Un psiconeuroinmunólogo: «Si repites el puerro o te sienta mal el vino, probablemente seas sulfator lento»
Aprendiendo las estrategias adecuadas, es posible mejorar la función hepática y optimizar la digestión

Vino y puerros | Canva
Cada persona experimenta la digestión de manera diferente. Mientras que algunos disfrutan de calçots y cebollas sin problemas, otros pueden notar hinchazón, gases o incluso molestias más intensas. Según el psiconeuroinmunólogo Xevi Verdaguer, esto puede deberse a la capacidad del hígado para procesar ciertos compuestos, especialmente si una persona es un «sulfatador lento». Pero, ¿qué significa esto realmente y cómo afecta a nuestra salud?
Sulfatación: clave para eliminar toxinas
El hígado es el principal órgano encargado de la desintoxicación en el cuerpo. Una de las vías metabólicas esenciales que utiliza es la sulfatación, un proceso químico mediante el cual el organismo neutraliza y excreta sustancias tóxicas, hormonas y productos de desecho. Esta reacción depende de la acción de ciertas enzimas que transforman compuestos potencialmente dañinos en sustancias solubles en agua para su eliminación a través de la orina o las heces. Sin embargo, no todas las personas tienen la misma capacidad de sulfatación. Algunas pueden eliminar toxinas y hormonas de manera eficiente, mientras que otras pueden hacerlo de forma más lenta, acumulando sustancias que pueden afectar la salud general y el equilibrio digestivo.

Señales de un sulfatador lento
Si después de comer ajo, cebolla, calçots o gazpacho notas digestiones pesadas, hinchazón o incluso malestar prolongado, podrías tener una capacidad reducida de sulfatación. También hay otras señales que pueden indicar esta condición:
- Intolerancia a ciertos alimentos como el puerro o el vino.
- Sensibilidad a olores fuertes.
- Orina con olor fuerte después de consumir espárragos.
- Problemas hormonales como alteraciones en el ciclo menstrual o síndrome premenstrual intenso.
- Migrañas recurrentes.
- Fatiga crónica y sensación de agotamiento.
Si la sulfatación es deficiente, el hígado no puede deshacerse adecuadamente de compuestos como estrógenos en exceso, lo que puede contribuir a desequilibrios hormonales y enfermedades inflamatorias crónicas.
Intestino e hígado: clave en la digestión de los calçots
Además de la sulfatación, el hígado y el intestino juegan un papel crucial en la digestión de ciertos carbohidratos fermentables, como los fructanos presentes en los calçots, la cebolla y el trigo. Si el intestino está inflamado por disbiosis (alteración de la microbiota), infecciones como el SIBO (sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado) o estrés crónico, estos alimentos pueden provocar síntomas como hinchazón, gases y dolor abdominal. Cuando el hígado está sobrecargado o inflamado, su capacidad para procesar estos compuestos se reduce, causando una acumulación de sustancias tóxicas que pueden afectar no solo el sistema digestivo, sino también la piel, el estado de ánimo y el sistema inmunológico.
Cómo mejorar la sulfatación y la digestión
Implementar estos hábitos de forma constante puede ayudar a mejorar la función hepática y optimizar el proceso de sulfatación, favoreciendo una mejor eliminación de toxinas y un mayor bienestar general.
- Aumenta el consumo de alimentos ricos en azufre: verduras como brócoli, coles de Bruselas, ajo, cebolla y espárragos contienen compuestos que favorecen la sulfatación y apoyan la desintoxicación hepática. También puedes incluir proteínas de alta calidad como huevos y pescado, ya que contienen metionina y cisteína, aminoácidos clave en este proceso.
- Mejora la salud intestinal: la microbiota juega un papel importante en la desintoxicación. Incorporar probióticos (como yogur natural, kéfir y alimentos fermentados) y prebióticos (como fibra de vegetales y tubérculos) ayuda a equilibrar la flora intestinal y reducir la inflamación digestiva, lo que indirectamente mejora la función hepática.
- Evita el alcohol y los alimentos ultraprocesados: el alcohol, los conservantes y los aditivos presentes en los alimentos procesados pueden sobrecargar el hígado y disminuir su capacidad para procesar toxinas. Reducir el consumo de azúcares refinados, grasas trans y edulcorantes artificiales también puede mejorar la eficiencia del hígado.
- Optimiza el descanso y reduce el estrés: el estrés crónico impacta negativamente en la función hepática y digestiva al aumentar la inflamación y la producción de cortisol. Es fundamental priorizar un sueño reparador, practicar técnicas de relajación como la meditación, el yoga o la respiración profunda y asegurarse de mantener una rutina de sueño estable.
- Asegura una buena hidratación: beber suficiente agua a lo largo del día favorece la eliminación de toxinas y apoya la función renal, lo que indirectamente reduce la carga del hígado. También puedes incluir infusiones de diente de león o boldo, que tienen propiedades hepatoprotectoras.