Lara Ferreiro, psicóloga, sobre tragedias como el accidente del tren de Córdoba: «Las primeras 72 horas son clave»
Cuando los síntomas perduran y dificultan la vida diaria, es clave acudir a profesionales de salud mental para un enfoque integral

Tragedia | Canva pro
El domingo 18 de enero de 2026, cerca de la localidad de Adamuz, en la provincia de Córdoba, dos trenes de alta velocidad colisionaron tras el descarrilamiento de uno de ellos en la línea que une Andalucía y Madrid. El primer convoy, un tren Iryo con destino a la capital española, salió de la vía y su parte trasera invadió la trayectoria de un Alvia de Renfe que circulaba en sentido contrario.
El choque fue extremadamente violento, dejando al menos 39 muertos y más de 150 heridos en uno de los accidentes ferroviarios más graves de los últimos años en España, y provocando la suspensión de todos los servicios de alta velocidad entre Andalucía y Madrid. Ante la magnitud del impacto, desde THE OBJECTIVE nos hemos puesto en contacto con la psicóloga Lara Ferreiro para abordar cómo este tipo de tragedias afecta emocionalmente a los supervivientes y a los familiares, y qué respuestas psicológicas son más comunes en estos contextos de duelo traumático.
Reacciones emocionales ante la pérdida repentina de un familiar
«La pérdida repentina de un ser querido es una de las experiencias más difíciles que puede afrontar una persona. Los efectos no se limitan al dolor, sino que desencadenan una serie de reacciones emocionales y físicas que varían según la personalidad y las circunstancias del evento», explica la experta. Comprender estas respuestas permite ofrecer un acompañamiento más adecuado, prevenir complicaciones como el trastorno de estrés postraumático y orientar la intervención profesional para que los afectados puedan recuperar el equilibrio emocional sin quedar atrapados en la culpa o el aislamiento.
Perfil 1: shock
El primer perfil es el shock, que se manifiesta de manera inmediata tras el evento. «Es la incapacidad de asimilar algo tan atroz», explica Ferreiro. La persona entra en un estado de congelación emocional en el que la zona lógica del cerebro se desactiva temporalmente, funcionando como un mecanismo de supervivencia. Este estado puede durar desde las primeras 72 horas hasta incluso tres semanas. Durante este período, los familiares pueden experimentar sensación de irrealidad, confusión y parálisis emocional, lo que les permite afrontar, de manera inconsciente, un dolor que de otro modo sería abrumador.
Perfil 2: culpa
El segundo perfil es el de culpa, especialmente frecuente entre quienes sobreviven mientras otros familiares fallecen, fenómeno conocido como el síndrome del superviviente. «Se preguntan por qué sobrevivieron ellos y no los demás, y ese sentimiento puede ser abrumador», señala Ferreiro. Este tipo de culpa puede ser emocional, generada por el shock, o real, cuando existe alguna responsabilidad objetiva. Reconocer la diferencia entre ambas es fundamental para que el duelo no se cronifique y no se convierta en un trauma prolongado.
Perfil 3: rabia
El tercer perfil es la rabia, una reacción intensa ante la percepción de injusticia. La ira surge cuando la persona siente que el accidente podría haberse evitado o que es resultado de un fallo humano. «La rabia aparece ante situaciones fuera del control humano y es como un grito de protesta», explica Ferreiro. Este sentimiento puede ser acompañado de frustración, impotencia y deseos de responsabilizar a otros, generando conflictos internos y externos si no se canaliza adecuadamente.
Perfil 4: tristeza
El cuarto perfil es el de tristeza, caracterizado por llanto, desolación y un estado emocional profundo de abatimiento. La tristeza se acompaña a menudo de ansiedad anticipatoria, insomnio, desorganización mental y síntomas físicos como dolores musculares e intestinales, taquicardias y fatiga. Entre un 20 y un 60 % de los familiares o supervivientes pueden desarrollar trastorno de estrés postraumático, reviviendo imágenes y sonidos del accidente, un fenómeno que Ferreiro describe como «reexperimentación del evento, que puede ser extremadamente angustiante».
Estrategias para afrontar la pérdida traumática
La psicóloga subraya la importancia de reconocer y validar las emociones desde las primeras semanas. «Diferenciar entre culpa real y culpa emocional, hablar con profesionales y participar en rituales de despedida ayuda a evitar que el trauma se cronifique», explica. Las primeras 72 horas son cruciales y la intervención de psicólogos de emergencia en el lugar del accidente permite estabilizar a los familiares y reducir el riesgo de que el shock inicial derive en aislamiento traumático.

El apoyo social es un pilar fundamental en la recuperación. «La presencia de familiares y amigos actúa como un analgésico natural, regula las emociones y ayuda a disminuir el shock inicial», asegura Ferreiro. Hablar sobre lo sucedido, compartir emociones y sentirse acompañado reduce la sensación de descontrol y facilita la reconstrucción de un sentido de comunidad. Esta solidaridad también puede prevenir la culpa excesiva y el aislamiento, factores que complican el duelo.
Señales de alerta y necesidad de ayuda profesional
Ferreiro advierte sobre la necesidad de atender signos de disfuncionalidad más allá de las primeras tres semanas: alteraciones del sueño, cambios de apetito, aislamiento social, explosiones de ira, incapacidad para concentrarse o sentimientos de desesperanza. «Cuando estos síntomas persisten y afectan la vida cotidiana, es fundamental acudir a profesionales de la salud mental para terapia combinada de psicología y psiquiatría», recomienda. Este acompañamiento permite integrar los recuerdos traumáticos y retomar gradualmente la vida diaria.
