The Objective
Las dos orillas

Cuba en ebullición: protestas, presión internacional y el dilema del cambio

¿Está la isla ante una transición histórica o ante otra falsa apertura sin democracia?

En este episodio de Las dos orillas, el foco se desplaza hacia Cuba y el momento más tenso que vive la isla en años, con protestas sostenidas, represión, presiones externas y una discusión abierta sobre si el país está ante una transición histórica o ante otra falsa expectativa. La conversación, con Douglas Castro, Luz Escobar, Julio Borges y Manuel Burón, combina testimonios desde La Habana con análisis político sobre las variables que pueden definir el desenlace: el régimen, la presión internacional y la movilización ciudadana.

El punto de partida lo marca el testimonio desde Cuba de la periodista Yoani Sánchez, quien identifica tres factores decisivos: las decisiones del régimen, la presión de Estados Unidos y el comportamiento de la gente en la calle. La novedad, según su análisis, es que las protestas actuales ya no se limitan a reclamar electricidad o alimentos, sino que apuntan directamente al poder con consignas de libertad y acciones simbólicas como el ataque a sedes del Partido Comunista. Ese cambio de tono, sostiene, puede acelerar la ecuación política y obligar tanto a La Habana como a Washington a tomar posiciones.

A partir de esa intervención, el episodio entra en uno de sus debates centrales: ¿el cambio en Cuba vendrá desde afuera o desde adentro? Douglas Castro advierte que la presión internacional puede abrir grietas, pero no garantiza la democratización. La experiencia de China o Vietnam demuestra que una apertura económica sin reformas políticas puede terminar fortaleciendo al Partido Comunista. Por eso plantea un punto intermedio: la despenalización de la discrepancia, la liberación de presos políticos y el levantamiento del control total del Estado como pasos mínimos que podrían abrir una transición real.

Luz Escobar aporta un elemento decisivo para entender la radicalización actual: la normalización del fuego como acto de protesta. La crisis energética y el colapso de los servicios han llevado a los ciudadanos a quemar basura para sobrevivir, cocinar con leña y usar la «candela» como forma cotidiana de respuesta. En ese contexto, prender fuego a sedes del Partido Comunista deja de verse como vandalismo y pasa a ser un acto de rebeldía simbólica contra el sistema. El mensaje político se vuelve explícito: no es solo hambre, es rechazo al poder.

Julio Borges introduce un paralelismo con Venezuela y plantea que la salida de Nicolás Maduro habría generado un efecto dominó psicológico en la región. A su juicio, las protestas actuales en Cuba son distintas a las de 2021 porque se han unificado alrededor de la idea de libertad, y no solo de demandas materiales. Destaca una escena simbólica: cuando manifestantes queman una sede del Partido Comunista, alguien intenta quemar la bandera cubana y la multitud lo detiene con un grito claro: «esa no». La distinción entre nación y régimen aparece así como uno de los elementos más potentes del momento.

Sin embargo, el episodio introduce cautela con la intervención del periodista Reynaldo Escobar, quien advierte que el entusiasmo del exilio no siempre coincide con la realidad interna. Señala que el desenlace dependerá en gran medida de la política de Estados Unidos y que incluso la salida de figuras visibles del régimen no implicaría necesariamente democratización. Para él, el cambio real solo puede venir de los cubanos dentro de la isla, y aún «todo está muy verde» para hablar de transición inmediata.

El debate se mueve entonces hacia la incertidumbre del escenario internacional. Manuel Burón subraya el riesgo de que Cuba quede relegada por otras crisis globales y denuncia la escasa atención mediática en Europa pese a los vínculos históricos con la isla. Douglas Castro añade otro elemento: la ausencia visible de un ala reformista dentro del régimen, lo que reduce la posibilidad de una transición controlada desde el poder. En ese contexto, la presión externa —especialmente desde Estados Unidos— aparece como la variable dominante, aunque no necesariamente orientada a democratizar.

El cierre del episodio sintetiza la tesis central: Cuba podría estar más cerca de un cambio que en décadas, pero no necesariamente más cerca de la democracia. Entre el desgaste del régimen y el nacimiento de un sistema libre, existe un terreno incierto donde pueden darse reformas económicas sin libertades, transiciones tuteladas o incluso nuevas formas de control. Lo que sí parece claro, coinciden los participantes, es que algo se ha quebrado: una sociedad que ya no calla, protestas que apuntan directamente al poder y un sistema que responde únicamente con represión.

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