Luis Miguel Real, psicólogo, sobre los Beckham: «La familia que no respeta a la pareja invalida la capacidad de decidir de sus hijos»
La ruptura entre Brooklyn Beckham y su familia ha reabierto un conflicto tan común como silenciado

Victoria y David Beckham | Gtres
La ruptura entre Brooklyn Beckham y su familia ha vuelto a poner sobre la mesa un conflicto tan común como difícil de afrontar: qué ocurre cuando la familia no acepta a la pareja. Según explicó el propio Beckham, sus padres, David y Victoria, habrían intentado controlar su relación desde el inicio, interviniendo incluso en su boda y generando un clima de incomodidad para su mujer. Él mismo ha reconocido que, tras tomar distancia, ha encontrado una mayor sensación de paz.
Y lo cierto es que la situación que describe el primogénito de los Beckham no es excepcional. De hecho, es una realidad frecuente en consulta psicológica: tensiones familiares, rechazo hacia la pareja y una persona atrapada entre dos lealtades. Cuando la familia cuestiona, critica o intenta influir en una relación sentimental, el impacto emocional puede ser profundo y prolongado, y acaba afectando tanto al vínculo de pareja como al bienestar personal del hijo en cuestión.
Para comprender mejor este fenómeno, en THE OBJECTIVE hablamos con el psicólogo Luis Miguel Real, quien analiza las claves emocionales de este tipo de conflictos, explica por qué intentar mantenerse neutral suele empeorar la situación y ofrece pautas para afrontarla de forma madura, poniendo límites sin romper necesariamente los vínculos familiares.
La opinión del psicólogo Luis Miguel Real sobre el conflicto en la familia Beckham
«Es frecuente que aparezcan tensiones familiares cuando una persona inicia una relación de pareja estable. En muchas ocasiones, los padres o hermanos no aceptan a la nueva pareja por motivos diversos: diferencias de valores, estilo de vida, clase social, personalidad, o incluso porque sienten que pierden influencia sobre su hijo o hija. Esta falta de aceptación puede manifestarse de múltiples formas: frialdad en el trato, comentarios críticos constantes, exclusión de planes familiares, o una actitud pasivo-agresiva hacia la pareja. A veces no hay un conflicto abierto, pero se genera un clima hostil que termina afectando seriamente a la persona que está en medio, haciéndola sentirse incómoda o excluida», afirma el psicólogo Luis Miguel Real.
En este tipo de conflictos, intentar mantenerse ‘neutral’ es ponerse de lado de la familia, haciendo que la pareja se sienta traicionada y abandonada
El experto añade que si no se marcan límites claros en este tipo de situaciones, «muchas personas intentan inicialmente mediar entre su familia y su pareja, tratando de que todo el mundo se lleve bien. Sin embargo, si no se marcan estos límites desde el principio, esto suele traducirse en desgaste emocional y sensación de estar en una posición imposible».

«Si la persona no defiende activamente a su pareja cuando esta es tratada con desprecio o desconsideración, la relación se resiente. Y si no protege su vínculo con su familia, puede sentir culpa, miedo a decepcionar o miedo al rechazo. A la larga, no posicionarse claramente suele empeorar la situación con ambas partes. En este tipo de conflictos, intentar mantenerse ‘neutral’ es ponerse de lado de la familia, haciendo que la pareja se sienta traicionada y abandonada», añade Real.
¿Es necesario elegir? «A veces sí»
Para el psicólogo, a veces sí que hay que elegir entre pareja y familia, especialmente cuando esta última «presiona de forma insistente para que se rompa una relación, directa o indirectamente. Y es importante decirlo con claridad: no es responsabilidad de una persona romper con su pareja solo porque su familia no la aprueba, especialmente si no hay motivos objetivos y graves. En casos como este, puede ser necesario establecer distancia con la familia si no están dispuestos a respetar las decisiones personales. No se trata de vengarse ni de cortar todo contacto sin pensar. Se trata de priorizar el respeto a uno mismo y a la pareja cuando se han intentado otras opciones razonables».
«Todos los seres humanos tienen defectos, y ninguna pareja es perfecta. Pero una cosa es expresar preocupaciones concretas de forma respetuosa, y otra muy distinta es el rechazo sistemático, el desprecio o la actitud de superioridad hacia la pareja. Es fundamental evaluar si las críticas de la familia se basan en hechos objetivos (como comportamientos controladores, consumo de drogas, maltrato o actitudes destructivas), o si son simplemente una expresión de prejuicios, celos, expectativas no cumplidas o intentos de control», apunta Real.
Cómo afrontar este tipo de conflictos de forma madura
Luis Miguel Real ofrece varios consejos:
- Validar lo que uno siente: sentirse dividido, dolido o culpable es normal en estas situaciones. Reconocer esas emociones es el primer paso para gestionarlas.
- Comunicar con claridad: tanto a la pareja como a la familia. Explicar lo que ocurre, lo que se necesita y lo que no se va a tolerar.
- Establecer límites firmes: si hay faltas de respeto o intentos de manipulación, es importante marcar un antes y un después.
- No justificar lo que no necesita justificación: si una relación es sana y la familia no la acepta por razones injustificadas, no hay que entrar en un bucle de explicaciones eternas y debates sin fin. Uno tiene derecho a decir «estáis equivocados y le estáis tratando de manera injusta».
- Aceptar que no se puede complacer a todo el mundo: a veces, proteger una relación de pareja implica decepcionar a la familia. Eso forma parte del proceso de maduración.
El caso de los Beckham, como hemos visto, pone sobre la mesa un conflicto interpersonal complejo que se da en muchas familias. Y es grave, ya que «no aceptar a la pareja de un hijo o hija es una forma de invalidar su capacidad de decidir y de construir su propia vida. La solución no siempre es fácil ni rápida, pero sí pasa por un principio claro: la familia debe respetar las decisiones afectivas de sus miembros adultos. Cuando no lo hace, el hijo o hija afectado tiene derecho (y a veces la necesidad) de tomar distancia. Elegir a la pareja, cuando esta es sana y funcional, no es traicionar a la familia: es un acto de autonomía y salud mental», sentencia Real.
