Esta es la peor edad a la que empezar a dejar a los niños tener teléfono móvil, según un estudio
Obesidad, depresión y falta de sueño aparecen como los riesgos de entregar un teléfono de manera prematura

Una niña con un teléfono móvil. | ©Freepik.
Llegas a casa después de un día largo. Tu hijo de once años te espera con la misma pregunta de siempre. «Papá, mamá, ¿cuándo me vais a comprar un móvil?». Conoces de memoria el argumento que viene a continuación. Juanito ya tiene uno. Marta también. Y Alberto se lo regalaron por su cumpleaños. Tú intentas explicarle que cada familia es diferente. Buscas razones lógicas para retrasar ese momento. Pero la presión social es enorme, tanto para él como para vosotros.
El debate sobre el primer smartphone se ha convertido en un campo de minas doméstico. No quieres que tu hijo se sienta excluido de su grupo de amigos. Tampoco deseas que pase horas pegado a una pantalla sin supervisión alguna. Buscas el equilibrio entre protegerle y prepararle para el mundo digital. El chantaje emocional del «todos lo tienen menos yo» te resulta agotador. Sabes que ceder sin más no es la solución. Pero negarle el acceso indefinidamente tampoco parece realista. Parece una cuestión menor, pero comprender que la ecuación edad, smartphone y niños es más compleja de lo que parece.
La ciencia puede ofrecerte algunas pistas valiosas en esta encrucijada. Un estudio reciente ha analizado los efectos de la edad de adquisición del primer móvil. Los resultados son reveladores y merecen atención por parte de las familias. La edad a la que entregamos un smartphone a nuestros hijos importa mucho más de lo que pensábamos. Los riesgos asociados afectan tanto al bienestar físico como a la salud mental. Quizá sea momento de replantear cuándo y cómo dar ese paso tan trascendental.
A más joven, más problemas: cuándo dar un smartphone a tus hijos
Investigadores de la Universidad de Pensilvania han publicado recientemente un estudio revelador en la revista Pediatrics. El equipo, liderado por el doctor Ran Barzilay, analizó datos de más de diez mil adolescentes estadounidenses. Los participantes formaban parte del Adolescent Brain Cognitive Development Study, un proyecto longitudinal de gran escala. Las evaluaciones se realizaron entre 2016 y 2022, siguiendo a los jóvenes durante varios años. El objetivo era determinar cómo influye la posesión de smartphone en la salud de los adolescentes tempranos. Los resultados ofrecen información muy valiosa para padres y profesionales sanitarios. Algo de lo que ya hemos hablado previamente en THE OBJECTIVE.
Las conclusiones son contundentes y preocupantes a partes iguales. Los niños de doce años con smartphone propio presentaban un 30% más de probabilidades de sufrir depresión. El riesgo de obesidad aumentaba un 40% respecto a quienes no tenían teléfono. Los problemas de sueño insuficiente eran un 60% más frecuentes entre los propietarios de móvil. Además, cuanto más joven era el niño al recibir su primer dispositivo, peores resultados mostraba. Por cada año de anticipación en la adquisición, aumentaban los indicadores de obesidad y falta de sueño. La edad mediana de obtención del primer smartphone se situaba en los once años.
Los investigadores ofrecen varias explicaciones para estos hallazgos inquietantes. El smartphone proporciona a los jóvenes acceso ilimitado a un mundo para el que quizá no están preparados. Les falta la disciplina necesaria para gestionar su propio consumo de manera responsable. El uso excesivo del móvil reduce las interacciones sociales presenciales y la actividad física. El tiempo de pantalla nocturno interfiere directamente con los patrones de sueño saludable. Los autores subrayan que la adolescencia es un período especialmente sensible para el desarrollo. Incluso efectos modestos pueden tener consecuencias significativas a largo plazo.
Cómo dar un smartphone a un menor: el paso a paso

La conversación sobre el móvil debe ser un proceso colaborativo, no una imposición unilateral. Antes de hablar con tu hijo, reflexiona sobre qué uso te gustaría que hiciese del dispositivo. Pregúntale después cómo se siente respecto al tema y qué expectativas tiene. Algunos adolescentes sorprenden reconociendo que desearían pasar menos tiempo con el teléfono. Busca un punto medio entre vuestras posiciones, negociando juntos las condiciones de uso. Enmarca siempre la conversación en términos de salud y bienestar, no de castigo. Tu hijo no ha hecho nada malo; simplemente estáis estableciendo hábitos saludables para toda la familia.
Establecer normas claras y compartidas resulta fundamental para el éxito de esta transición. Crea junto a tus hijos un acuerdo familiar sobre el uso de dispositivos que todos firméis. Define zonas libres de móviles en casa, como el comedor o los dormitorios. Fija horarios sin pantallas, especialmente durante las comidas y antes de dormir. Designa un lugar común para cargar los teléfonos por la noche, como la cocina. Instala herramientas de control parental que permitan supervisar el uso y establecer límites. Una madre compartía que estas aplicaciones le permiten gestionar tiempos y contenidos según la edad de cada hijo.
El ejemplo personal es quizá la herramienta más poderosa de que disponéis. Los niños han visto a sus padres usando dispositivos desde que nacieron. Quieren imitar ese comportamiento que han observado durante años. Practica lo que predicas: guarda el móvil cuando te hablen y respeta tus propios límites. Reconoce ante ellos los desafíos que tú mismo afrontas con el uso del teléfono. Propón actividades alternativas que podáis disfrutar juntos sin pantallas de por medio. Los expertos recuerdan que sustituir el hábito del móvil requiere ocupar las manos con otras tareas: modelar plastilina, dibujar, cocinar o practicar deporte. Los beneficios de reducir el tiempo de pantalla, como mejor sueño y mayor conexión familiar, funcionan como recompensa natural.
