El fabuloso tesoro que EEUU le disputa a los chavistas y sus amigos en Venezuela
«Recursos» no es sinónimo de «riquezas» y Venezuela es como un mendigo convaleciente, sentado sobre dinero enterrado

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. | EP
En un territorio dos veces la superficie de España, Venezuela reúne las mayores reservas mundiales de petróleo, las octavas de gas natural, tal vez las décimas de oro, además de depósitos y yacimientos no del todo cuantificados de bauxita, diamantes, coltán y hasta tierras raras.
Pero «recursos» no es sinónimo de «riquezas». Venezuela es como un mendigo convaleciente, sentado sobre sacos de dinero enterrado. También es un caso de emergencia humanitaria compleja según la ONU, uno de los países más pobres de América y uno de los más corruptos del mundo.
Ahora, tras los conocidos hechos del 3 de enero, las presiones de la diplomacia de la zanahoria y del garrote que impulsa Estados Unidos abren la posibilidad de ciertos cambios en el fracasado modelo socialista chavista.
En lo que va de 2026, se ha despertado el interés internacional sobre la economía de Venezuela. Reportes del Gobierno interino de Delcy Rodríguez dan cuenta de una sucesión de visitas de funcionarios de Estados Unidos, de ejecutivos y técnicos de grandes empresas de ese país y de Europa, para evaluar oportunidades de inversión en algunas áreas estratégicas. Los hidrocarburos y los minerales están en el centro de la escena, pero hay más.
Corporaciones, consultoras, centros de pensamiento, empresarios y fondos de inversión estudian oportunidades que todavía están sujetas al escenario político y a que ciertos cambios ocurridos por aquí sean irreversibles o no.
Hasta ahora solo se ha reformado la ley de hidrocarburos para abrir todos los segmentos de este sector estratégico a la inversión privada. También está en marcha la reforma a la ley de minería y se estudia otra para modernizar el arruinado sector eléctrico, pues la escasez de luz es la camisa de fuerza que limita cualquier expansión de la economía venezolana.
Desde que encabeza el poder chavista como presidenta encargada, y bajo presión de EEUU, la abogada Delcy Rodríguez ha pedido a la Asamblea (controlada por su hermano Jorge) que reforme estas leyes con la idea de atraer inversiones masivas de empresas occidentales del petróleo, gas y servicios conexos para explotar al menos una parte de los 303.000 millones de barriles de crudos que duermen el sueño de los justos en este territorio de gracia.
Solo por ocio, diremos que ese petróleo, puesto a 50 dólares el barril, tendría un valor de mercado hoy de 13 billones de euros, casi 10 veces el tamaño del PIB de España. Guardando las distancias, el interés por una hipotética apertura económica en Venezuela recuerda la fiebre de inversiones desatada en torno a los países de Europa Oriental, cuando se derrumbó la Unión Soviética arrastrando a los regímenes autoritarios de sus países satélites.
Años de fieros y huecos discursos nacionalistas del chavismo, populismo, corrupción y simple incapacidad gerencial llevaron a la ruina a la industria petrolera, eléctrica y minera de Venezuela. Las empresas básicas que procesaban minerales para convertirlos en metales exportables, y en divisas, como la Siderúrgica del Orinoco, las reductoras de aluminio Alcasa y Venalum y la productora de mineral de hierro Ferrominera y la refinadora de oro Minerven, son cascarones en ruinas.
Al socialismo chavista se sumarían el control de militares sin preparación sobre gerencia de industrias estratégicas; el uso de las empresas del Estado como caja chica de la mal llamada revolución bolivariana, la corrupción, la malversación de fondos, el atraso tecnológico, la falta de inversiones, las confiscaciones de empresas privadas, la inseguridad jurídica, la violencia criminal en las minas, los daños ecológicos y más tarde las sanciones de Estados Unidos para hacer del sector minero en Venezuela lo que probablemente sea uno de los mayores desperdicios históricos documentados en cualquier país del mundo.
Y aunque está muy lejos una posible transición hacia la democracia en Venezuela, ahora es en estos sectores y sus industrias conexas donde salen a flote millonarias oportunidades de inversión.
El Dorado en Venezuela no era un mito para engañar españoles
En estas casi tres décadas, el chavismo dejó bajo tierra o dilapidó enormes recursos que hubieran financiado un salto al desarrollo. Este país hubiera avanzado si esos minerales se hubieran destinado a inversiones en salud, educación, infraestructura, calidad de vida, tecnología, medioambiente y a fomentar los derechos civiles y la democracia.
Pero nada de eso pasó. Venezuela es uno de los países más pobres de América, según indicadores recopilados por el Fondo Monetario Internacional, acompañando a Nicaragua, Cuba y Haití en el podio. También es último de la fila en Estado de derecho de acuerdo al World Justice Project, y es una autocracia electoral que ocupa el lugar 170 entre 179 países del mundo en cuanto al Índice de Democracia 2026 del Instituto V-DEM de la Universidad de Gotemburgo.
Pero ya sabemos que la explotación de recursos minerales no tiene mucho que ver con democracia ni derechos; si no, que lo digan los diamantes y el oro de sangre salidos de países africanos y latinoamericanos y comercializados impunemente en Europa, Asia y América del Norte.
En Venezuela hubo intentos de explotar estos recursos con ayuda de China, Rusia, Irán, Turquía, Cuba y otros aliados de la liga de sospechosos habituales. Pero el saldo es francamente negativo por todos lados y lo que ha quedado son unas cuantas fortunas oscuras y un oprobioso daño ambiental, especialmente en las selvas y ríos de la región de Guayana, en el sureste del país.
En vez de grandes empresas mineras operando con las mejores prácticas y en vez de un transparente flujo de divisas por exportaciones de estos minerales, lo que hay son minas ilegales que destruyen hasta parques nacionales como Canaima, donde está el Salto Ángel.
En Guayana, grupos criminales del hampa común y guerrilleros le disputan a la Fuerza Armada el control de estos territorios y sus riquezas, especialmente en el llamado Arco Minero del Orinoco, una franja de 112.000 kilómetros cuadrados (12% del territorio nacional) destinada por decreto de Maduro en 2016 a la explotación minera.
La extracción formal y medible de los recursos del Arco Minero ha sido precaria, si se compara con el potencial, con las fabulosas reservas probadas, probables, posibles e inferidas de recursos minerales metálicos y no metálicos disponibles en Venezuela. Esas riquezas han sido apenas cuantificadas en parte, por fuentes como el Servicio Geológico de Estados Unidos, mineras socias del gobierno, la estatal Corporación Venezolana de Guayana, la estatal Tecmin y el ministerio de «Desarrollo Minero Ecológico».
Solo para ilustrar El Dorado: las reservas de mineral de hierro en el pasado convirtieron a Venezuela en una potencia siderúrgica regional, pero todavía alcanzan a 3.631 millones de toneladas, y al precio de mercado actual valdrían unos 313.000 millones de euros. Cálculos conservadores revelan que también hay cuantificadas reservas de oro por al menos 644 toneladas, con un valor hoy de 91.000 millones de euros. Llegan a 2.236 toneladas certificadas, o 317.000 millones de euros, según afirmaba el gobierno en 2019.
En un informe de 2018, el gobierno de Nicolás Maduro afirmaba que «los recursos y reservas reportadas de diamantes ascienden a 1.020 millones de quilates en el Arco Minero del Orinoco. 275 millones de quilates solo en el área de Guaniamo» (una de las zonas mineras de mayor tradición).
Al precio actual medio del quilate, solamente en los yacimientos de Guaniamo habría diamantes por valor de entre 137.000 y 660.000 millones de euros, lo suficiente para liquidar al menos una vez toda la deuda externa de Venezuela.
