoy o drones señuelo, unos vehículos que solo buscan saturar el espacio aéreo. Sin embargo, después de lo ocurrido en Polonia, ya nadie descarta que en un momento dado esos drones puedan portar carga explosiva y además de saturar el cielo puedan producir daños.
Una de las preguntas que todo el mundo se hace es ¿de dónde salen los drones? Si bien es evidente que en el caso de Polonia los drones partieron de suelo ruso, no está tan claro cómo los drones que amenazaron Europa Occidental llegaron a sus objetivos sin ser detectados anteriormente. La respuesta no tenemos que buscarla en tierra sino en el mar, en la denominada «flotilla de buques fantasmas».
«Los incidentes con drones se han convertido en algo habitual en Europa. Francia, Rumanía, Suecia o Bélgica han sido presa de drones»
La flotilla de buques fantasmas
La estrategia rusa tiene un elemento fundamental en el mar. En concreto, me estoy refiriendo a lo que se ha venido a conocer como la «flotilla de buques fantasmas» que surca las aguas que rodean Europa. Desde hace ya algunos años, sobre todo desde que Rusia empezó a sufrir las sanciones por atacar a Ucrania, el Kremlin ha ido comprando barcos chatarra con la intención de usarlos para esquivar las mencionadas sanciones. La estrategia es adquirir petroleros poco aptos para la navegación, colocarles un pabellón de conveniencia y usarlos para llevar a cabo la técnica Ship-to-Ship. Esta técnica se centra en cargar petróleo en estos barcos fantasma en puertos rusos para luego, ya en alta mar, transferirlo a otras embarcaciones y evitar así las sanciones que pesan sobre Moscú. Gracias a esta técnica, Rusia ha podido eludir las sanciones y, sobre todo, conseguir el dinero suficiente para financiar la guerra contra Ucrania.
Uno de los lugares preferidos para llevar a cabo estos trasvases son las costas españolas de Ceuta y de Melilla. Y aunque las autoridades portuarias son conscientes de lo que ocurre, poco pueden hacer para evitarlo porque el traspaso del crudo no se produce en aguas jurisdiccionales españolas. El negocio del Ship to Ship es muy lucrativo; tan solo en 2023 Rusia movió más de 533 millones de barriles, lo que supuso un 25 % de sus ingresos por energía7.
«Además de transportar petróleo y gasolina, la ‘flotilla fantasma’ realiza otro tipo de actividades como es el sabotaje o el transporte de drones».
Sin embargo, la presencia de estos barcos no solo se limita al transporte de crudo. Además de transportar petróleo y gasolina, la «flotilla fantasma» realiza otro tipo de actividades como es el sabotaje o el transporte de drones. Si nos centramos en el primer tipo, debemos fijarnos en las acciones contra las redes de electricidad o de comunicaciones. Son muchos los intentos de interrumpir el flujo de datos mediante el corte de cables submarinos en los que barcos rusos o de la flotilla fantasma han estado implicados. Por recordar alguno, podemos destacar el intento de aislamiento que sufrió Finlandia el 24 de diciembre de 2024, cuando uno de estos petroleros de la flotilla fantasma, el Eagle S, trató de cortar los cables de electricidad y fibra óptica –Estlink 2– que conectan Finlandia con Estonia. El Eagle S, con pabellón de las Islas Cook, fue interceptado por los guardacostas finlandeses y se pudo evitar el sabotaje. Tanto el primer ministro como el presidente de Finlandia fueron muy claros en sus declaraciones. El presidente Stubb alertó de la presencia y de las actividades de estos barcos, señalando directamente a Rusia como su responsable. Por su parte, el primer ministro Michal lo calificó como un grave riesgo para toda la UE. Y hace pocas fechas, la policía finesa detuvo a dos miembros de la tripulación del barco Fitburg, sospechoso de dañar un cable de comunicaciones entre Finlandia y Estonia8.
Por último, hay que destacar el uso de los barcos de la flotilla fantasma como plataforma para el transporte y lanzamiento de drones. Como se ha mencionado anteriormente, los enjambres de drones han aparecido en diferentes lugares de Europa sin tener muy claro desde dónde despegan. La respuesta a esta pregunta la encontramos en la detención de uno de estos barcos fantasmas cuando se acercaba a las costas francesas. Así, la marina interceptó el Pushpa en las cercanías de Saint-Nazaire, ante las sospechas de haber servido de plataforma de lanzamiento de los drones que surcaron el espacio aéreo danés. Más allá de las dudas que generaron los repentinos cambios de nombre y de pabellón del Pushpa9, las autoridades francesas identificaron coincidencias entre la ruta seguida por este barco y los lugares en los que se desplegaron los drones rusos. Además, la inteligencia danesa publicó fotos en las que algunos tripulantes de este barco llevaban uniformes rusos.
Así pues, hay sospechas fundadas de que el Pushpa o el Bocay –como también se llama– pudiera ser la base flotante o el relé de algunos de los drones rusos que han violado el espacio aéreo europeo y que incluso estuviera dirigido por marineros rusos10. Otro elemento que provocó la sospecha de las autoridades francesas fue el origen del barco, el puerto ruso de Primorks. Se trata de una terminal marítima cercana a San Petersburgo que sirve de puerto al Special Technology Center, una de las principales fábricas rusas de material aeronáutico donde se fabrica el Orlan-10, un dron ruso cuyos restos se han encontrado en lugares como Polonia y Rumanía.
A pesar de que estos barcos han surcado las aguas del Mar del Norte y del Mediterráneo con relativa libertad, algunos de ellos han sufrido diferentes incidentes que incluso los ha llevado a su hundimiento. En total, cuatro barcos pertenecientes a la flotilla fantasma se han visto envueltos en incidentes que podrían ser calificados como de sabotaje:

a) El Vilamoura11, de pabellón liberiano, tuvo una explosión en su casco el 27 de junio de 2025 en las costas libias, cerca de Zuwentina.
b) El Seajewel12, de pabellón panameño, experimentó una explosión de origen incierto el pasado 15 de febrero de 2025 en el puerto italiano de Savona-Vado.
c) Por último, el casco del Grace Ferrum resultó impactado el 20 de marzo de 2025 en el puerto de Trípoli13.
Mención especial merece el Ursa Major, un petrolero ruso que sufrió tres explosiones consecutivas el pasado diciembre a tan solo 57 millas de las costas de Almería. Rusia lo consideró como un ataque terrorista y abrió una investigación penal tras su hundimiento. Las últimas informaciones al respecto aseguran que el barco transportaba dos reactores nucleares a Corea14.
Sabotajes convencionales
Además de las acciones anteriormente mencionadas, Europa en general y Polonia en particular han sufrido una serie de sabotajes que han afectado a sus instalaciones. La más reciente de estas acciones tuvo lugar en Polonia, en la vía férrea que conecta las ciudades de Varsovia y Lublin (Ucrania)15. El pasado 18 de noviembre se registró una explosión en la ciudad polaca de Mika. El sabotaje se produjo por la noche y, aunque la investigación sigue en curso, no se descarta que se produjera por el imparto de un dron suicida. La importancia de esta vía es vital para el suministro de armas desde Europa a Ucrania y, por ello, hace dos años, diez personas fueron detenidas por captar imágenes de la vía.
«Europa en general y Polonia en particular han sufrido una serie de sabotajes que han afectado a sus instalaciones».
También en Polonia se registraron una serie de explosiones provocadas por unos paquetes que llegaron a través de empresas de transporte. En mayo de 2024, el centro comercial Marywilska 44 (Varsovia) sufrió un incendio que fue calificado por las autoridades polacas como un acto terrorista y por el que fueron detenidas 32 personas de nacionalidad rusa, bielorrusa y ucraniana. También hay que destacar los incendios intencionados de la estación de metro de Wroclaw, en el almacén de un contratista de defensa en Siemianowice Slaskie o en subestaciones eléctricas de Varsovia y Legionowo.
Detrás de estas acciones parece adivinarse la mano del Kremlin, que estaría reclutando a polacos desencantados a través de la aplicación rusa Telegram para llevarlas a cabo. El objetivo último de esta política sería provocar el hartazgo de los polacos y, sobre todo, forzar un cambio de gobierno en favor de opciones políticas más favorables a los intereses de Rusia.
Conclusiones
Tal y como declaró la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, nos encontramos en guerra con Rusia, una guerra silenciosa y sin un frente definido más allá del ucraniano. El Kremlin es consciente de nuestras debilidades y, por ello, está tratando de convertir –en palabras de Dmitri Medvédev– «nuestras vidas en auténticas pesadillas». Más allá del daño explícito, hay un daño latente que busca el hartazgo de la sociedad europea. Desde la invasión rusa de Ucrania, Europa se ha mostrado firme con Rusia, o al menos más firme de lo que el Kremlin podría prever.
«El Kremlin es consciente de nuestras debilidades y, por ello, está tratando de convertir ‘nuestras vidas en auténticas pesadillas’».
Mediante el miedo y el enfado, Putin busca que los europeos votemos opciones políticas cercanas a sus intereses; unas opciones que incluso han venido percibiendo financiación rusa desde hace años. Solo un cambio de gobierno en lugares clave como Polonia, Francia o Reino Unido permitirá a Moscú garantizarse el éxito final de la Operación Especial que inició en 23 de febrero de 2023. De ahí la continuidad de los ciberataques, del vuelo de drones no autorizados en aeropuertos, de sabotajes de cables marinos y de otras tácticas no convencionales en la guerra híbrida emprendida por Rusia.

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