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La distancia emocional en la pareja: cuando todo parece estar bien, pero no lo está

Cuando en la pareja todo parece estar bien, pero por dentro algo se ha enfriado, entender qué ocurre es crucial

La distancia emocional en la pareja: cuando todo parece estar bien, pero no lo está

La desconexión en la pareja es tema del que se habla poco | Freepik

A veces, en la pareja, no hay discusiones, reproches ni grandes crisis. De hechom desde fuera, todo parece estar bien. Sin embargo, en la intimidad de la relación aparece una sensación difícil de nombrar: distancia, desconexión, un «ya no es como antes» que no termina de explicarse… Muchas parejas llegan a este punto sin saber cuándo empezó ni por qué, lo que hace que el malestar sea aún más confuso. Esta desconexión silenciosa es una de las consultas más frecuentes en terapia de pareja y, paradójicamente, una de las menos visibles.

Para ahondar en este tema, en THE OBJECTIVE hablamos con Bárbara Montes, especialista en sexología clínica y terapia de pareja de Diversual, quien analiza cómo se construye esa distancia emocional cuando no hay un conflicto claro, qué mitos sostienen relaciones cada vez más frágiles y por qué la comunicación y la sexualidad suelen ser las primeras áreas en resentirse. También contamos con la mirada de Mónica Chang, experta en bienestar sexual de TENGA, para explorar las señales tempranas del distanciamiento y los pequeños cambios cotidianos que, sin darnos cuenta, pueden alejarnos —o volver a acercarnos— a la persona con la que compartimos la vida.

¿Por qué muchas parejas sienten distancia sin saber por qué?

«Un día, dos personas que se quieren, se miran y sienten que algo ha cambiado, pero no saben explicar exactamente qué. No siempre hay una discusión, una infidelidad o un acontecimiento concreto. No hay un ‘antes y después’ claro, solo una sensación difusa de desconexión. A menudo, la distancia en la pareja se instala de forma silenciosa, casi imperceptible. Y precisamente ahí reside la dificultad: cuando no hay un conflicto evidente, cuesta identificar el origen del malestar», asegura Bárbara Montes.

La experta afirma que uno de los grandes mitos sobre las relaciones es que, una vez consolidada la pareja, el vínculo se sostiene por inercia. «Como si el amor fuese un estado estable que, alcanzado cierto punto, ya no requiera atención consciente. La realidad es justo la contraria: las relaciones sanas necesitan actualización constante. No porque estén fallando, sino porque las personas cambian. Cambian los ritmos, las prioridades, el deseo, la forma de comunicarse y también las necesidades emocionales y sexuales. Cuando la pareja no se adapta a esos cambios, empieza a generarse una brecha», afirma.

Esa distancia no aparece de golpe, añade la experta, sino que «se construye a partir de pequeños silencios, conversaciones pospuestas y gestos que dejan de producirse».

«Muchas parejas siguen conviviendo, organizando su día a día e incluso funcionando bien como equipo logístico, pero han dejado de compartir su mundo emocional. Ya no hablan de cómo se sienten, de lo que les preocupa, de lo que desean… No por falta de confianza, sino por costumbre. Y es ahí cuando se inicia la desconexión: cuando dejamos de compartir lo importante. A veces se evita profundizar para no incomodar, para no remover cosas o, simplemente, porque el cansancio emocional lo impide. El problema es que, cuando no se comparte lo importante, la intimidad se resiente y sin esa intimidad emocional, el vínculo se vuelve frágil, aunque desde fuera parezca estable», apunta Montes.

Desconexión no es rutina

Montes afirma que «no hay que confundir esta desconexión con rutina. La rutina suele señalarse como la gran culpable de la distancia en la pareja, pero no es del todo justo. La rutina es inevitable y, en muchos casos, necesaria. El problema no está en repetir hábitos en realidad, sino en dejar de mirar a la otra persona con curiosidad».

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«Cuando dejamos de preguntar, de sorprendernos o de interesarnos por la experiencia interna de quien tenemos delante, la relación se vuelve predecible y emocionalmente plana. Ya no hay conflicto, pero tampoco hay una conexión profunda. Esto afecta también a la sexualidad. El deseo no desaparece porque sí, sino porque deja de encontrar un espacio donde expresarse con seguridad, novedad y comunicación», apunta.

Chang añade: «Al no comunicarse con claridad, la pareja puede acabar haciendo suposiciones erróneas sobre algo o esperando que su pareja ya lo sepa, lo que da lugar a malentendidos y faltas de comunicación. Creer que tu pareja no te entiende puede dar una sensación de distancia». «Nuestra energía y concentración son limitadas. Si otras cosas (estrés, trabajo, etc.) las acaparan, la parte dedicada a tu relación puede dejar de ser una prioridad», apunta.

Otra fuente frecuente de distancia es la «acumulación de expectativas no verbalizadas. Esperamos que la otra persona se dé cuenta de lo que necesitamos, que actúe como antes o que sepa cómo hacernos sentir acompañados. Cuando eso no ocurre, aparece la frustración. El problema no es tener expectativas, sino no compartirlas. Con el tiempo, esa frustración silenciosa se transforma en desapego emocional. No porque se haya dejado de querer, sino porque se ha dejado de sentirse visto».

Cómo volver a ‘encontrarse’ con la pareja

Sentir distancia no significa que la relación esté condenada al fracaso. De hecho, Montes afirma que «suele ser una señal de que algo necesita atención» y que «el verdadero riesgo aparece cuando se normaliza esa sensación y se deja de escucharla».

Podemos identificar que nuestra pareja está distante, según Chang, por «la disminución de la comunicación, tanto verbal como física, y la falta de deseo de trabajar para mejorarla».

Comportamientos de separación de pareja

«Recuperar la conexión implica revisar cómo nos comunicamos, cómo compartimos la intimidad y cómo cuidamos el deseo. También implica informarse, cuestionar mitos y abrir espacios de diálogo más honestos. La distancia en una relación no siempre se supera con grandes gestos. A veces comienza con algo mucho más sencillo: una conversación incómoda, una pregunta sincera o la decisión de volver a mirarse con atención. Espacios como diversual.com ayudan a normalizar estos diálogos, que aún resultan difíciles para muchas personas, pero que son esenciales para mantener vínculos afectivos sanos y conectados», recomienda Montes.

Si no se aborda este distanciamiento, la ruptura estará cerca, ya que «las parejas no se separan solo por lo que ocurre, sino por lo que deja de ocurrir. Comprender por qué sentimos distancia, aunque al principio no sepamos ponerle nombre, es el primer paso para volver a acercarnos, abrir espacios de diálogo y empatía, y recuperar la cercanía que da sentido a la relación. Solo cuando nos permitimos mirar con honestidad lo que sentimos y lo que dejamos de sentir, podemos reconstruir puentes y recuperar la conexión profunda que hace que una relación sea más que rutina; que sea presencia, cuidado y deseo compartido».

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