Luis Miguel Real, psicólogo, advierte a quienes tienen el 'vicio' de Rosalía: «Creen que tienen el control, pero es adicción»
El vaivén de Rosalía con el tabaco reabre el debate sobre los llamados fumadores sociales y la trampa psicológica que esconde

Rosalía | Gtres
La relación de Rosalía con el tabaco ha sido tema de debate a lo largo de los últimos años. En distintas etapas se la ha visto fumando de forma puntual, especialmente en contextos distendidos o fuera del entorno estrictamente profesional, aunque siempre ha dejado claro que el cuidado de su voz, una herramienta esencial en su carrera musical, es esencial para ella.
Sin embargo, el 1 de enero de 2024, la artista hizo público uno de sus propósitos de Año Nuevo: dejar de fumar. A través de sus redes sociales compartió su intención de apartar el tabaco de su vida. Sin embargo, ese mismo verano, durante una transmisión en directo, Rosalía encendió un cigarro y explicó que había dejado de fumar, aunque en esa ocasión lo tomó como algo puntual en un contexto especial, no como un hábito regular. Es decir, que la catalana se engloba en los ‘fumadores ocasiones’ o ‘sociales. Hablamos de todo ello con el psicólogo experto en adicciones Luis Miguel Real.
Rosalía, una fumadora ocasional
«Este perfil es muy común. Personas que no se consideran fumadoras empedernidas porque no consumen a diario. Lo suyo, dicen, es ‘ocasional’. Solo fuman en ciertos contextos: cuando salen, cuando beben, cuando están con ciertos amigos. Lo llaman ‘fumar socialmente’. Pero ese patrón tiene una lógica mucho más profunda de lo que parece. Y si no se entiende bien, se convierte en un ciclo difícil de romper», advierte Real.
Estas personas no sienten un «mono» diario. «No es solo adicción física, es contextual y psicológica. No se despiertan con ansiedad por fumar. Pueden estar días sin acordarse del tabaco. Pero en cuanto se dan las condiciones adecuadas, el impulso de fumar aparece. Y rara vez se queda en uno solo. ¿Por qué? Porque su consumo está ligado al contexto, no a la necesidad física. El cigarro forma parte de una rutina muy concreta: salir, beber, socializar, relajarse. No es la nicotina lo que dispara el comportamiento, sino el entorno. El cerebro ha aprendido que en ciertas situaciones se fuma. Y lo reproduce», apunta el psicólogo a THE OBJECTIVE.
Este aprendizaje no se da por casualidad, sino que «se construye con la repetición. Si durante años has fumado cada vez que salías a una terraza, tu cerebro ha asociado ese lugar y ese momento al cigarro. Igual que asociamos el cine con palomitas o el café con descanso. Se convierte en una respuesta automática».
«Fumar de forma ocasional no significa que tengas control»
«Ojo, fumar ‘de forma social’ no significa que tengas control. Mucha gente usa la etiqueta de ‘fumador social’ para quitarle hierro al asunto. Como si fumar solo en ciertos momentos fuera menos problemático. Pero lo que importa no es la frecuencia, sino el nivel de control que tienes sobre la conducta. Si cada vez que se dan ciertas circunstancias te resulta muy difícil no fumar, ahí hay una dependencia. No necesariamente física, pero sí psicológica y conductual. No puedes elegir libremente. No estás tomando una decisión consciente. Estás repitiendo un patrón grabado a fuego en tu cerebro», advierte Real sobre casos como el de Rosalía.
Además, «ese tipo de consumo selectivo tiende a expandirse a otros momentos y situaciones. Lo que empieza como algo esporádico (solo fiestas, solo fines de semana, solo con alcohol) va colonizando otros espacios de tu vida. Y muchas veces, sin darte cuenta, ya estás fumando también los jueves, luego entre semana, luego en casa. Es progresivo, y es muy común.
¿Por qué cuesta tanto romper ese patrón?
Dejar de fumar en estos casos no es solo dejar el cigarro. «Es romper con una rutina que incluye elementos sociales, emocionales y ambientales. No se trata de resistir el deseo, sino de cambiar la manera en la que te relacionas con esos contextos», detalla Real, que apunta que el cigarro en estos casos suele tener varias funciones:
- Ritual de entrada (inicio del ocio, de la desconexión).
- Marcador social (acto compartido que facilita la interacción).
- Recompensa emocional («me lo he ganado», «ya puedo relajarme»).
«Si no se identifican estas funciones que cumple el acto de fumar, es muy difícil sustituirlas. Y si no se sustituyen, el hueco que dejan hace que la conducta de fumar vuelva a aparecer. No por falta de fuerza de voluntad, sino porque sigue habiendo un ‘para qué’ una justificación del consumo», añade.
Consejos prácticos para romper el bucle
El psicólogo experto en adicciones Luis Miguel Real propone consejos clave:
- Anticipa el contexto de riesgo. Si sabes que tus ganas de fumar aparecen en terrazas, comidas o fiestas, no llegues sin un plan. Decide de antemano cómo vas a actuar. Lleva algo en las manos (chicle, bebida sin alcohol, lo que sea), sal con gente que no fume, avisa a la gente en voz alta de que no quieres fumar, o cambia directamente de entorno.
- Rompe la rutina, no solo el cigarro. Si siempre fumas después del segundo vino, cambia de bebida o marca un límite. Si fumas con el café de sobremesa, evita ese momento o sustituye por otra cosa (andar, moverte, charlar con otra persona). No basta con «aguanta«” las ganas de fumar. Hay que intentar interrumpir el ritual.
- Dilo en voz alta. No escondas tu decisión de no fumar, no estás cometiendo ningún crimen. Cuanto más en secreto lo mantengas, más fácil será recaer. Si tus amigos saben que estás dejando de fumar, te ofrecerán menos. Y tú tendrás más compromiso con el proceso. La vergüenza de recaer en público muchas veces frena más que la voluntad silenciosa.
- Deja de justificarte. Si cada fin de semana dices «bueno, esta vez sí, pero el lunes lo dejo», estás sosteniendo el patrón con excusas. El cigarro del sábado sigue contando. Y refuerza el hábito de fumar. El próximo fin de semana te costará más decir que no.
«Fumar solo en contextos sociales, como hace Rosalía, no te libra del problema. Es una forma diferente de la misma dependencia. Y muchas veces, más engañosa. Porque te hace pensar que tienes el control, cuando en realidad estás funcionando por inercia y adicción. Y si quieres que el hábito desaparezca, tendrás que hacer algo más que dejar de fumar: tendrás que cambiar lo que haces cuando antes fumabas», sentencia el experto.
