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Benjamin Franklin, escritor, ya lo advirtió en 1732: «La pereza va tan despacio que la pobreza siempre la alcanza»

Sus palabras resuenan más allá de su tiempo, recordándonos que la prosperidad depende tanto del esfuerzo como de la constancia

Benjamin Franklin, escritor, ya lo advirtió en 1732: «La pereza va tan despacio que la pobreza siempre la alcanza»

Benjamin Franklin | National endowment for the humanities

Benjamin Franklin, una de las figuras más influyentes del siglo XVIII, no solo dejó su huella como político y científico, sino también como escritor y filósofo de la vida cotidiana. Entre sus múltiples aportaciones literarias y consejos prácticos, destaca una frase que sigue vigente hoy: «La pereza va tan despacio que la pobreza siempre la alcanza». Aunque a menudo se le atribuye a Franklin sin mayor precisión, lo cierto es que él la escribió en 1758, en su célebre ensayo The Way to Wealth, conocido en español como El camino a la riqueza o El camino de la fortuna. Esta obra recoge, de manera sistematizada, los aforismos y reflexiones que había publicado durante más de dos décadas en su famoso Poor Richard’s Almanack.

El origen de la frase se remonta a un proyecto que Franklin inició en 1732, cuando comenzó a publicar el Almanaque del pobre Richard bajo el seudónimo de Richard Saunders. Durante 25 años, este almanaque anual se convirtió en una guía indispensable para los colonos americanos, ofreciendo predicciones meteorológicas, observaciones astronómicas y, sobre todo, consejos prácticos para la vida diaria. Lo que diferenciaba a Franklin era su enfoque moralista: no se limitaba a informar sobre el clima o los ciclos agrícolas, sino que insertaba proverbios y máximas destinados a fomentar la disciplina, el ahorro y el trabajo diligente. Cada frase estaba cuidadosamente diseñada para ser memorable y fácil de recordar, uniendo sabiduría práctica con un toque de humor o ironía.

‘The Way to Wealth’: el ensayo que condensó décadas de sabiduría

Tras 25 años de publicación del almanaque, Franklin decidió reunir lo mejor de sus consejos en un solo texto que serviría de prólogo para la edición de 1758. Así nació The Way to Wealth, un ensayo que condensaba décadas de experiencia y observación sobre la economía doméstica, la productividad personal y la conducta ética. En este contexto, la frase sobre la pereza y la pobreza no es un simple dicho: es una advertencia directa sobre las consecuencias de la inacción. En sus palabras originales en inglés, Franklin escribió: Laziness travels so slowly, that Poverty soon overtakes him. La imagen es clara: quien no se esfuerza pospone su destino, pero la pobreza, inexorable, siempre termina alcanzándolo.

El camino a la riqueza

Más allá de la simple admonición, esta frase refleja la filosofía de Franklin sobre la relación entre el esfuerzo y la prosperidad. En The Way to Wealth, cada proverbio tiene un propósito doble: motivar al lector a la acción y reforzar valores como la frugalidad, la disciplina y la previsión. Franklin entendía que la riqueza no era solo una cuestión de fortuna, sino de hábitos diarios y consistentes. La pereza no solo retrasa la productividad, sino que pone en riesgo la seguridad económica a largo plazo, una idea sorprendentemente moderna considerando que Franklin la formuló hace casi tres siglos.

El impacto de estas ideas fue inmediato y duradero. El ensayo se convirtió en un manual de referencia no solo en las colonias americanas, sino también en Europa, donde se tradujo rápidamente. Su tono accesible y sus consejos prácticos atrajeron a lectores de todos los niveles sociales. La frase sobre la pereza y la pobreza, en particular, se ha citado una y otra vez en textos de educación financiera, literatura motivacional y discursos sobre ética laboral, consolidándose como un aforismo universal sobre la importancia de la acción frente a la inercia.

Hoy, en un contexto donde el concepto de productividad se analiza desde múltiples ángulos, la advertencia de Franklin mantiene una vigencia notable. La economía moderna y la vida cotidiana ofrecen innumerables distracciones que pueden fomentar la postergación y la inactividad, pero la máxima del prólogo de 1758 nos recuerda que el tiempo es un recurso limitado y que la acción constante es la clave para evitar la precariedad. En ese sentido, Franklin no solo estaba enseñando sobre finanzas, sino también sobre responsabilidad personal, planificación y la construcción de un futuro sostenible.

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