La violencia contra las mujeres se dispara, la otra cara del coronavirus

Sociedad

La violencia contra las mujeres se dispara, la otra cara del coronavirus
Foto: Pep Morell| EFE

No hay país que escape a la epidemia de coronavirus ni tampoco ninguno que quede al margen de la explosión colateral de las agresiones machistas, una lacra que ha empeorado en todo el mundo a causa de las restricciones impuestas por la COVID-19. El próximo miércoles se celebra el Día internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres y el panorama a escala global es desolador.

Los datos: en julio, Naciones Unidas advirtió que seis meses de restricciones sanitarias podrían incrementar 31 millones de casos adicionales de violencia sexista en el mundo, siete millones de embarazos no deseados y poner en riesgo la lucha contra la mutilación genital femenina y los matrimonios amañados.

En todo el mundo, con las instituciones funcionando a medio gas, los cierres de empresas y de espacios culturales y deportivos y de escuelas, las víctimas se han quedado sin escapatorias, a lo que se suma el impacto económico que ha tenido el virus en multitud de hogares.

El confinamiento conllevó un incremento de las denuncias o de las llamadas a las autoridades por violencia doméstica en todo el mundo, como fue el caso de Chipre con un aumento del 30%, Singapur con un 33%, Francia con un 30% o en Argentina con un 25%, según datos de ONU Mujeres publicados a finales de septiembre. En todos los países, obligados a decretar medidas de restricciones a los desplazamientos para frenar la propagación del virus, las mujeres y los niños se han visto atrapados en hogares poco seguros.

«Estamos asistiendo a una peligrosa degradación de la situación socioeconómica de las familias tras el confinamiento, con más situaciones de pobreza, lo que puede comportar reacciones violentas», ha subrayado Hanaa Edwar, de la Red de mujeres iraquíes, que desde hace diez años reclama una ley contra la violencia doméstica en ese país.

A nivel mundial, solo un país de cada ocho ha puesto en marcha medidas para atenuar los efectos de la pandemia en mujeres y niñas, según ONU Mujeres.

En España, las víctimas pudieron alertar a las autoridades de forma discreta dando el código «Mascarilla 19» en las farmacias, uno de los pocos establecimientos que permanecieron abiertos durante el confinamiento en numerosos países. En Francia, se instalaron puntos de contacto, gestionados por asociaciones, en supermercados.

A largo plazo, las consecuencias del coronavirus en los derechos de las mujeres podrían ser muy graves.

Los números en España

En España, 2,8 millones de mujeres han sufrido violencia sexual y más de 4 millones, agresiones físicas. La máxima expresión de la violencia de género, el asesinato machista, ha acabado con la vida de 1.074 mujeres desde 2003, 41 en lo que va de 2020, un año en el que la pandemia ha agravado las situaciones de maltrato.

La última radiografía la ofreció la Macroencuesta de Violencia sobre la Mujer de 2019, hecha pública en septiembre, que reveló que el 57,3% de las mujeres que viven en nuestro país han sufrido algún tipo de violencia machista a lo largo de su vida (11,3 millones): más de cuatro millones han padecido violencia física; 2,8 millones, violencia sexual y más de ocho millones aseguran haber sido víctima de acoso sexual.

Cuando aún queda más de un mes para finalizar el año año, son 38 las mujeres asesinadas por violencia de género y tres menores asesinados por sus padres. En total, en 2020 19 menores han quedado huérfanos por los crímenes de violencia de género, un número que se eleva a 289 desde 2013, el primer año del que hay registros oficiales. Desde 2003, ya son 1.069 las mujeres asesinadas por violencia de género.

El último caso fue el Habibe E.I., de 34 años, que el pasado 15 de octubre fue hallada muerta con un disparo en la cabeza dentro de un coche junto a una gasolinera en Peguera, en las Islas Baleares. A su lado se encontraba el cuerpo de un hombre con un disparo desde la barbilla y el arma entre las piernas. La hipótesis de que fuera una muerte pactada por la pareja fue perdiendo fuerza hasta que se determinó que el hombre la había asesinado y posteriormente se había suicidado.