El psiquiatra José Carbonell desvela los rasgos de las parejas narcisistas: «En el día a día siempre quieren llevar la razón»
Lo que parece en un inicio como un príncipe azul acaba mutando en un personaje obsesivo y controlador

Una pareja tras una discusión. | ©Freepik.
Conoces a alguien que parece sacado de un cuento de hadas. Te mira como nadie lo había hecho antes, te escucha con atención genuina y te hace sentir que eres la persona más especial del mundo. Sus amigos hablan maravillas de él, tu familia lo adora desde el primer día y tú empiezas a creer que, por fin, has encontrado a tu media naranja. Los primeros meses transcurren entre cenas románticas, mensajes cariñosos y promesas de un futuro compartido. Todo encaja a la perfección, demasiado quizá, pero prefieres no pensar en ello porque la felicidad te ciega.
Sin embargo, con el paso de las semanas, algo empieza a cambiar de forma casi imperceptible. Las pequeñas discusiones se resuelven siempre a su favor. Tus opiniones pierden peso frente a las suyas. Te descubres cediendo en asuntos que antes considerabas innegociables, justificándote por cosas que no has hecho mal. Empiezas a dudar de tu criterio, a preguntarte si eres demasiado exigente o si estás exagerando. El príncipe azul sigue ahí, pero su armadura brilla menos y sus palabras pesan más.
Lo que parecía una forma de ser segura y decidida revela poco a poco un patrón más oscuro. Esa persona que te conquistó con su encanto se ha convertido en el centro absoluto de la relación. Tus necesidades quedan relegadas, tus emociones minimizadas y tu bienestar se sacrifica para mantener la paz. Has caído, sin darte cuenta, en la trampa de una pareja narcisista. Identificar estas dinámicas es el primer paso para recuperar tu autoestima y proteger tu salud emocional.
Cómo se comporta una pareja narcisista
El psiquiatra José Carbonell advierte en su cuenta de Instagram @dr.josecarbonell.psiquiatra de que el narcisismo en la pareja no se detecta fácilmente al principio. «Son personas encantadoras, son superamigos de tus amigos, superamigos de sus amigos y además se llevan muy bien con toda la familia y con todo el mundo», explica el especialista. Esta capacidad para seducir al entorno actúa como un camuflaje perfecto. El narcisista construye una imagen pública impecable que dificulta cualquier crítica externa. Quienes intentan alertarte se encuentran con tu incredulidad, porque lo que ves en público no coincide con lo que vives en privado.
El problema surge cuando la convivencia cotidiana desvela su verdadera naturaleza. Carbonell describe un patrón reconocible: «Son las típicas personas que siempre tienen la razón, con las que nunca puedes discutir, con las que siempre tienen la verdad absoluta». Este comportamiento autoritario erosiona lentamente la confianza de la otra persona. Cada desacuerdo se convierte en una batalla perdida de antemano. El narcisista impone su criterio sin contemplar alternativas ni validar los sentimientos ajenos. Lo que en apariencia era seguridad se revela como rigidez e incapacidad para el diálogo.

Existe un mecanismo especialmente dañino que caracteriza a estas relaciones: la inversión de culpa. El psiquiatra lo describe con claridad: «Cada vez que les confrontas, se hacen las víctimas y te quieren hacer sentir culpable por el hecho de que tú intentes atacarlos». Esta estrategia anula cualquier posibilidad de comunicación honesta, algo de lo que te hemos hablado previamente en THE OBJECTIVE con fenómenos como el gaslighting. Amar implica cierta capacidad de transigir, pero no puede convertirse en una cesión perpetua donde solo una parte renuncia a sus necesidades. Cuando la balanza se inclina siempre hacia el mismo lado, la relación deja de ser un espacio de crecimiento mutuo para transformarse en una cárcel emocional.
Cómo salir del bucle
Conviene desmontar un mito peligroso: el narcisismo no entiende de géneros ni de clases sociales. Carbonell insiste en este punto: «Con cuidado, que pueden ser hombres o mujeres». Tampoco discrimina por edad, orientación sexual o nivel educativo. Cualquier persona puede encontrarse atrapada en una relación con alguien narcisista, independientemente de su experiencia vital o su inteligencia emocional. Esta realidad hace imprescindible conocer las señales de alarma antes de que el vínculo se consolide. La prevención resulta más eficaz que la curación cuando hablamos de dinámicas tóxicas.
Las líneas rojas aparecen en el trato cotidiano, en esos pequeños gestos que parecen insignificantes pero dibujan un patrón. Presta atención a cómo reacciona tu pareja cuando expresas una opinión diferente. Observa si tus logros se celebran o se minimizan. Fíjate en si tus emociones reciben validación o descalificación sistemática. El psiquiatra alerta sobre el efecto acumulativo: «Poco a poco te van minando y te van haciendo sentir un poquito de menos». Esa sensación de encogimiento progresivo constituye una señal inequívoca de que algo no funciona en la relación.
El especialista lanza una advertencia rotunda sobre el coste de permanecer en estas dinámicas: «Lo que no podemos hacer es hacer que una relación de pareja funcione a costa de estar continuamente cediendo». Carbonell recomienda evaluar con honestidad qué precio se está pagando por mantener el vínculo. Si la relación genera inseguridades crecientes y deteriora la imagen que tienes de ti mismo, ha llegado el momento de actuar. Buscar ayuda profesional, ya sea mediante terapia individual o de pareja, permite ganar perspectiva y herramientas. No quedarse atrapado en ese ovillo amoroso donde solo importa la otra persona es fundamental para preservar la autoestima y la esencia de quien realmente eres.
