Israel ataca el mayor yacimiento de gas natural del mundo e Irán contraataca en Catar
El mercado energético mundial ya paga la factura: precios más altos e incertidumbre en los suministros

Planta de producción de gas natural licuado en la Ciudad Industrial de Ras Laffan, Qatar. | Stringer (dpa)
La guerra de Irán ha alcanzado una nueva dimensión este miércoles. Si el estrecho de Ormuz es el campo de batalla del petróleo, ahora se le suma el gas natural. A primera hora, el yacimiento iraní de South Pars ha sido bombardeado por Israel (con consentimiento de Estados Unidos, según ha informado el Ejecutivo de Netanyahu). Poco después, Irán ha respondido con misiles balísticos contra el complejo catarí de Ras Laffan, el mayor complejo de licuefacción de gas natural (GNL) del mundo. El resultado: incendios controlados en ambos lados, daños materiales significativos y una disrupción inmediata en el suministro global de gas.
Hasta ahora, las infraestructuras energéticas iraníes habían sido en gran medida respetadas para evitar un colapso de los precios mundiales. South Pars —en la provincia iraní de Bushehr— representa alrededor de un tercio de las mayores reservas de gas del planeta y es compartido geológicamente con Catar (donde se conoce como North Field). La producción iraní se destina mayoritariamente al consumo interno y a exportaciones limitadas a Irak; la catarí, en cambio, se licúa en Ras Laffan para alimentar mercados internacionales.
Según medios estatales iraníes, los ataques alcanzaron instalaciones petroquímicas y de procesamiento en South Pars. Se reportaron incendios que los equipos de emergencia lograron controlar y varias fases del yacimiento suspendieron temporalmente su producción, aunque el alcance exacto de los daños no ha sido cuantificado públicamente. Irán culpa directamente a Israel y Estados Unidos.
En respuesta, la Guardia Revolucionaria Islámica emitió una orden de evacuación inmediata para cinco instalaciones consideradas «objetivos legítimos» en Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Qatar: la refinería saudí Samref y el complejo petroquímico de Jubail; el yacimiento emiratí de Al Hosn; y, en Qatar, el complejo petroquímico de Mesaieed (y su filial Mesaieed Holding), junto con el propio Ras Laffan.
Horas después, misiles iraníes alcanzaron territorio catarí. Catar asegura que sus defensas interceptaron la mayoría, pero uno impactó en Ras Laffan Industrial City. QatarEnergy confirmó «daños considerables» y «extensos» en el complejo. Los equipos de emergencia, desplegados de inmediato, contuvieron los incendios. El Ministerio del Interior catarí informa de que no hay víctimas ni heridos. Todo el personal fue evacuado a tiempo.
Impacto en el suministro de gas natural mundial
Ras Laffan es el mayor centro de exportación de GNL del mundo y representa aproximadamente el 20% del suministro global de gas licuado. QatarEnergy ya había suspendido operaciones en el complejo (y en Mesaieed) tras ataques previos con drones a principios de marzo; la nueva agresión prolonga el parón indefinidamente. Los precios del gas en Europa han subido más del 50% en jornadas recientes. En Asia, el marcador JKM ha registrado alzas de hasta el 39%. Los principales afectados son los importadores asiáticos —China, Japón, Corea del Sur y otros, que absorben el 82% de las exportaciones cataríes— y, en menor medida, Europa, que depende del GNL para diversificarse de Rusia.
Por su parte, South Pars suministra gas esencial al mercado interno iraní y a Irak (entre el 33% y el 40% de su consumo). El ataque ha interrumpido flujos hacia Bagdad y ha contribuido a la subida del barril de Brent por encima de los 110 dólares. Dado que ambos países explotan el mismo reservorio geológico, cualquier daño estructural profundo en el lado iraní podría, a medio plazo, afectar también la producción catarí. Paradojas de la guerra.
Al cierre de esta edición, los incendios en ambos complejos están bajo control y no se reportan víctimas. Las autoridades cataríes evalúan los daños e Irán ha desviado gas para su mercado interno. El mercado energético mundial, sin embargo, ya paga la factura: precios más altos, incertidumbre en los suministros y la sombra de que esta guerra ha cruzado la línea roja de las infraestructuras que sostienen la economía global.
