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Fernando Mora, psiquiatra: «Estas son las cinco señales del agotamiento mental y así se puede combatir»

Parecen problemas cotidianos, pero su acumulación acaban pasando más factura de lo que parece cuando se suman

Fernando Mora, psiquiatra: «Estas son las cinco señales del agotamiento mental y así se puede combatir»

Un hombre estresado en el trabajo. | ©Freepik.

Llevas semanas notando que los días se alargan como si alguien hubiera añadido horas extra a cada jornada. El cansancio ya no se limita a las piernas o a la espalda tras una mala noche; ahora se instala en la cabeza, como una niebla persistente. Intentas concentrarte en una tarea sencilla del trabajo y las ideas se escurren antes de tomar forma. En casa, abres el frigorífico y te quedas mirando sin recordar qué habías ido a buscar. Olvidas responder mensajes, aplazas llamadas y tardas diez minutos en decidir qué cenar. Lo que parece torpeza o despiste acumulado tiene, en realidad, un nombre clínico que conviene conocer: agotamiento mental.

Estos pequeños fallos no surgen de la nada ni responden a un mal día aislado. Se van sumando en silencio durante semanas hasta que la mente funciona a medio gas, sin que seas del todo consciente. El cerebro opera como un motor que lleva demasiado tiempo revolucionado y empieza a recalentarse. Si nadie levanta el pie del acelerador, el riesgo de gripar es real. La buena noticia es que el cuerpo avisa mucho antes de llegar a ese punto. Solo hace falta saber leer las señales y actuar a tiempo.

El psiquiatra Fernando Mora lleva años investigando los mecanismos del desgaste emocional. En una entrevista reciente, publicada en su cuenta de Instagram @doctormora_ ha detallado cinco indicadores que delatan el agotamiento mental. Además, ha insistido en la importancia de no normalizar el malestar crónico. A lo largo de este reportaje se desgranan esas señales de alarma y las estrategias para revertirlas. El objetivo es claro: aprender a detectar el problema antes de que condicione la vida diaria.

Los signos del agotamiento mental

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Hay pequeñas señales cotidianas que nos advierten de ese agotamiento mental, tanto en el día a día como en el trabajo. ©Freepik.

La primera señal es tan común que muchas personas la han integrado como parte de su rutina. «La sensación de malestar permanente, vivir acelerados, con angustia… eso puede ser un momento puntual, pero no es normal», advierte Mora. Esa prisa constante por llegar, terminar y responder genera un estado de alerta que el organismo no está diseñado para sostener. El problema aparece cuando esa tensión deja de ser puntual y se convierte en el tono habitual del día. Quien la sufre a menudo la confunde con estrés laboral pasajero. Sin embargo, el matiz es importante: el estrés tiene un inicio y un final; el agotamiento mental, no.

El segundo indicador afecta al momento más revelador de la jornada: el despertar. «Nos levantamos cansados por la mañana, parece que nos falta la energía mental, y eso afecta a la motivación y a la ilusión», explica el psiquiatra. Dormir ocho horas y abrir los ojos sin fuerzas es una contradicción que el cuerpo utiliza como señal de socorro. A ese déficit de energía se suman los trastornos del sueño, que Mora considera «uno de los marcadores más fiables». Despertarse varias veces durante la noche o tardar mucho en conciliar el sueño son avisos claros. Ambos síntomas suelen retroalimentarse y acelerar la espiral del desgaste.

Las tres señales restantes completan un cuadro que afecta al pensamiento y a la capacidad de acción. «Las rumiaciones, esos pensamientos que nos invaden y a los que damos vueltas, generan muchísima angustia y muy poquitas soluciones», señala Mora sobre algo que ya contamos en THE OBJECTIVE. El cerebro queda atrapado en bucles repetitivos que consumen recursos sin producir ningún avance real. La quinta señal es la dificultad para tomar decisiones, incluso las más cotidianas. «Cosas que a lo mejor resolvíamos de forma muy fácil se nos hacen muy grandes», describe el especialista. Cuando varios de estos indicadores coinciden durante semanas, el mensaje es inequívoco: la mente necesita atención urgente.

Cómo combatirlo

El primer paso para frenar el agotamiento mental consiste en aceptar que no se trata de un rasgo de carácter ni de una debilidad. Estas señales no son crónicas ni irreversibles; responden a un desequilibrio que se puede corregir. La psicoterapia ofrece herramientas eficaces para desactivar los patrones de pensamiento que alimentan el desgaste. Técnicas como la reestructuración cognitiva ayudan a identificar las rumiaciones y a cortarlas antes de que se enquisten. Un profesional puede diseñar un plan adaptado a la situación concreta de cada persona. Pedir ayuda no es el último recurso, sino el más inteligente.

Junto a la terapia, los cambios de hábitos desempeñan un papel decisivo en la recuperación. Algunos resultan tan sencillos que cuesta creer su impacto: caminar treinta minutos al día, por ejemplo, libera endorfinas que mejoran el estado de ánimo. La alimentación también influye de forma directa en el rendimiento cerebral. Reducir ultraprocesados y aumentar el consumo de frutas, verduras y pescado azul aporta nutrientes esenciales para la función cognitiva. El descanso merece una mención aparte, porque dormir bien no es solo cuestión de horas. Mantener horarios regulares, evitar las pantallas antes de acostarse y crear un entorno oscuro y silencioso marcan la diferencia.

La salud mental funciona como un engranaje donde cada pieza influye en las demás. Cuando se cuida la alimentación, mejora el sueño; cuando se duerme mejor, aumenta la energía para hacer ejercicio. Ese círculo virtuoso se retroalimenta y eleva el umbral de resistencia frente al estrés. Lo contrario también es cierto: descuidar un solo hábito puede arrastrar al resto hacia abajo y cerrar un círculo vicioso. La clave está en empezar por un cambio pequeño y sostenerlo el tiempo suficiente para notar resultados. No se trata de transformar la vida de golpe, sino de dar pasos firmes que devuelvan al cerebro su equilibrio natural.

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