Trump da marcha atrás en su amenaza a Irán: alto el fuego y otras dos semanas de plazo
El nuevo plazo se produce tras la petición cursada por las autoridades paquistaníes

Donald Trump en una foto de archivo. | EFE
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este martes en redes sociales que, tras mantener conversaciones con autoridades paquistaníes, ha decidido aplazar dos semanas el ataque contra infraestructuras críticas iraníes que había amenazado ejecutar si Teherán no reabría el estrecho de Ormuz y que ambas partes se han comprometido de momento a un alto el fuego durante este periodo de tiempo.
La relación entre Trump e Irán está marcada por un patrón cada vez más evidente: amenazas contundentes seguidas de retrocesos o aplazamientos. En apenas unas semanas, el mandatario ha lanzado múltiples advertencias de carácter militar que, en la práctica, no han llegado a materializarse en la forma inicialmente planteada.
Durante la crisis del estrecho de Ormuz en marzo, Trump advirtió que Estados Unidos podría “destruir” objetivos estratégicos iraníes si no se cumplían ciertas exigencias. Sin embargo, en cuestión de horas o días, esas posiciones fueron suavizadas tras contactos diplomáticos, dando paso a prórrogas y nuevos ultimátums. Este ciclo —amenaza, presión y aplazamiento— se repitió en varias ocasiones a lo largo del mismo mes.
La dinámica continuó a principios de abril, cuando el presidente estadounidense volvió a fijar plazos estrictos, algunos de apenas 48 horas, que posteriormente fueron extendidos. El episodio más significativo ha tenido lugar este martes 7 de abril, cuando, tras una retórica especialmente dura que apuntaba a una escalada mayor, la Casa Blanca optó finalmente por anunciar un alto el fuego y posponer cualquier acción militar inmediata.
Analistas internacionales interpretan este comportamiento como una estrategia de negociación basada en la presión máxima, aunque no exenta de riesgos. Si bien puede abrir margen para acuerdos sin recurrir al conflicto directo, también incrementa la incertidumbre y el peligro de una escalada accidental. En este contexto, la política hacia Irán parece moverse en una línea fina entre la disuasión agresiva y la contención de última hora.
